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¡Zas! Madrid | March 29, 2020

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Ultimátum a los humanos. El coronavirus: una advertencia radical y seria - ¡Zas! Madrid

Ultimátum a los humanos. El coronavirus: una advertencia radical y seria
Pedro Pozas Terrados

El virus, que ha saltado a nuestras vidas por comer carne exótica y por el exterminio de las especies, nos da una nueva lección

Regiones del mundo aisladas en cuarentenas en donde el ejército ha salido a la calle por no dar abasto las fuerzas policiales para contener los aislamientos. Prohibición en China, en donde se originó el virus, de la venta y utilización para consumo de especies exóticas o salvajes. Cierres de colegios, institutos, universidades, teatros, cines, actividades de mayores y otras concentraciones humanas en muchos países, incluyendo España. Consejos para no salir de casa o de viaje a no ser que sea en caso necesario. Las costas mediterráneas sacudidas por un mar embravecido que no ha perdonado en ningún momento que el hombre le haya quitado su espacio. Incendios forestales donde millones de hectáreas han ardido dejando una estampa desoladora en Australia, la cuenca del Congo o en Indonesia. Temperaturas elevadas o bajas por encima y debajo de lo normal. Records de temperaturas jamás registradas. Un millón de especies en el mundo a punto de desaparecer para siempre. Un 3% de la masa global de mamíferos y fauna salvaje, frente a un 60% de animales de granja. Sequías en regiones de África donde la hambruna se ha disparado sin que las noticias se hagan eco de ello. Plagas de la langosta del desierto arrasando los cultivos existentes en Etiopía, Somalia y otros países africanos. Grandes nevadas jamás registradas en Canadá donde han quedado pueblos enteros, literalmente, bajo la nieve. Grandes inundaciones en Reino Unido y en Brasil, donde muchas regiones han quedado aisladas y los muertos se cuentan por decenas. La Antártida llega a superar los 20,70 grados de temperatura, jamás registrada antes, y donde las poblaciones de pingüinos barbije han disminuido en un 77%. Se suspende el Carnaval en Canarias debido a los vientos huracanados de 120 Km/h con una calima que lleva arena del desierto africano y donde durante unos días es considerado el lugar más contaminado del mundo. El índice de la Bolsa baja a extremos insospechados posibilitando una crisis económica mundial. Cientos de países en el mundo comienzan a tomar medidas severas ante el auge de los contagios y las muertes debidas al coronavirus. La histeria colectiva salta a la población civil que hace acopio de víveres esenciales dejando las vitrinas de los supermercados vacías. Los presos de las cárceles italianas se amotinan y en una de ellas hay una fuga de decenas de reclusos. Y podría seguir…

Todos estos escenarios parecen sacados de una película con efectos especiales, en la que los humanos estuvieran en riesgo de ser exterminados por una amenaza exterior que invade su vida y la seguridad de los suyos, hundiendo las economías y poniendo en jaque su subsistencia.

Sin embargo, todas las exposiciones a las que me he referido son ciertas. Todos los hechos relatados son verdad. Están ocurriendo desde que hemos comenzado el nuevo año 2020, todas seguidas. ¿Y por qué de todo ello? ¿Acaso nos hemos puesto a pensar por qué están sucediendo todas estas incidencias graves? ¿Ya nos hemos olvidado del cambio climático y sus consecuencias? ¿Nos hemos olvidado de la extinción de especies y de la destrucción de los ecosistemas de la Tierra? ¿Por qué pasa todo esto?

Como siempre, el ser humano ha estado despreciando la naturaleza desde el comienzo de la revolución industrial, creyendo que sus recursos eran infinitos, sin preocuparse de las consecuencias y haciendo caso omiso de esos hippies como así eran denominados por la clase política y la mayoría de la sociedad a los grupos ecologistas que resurgíamos allá por los años setenta y ochenta y que advertíamos que de seguir al ritmo actual las consecuencias para los humanos serían brutales y llegaríamos al colapso si no se cambiaba el rumbo. Y no, no se cambió el rumbo y como un barco suicida, nuestra sociedad con los ojos cerrados continuó avanzando en línea recta en medio de cientos de icebergs hasta que uno de ellos… ¡Crack! Chocó, llegó el colapso y se abre el abismo de la irresponsabilidad y de las manos a la cabeza. Resulta que aquellos a los que todos señalaban llamándolos locos, antisistema y antisociales, acusándolos de querer volver a las cavernas, tenían razón. Ahora nadie se acuerda de ellos. Ahora llenos de histeria nos echamos las manos a la cabeza sin pensar de donde ha venido todo esto y hacia dónde vamos a continuar y si seremos capaces ahora de pilotar con precisión y sabiduría la última oportunidad que tenemos de rectificar nuestro ya maltrecho rumbo.

Hace solo unos meses, la COP25 que fue noticia mundial al ser su epicentro en España porque resulta que en Chile la sociedad se había levantado por la falta de bienestar de sus ciudadanos y el abuso de los políticos, ya se ha olvidado. Sigue el cambio climático amenazando nuestra existencia y digo bien, nuestra, porque jamás podrá amenazar a la Tierra ya que esta no nos necesita para seguir viviendo.

Ahora, el virus que ha saltado a nuestras vidas por comer carne exótica y por el exterminio de las especies, nos da una nueva lección. Un ultimátum a los humanos. Una advertencia radical y seria. No podemos continuar con el agotamiento de los recursos naturales, no podemos continuar destruyendo los ecosistemas que regulan nuestro planeta porque si seguimos así, ese mismo sistema regulador que nos ha señalado ya como causantes de muchos problemas, nos eliminará sin lugar a dudas. Debemos rectificar en la protección inmediata a nuestro planeta. No sólo con el ya repetido hasta la saciedad del CO2, sino en cientos de otros frentes que hemos abandonado, que no hemos respetado y que somos responsables de su destrucción.

Seguimos teniendo políticos mirando a babor y a estribor en lugar de a la proa, en la dirección hacía donde va el barco sin percatarse de los peligros que tenemos en nuestra trayectoria de navegación. Dan órdenes muchas veces incoherentes, decretos sin sentido y apuestas por energías que parecen ser limpias pero que contaminan y destruyen más de lo que ellos quieren imaginar. Una de ellas me refiero al coche eléctrico en el que España ha apostado en lugar de otras energías alternativas como pueden ser el motor de agua o de hidrógeno. Nos venden el coche eléctrico como energía de cero emisiones, FALSO. Como bien describe Jorge Riechmann, poeta, científico, filósofo y profesor de la universidad Autónoma de Madrid en su nuevo libro Otro fin del mundo es posible, hay un estudio dirigido por Cristoph Buchal (Universidad de Colonia) y publicado por el Instituto Ifo de Munich, en la que aseguran que los vehículos eléctricos como el de Tesla u otros con el mismo sistema de energía tienen emisiones de CO2 significativamente más altas que los coches con motores diesel, ya que para su construcción gasta una importante energía utilizada en la extracción y el procesamiento de litio, cobalto, manganeso y otras materias primas críticas para la producción de automóviles eléctricos y especialmente para sus baterías que además deberán ser repuestas con una frecuencia importante. Sin contar con la destrucción de la tierra para la obtención masiva de los citados minerales. Quien lógicamente saldrá beneficiada de la fabricación de coches eléctricos son las propias empresas eléctricas que seguirán obteniendo beneficios a costa de los que aparentemente es un coche limpio. Ya hay pueblos indígenas que se están levantando porque quieren expropiarles su territorio donde han encontrado algunos de los minerales para la fabricación de baterías.

Dentro de dos décadas dirán —como ha ocurrido con el coche diesel que se vendió en su día como ecológico ante una de las estafas más sangrantes en España— que se equivocaron a la hora de elegir el mejor prototipo de vehículo para los usuarios.

El coronavirus debe ser el último error humano y que los líderes comprendan que un solo virus ha puesto en jaque a la humanidad y todo por la destrucción de nuestra naturaleza, la comida de carne exótica, el tráfico de especies y la destrucción de nuestros ecosistemas mundiales. Si no aprendemos la lección, la próxima ve tal vez no será una advertencia a los humanos, sino un exterminio total a una especie que se cree estar por encima de la propia Tierra.

Al igual que estamos siendo testigos de cómo los gobiernos se lo han tomado en serio y están actuando de una forma rápida, inyectando dinero a la hora de atajar y parar el coronavirus de una manera veloz e instantánea, así tendrían que actuar ante el cambio climático. Los gobiernos han demostrado que cuando quieren hacer las cosas rápido, lo pueden hacer y existen recursos para hacerlo. ¿Por qué no se hace igual con la emergencia del cambio climático? ¿Por qué no llegan a ningún acuerdo nunca? COP26… COP27… ¿Hasta cuándo?

El cambio climático ya está originando millones de muertos por sequía, inundaciones, contaminación de las ciudades, reducción de la salud de las personas y la comida a nivel mundial. Naciones Unidas ha declarado el coronavirus como una pandemia, pero también lleva declarando la emergencia climática desde hace años. ¿Acaso las muertes por la sequía o la contaminación de las ciudades son menos muertes o muertes de segunda que las del coronavirus? Nos enfrentamos a un gran dilema, a una gran decisión que debe de tomar el capitán del barco de la humanidad. Debe reunirse con su equipo de mando y valorar la situación con la que los humanos tratamos a la Tierra y cambiar el rumbo de nuestra propia nave, mirar a la proa para ver cuál es el mejor camino para solventar el colapso que se nos avecina por el cambio climático y la desaparición de especies y ecosistemas.

Se ha decretado el estado de alarma en toda España, al igual que ya ha ocurrido en Italia y China. Nuestra prioridad ahora será gestionar y parar los contagios del coronavirus, reducir las muertes, ser responsables y seguir las indicaciones de las autoridades sanitarias no saliendo de viaje o de casa a no ser que sea indispensable. Pero no debemos olvidar de donde ha salido esta amenaza que nos tiene a todos en vilo. No olvidemos su origen proveniente del exterminio de especies exóticas y en peligro de extinción. No olvidemos que con el cambio climático está pasando igual aunque mucho más silenciado. La Tierra y nuestros ecosistemas son indispensables para la vida de todas las especies del reino animal y vegetal.

Tal vez, el coronavirus sea el último ultimátum a la humanidad. Tal vez la próxima advertencia que la Tierra nos haga sea la del exterminio de nuestra especie por la incapacidad de no saber evolucionar y convivir en simbiosis con el resto de las especies. Los que crean que la selección natural ha sido el factor fundamental de la evolución, que sepan que la Tierra es la más fuerte y tenemos perdida la batalla. Ya lo está demostrando. Y los que crean que la evolución ha sido mucho más compleja que una selección natural en la que las especies han evolucionado por simbiogénesis como lo creo yo, es decir por cooperación mediante fusiones simbióticas, debemos de esforzarnos y seguir esforzándonos para respetar al resto de las especies y los ecosistemas y, por supuesto, a la Naturaleza en todo su esplendor.

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  1. Totalmente de acuerdo!!!

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