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¡Zas! Madrid | December 3, 2022

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'Somnium' o lo que cuentan los cuentos de Manuel Ángel Morales - ¡Zas! Madrid

‘Somnium’ o lo que cuentan los cuentos de Manuel Ángel Morales
Pedro M. Domene
  • On 10 octubre, 2022
  • http://acabodeleerymegusta.blogspot.com/

Somnium resulta una propuesta de sencillez sublime

Cuando al cuento se le llamó “nueva fabulación” es porque sirviéndose de la realidad o del dato histórico se descubre el revés de lo real y lo fantástico, se sigue inexorablemente la estela de la incertidumbre

Los cuentos se convierten en el reverso insospechado de nuestra realidad y, en ocasiones, cuando el escritor ensaya el género se ve obligado a la renuncia expresiva y a la economía de un rico abanico de posibilidades textuales; es más, invierte en el juego de lo invisible para que el lector, en última instancia, desarrolle con su intuición esa dosis de realidad, incluso de fantasía que se le supone en un buen cuento, o a un mejor relato en su desarrollo.

Los relatos que Manuel Ángel Morales reúne en Somnium tienen mucho que ver con esta afirmación, “intensidad y brevedad” porque en todos y cada uno de ellos se formaliza esa sabia mezcla de equilibrio que se produce entre la precisión y la vaguedad, puesto que el escritor forma parte de esa raza de escritores que desde sus inicios como narrador concreta al relato como el auténtico arte de contar, superando en cada momento esa tesitura entre realismo y fantasía, entre formalismo y contenido, es decir, el proceso de escritura puro o la literatura de arte comprometido, porque cuando al cuento se le llamó la “nueva fabulación” en la que sirviéndose de la realidad o del dato histórico se descubre el revés de lo real y lo fantástico, se sigue inexorablemente la estela de la incertidumbre, de la realidad o de la irrealidad.

Una síntesis respecto al acertado sentido de un título, Somnium o sueño, es un término que procede del latín somnus; y una obviedad sería afirmar que, sin duda, los sueños resultan absurdos, o que una vez despiertos debamos considerar que estos se rigen por una lógica distinta, y sin duda alguna por ese motivo durante el sueño vivamos situaciones extraordinarias que nos resultan fantásticas, una mezcla de extravagancia y de normalidad que, una vez considerada, los hace sorprendentes y con suerte se convierten en literatura, porque el acto de dormir, y los sucesos o imágenes que se representan en la fantasía de alguien, mientras duerme, carecen de realidad o fundamento, y, en especial, se convierten en proyectos, deseos, esperanzas sin probabilidad de realizarse, aunque las historias imaginarias que Manuel Ángel Morales ofrece al curioso lector, le obligarán, una vez más, a preguntarse por el lugar que corresponde al espacio de la ficción, inevitable sombra esclarecedora de una realidad que, para los seres humanos, se muestra como ese otro lugar por su visión de auténtica fantasía, hechos y sucesos que, indiscutiblemente, pertenecen al ámbito de la mejor literatura.

El narrador Morales Escudero traslada muchas de sus historias a ese mundo extraño, encuadrado en un marco donde la presencia de la muerte, entre otros elementos, actúa simbólicamente entre dos mundos diferentes, con acciones que se interfieren continuamente, e incluye, además, una “voz” que en ocasiones encierra alguna explicación de las acciones de sus cuentos, se queja de una vida decadente, que reitera, en cierta medida, el concepto de metaliteratura, una característica que se desarrolla en el conjunto de estos cuentos de variada factura y extensión que explicaría esa conciencia explícita del narrador y de sus personajes que, por supuesto, forman parte de una realidad imaginada, dirigida por esa especie de “demiurgo” que ofrece la literatura como auténtica salvación.

La colección
La colección de cuentos, Somnium, descansa sobre una definición de lo fantástico que considera como tales aquellos textos que, ambientados en un mundo cotidiano semejante al del lector, presentan fenómenos, situaciones imposibles que plantean una transgresión de lo real, así el primer cuento, “La apuesta de Lucifer”, el más extenso, y una auténtica declaración de intenciones, es un homenaje a la presencia del diablo en la literatura, tema recurrente y constante, como igual de constante ha sido el terror manifiesto del ser humano a las tinieblas, y todas las historias que se han contado sobre él también propician la propia fascinación que genera el personaje. Todo lo que sabemos del diablo lo hemos ido aprendiendo de historias que nos contaron nuestros mayores o hemos leído, convertido en protagonista principal de la literatura, pero su historia se remonta al origen mismo del mundo, y para el ser humano primitivo, el paso del día a la noche debió ser algo aterrador, con la luz del día vagaba tranquilo, por la noche, bajo las sombras, estaba en constante peligro y lleno de temores y miedos, quizá por esto, en ese duelo entre la luz y las tinieblas dependía la suerte de la humanidad y pronto se relacionó que influenciado por el miedo, el ser humano relacionó la idea del bien con la luz y la del mal con la oscuridad. La historia de Lucifer, bien conocida, es como sigue, el más hermoso de todos los ángeles quiso igualarse con Dios y cometió el pecado del orgullo, fue entonces arrojado a las tinieblas junto a sus seguidores, ángeles rebeldes, donde se convierte en Satán, más tarde el cristianismo le da sentido a la palabra demonio, porque la referencia en el mundo griego, daimon, era de una divinidad como cualquiera, ni buena ni mala, pero al ser incluido en el contexto cristiano la palabra demonio adquiere una significación hostil, y a Lucifer, el portador de luz, esta nueva religión lo consideró el mismo que a Satanás, el diablo o demonio; es decir, un ser sobrenatural que puede influir en las vidas humanas, tema y recurso que Morales Escudero utiliza para contarnos su cuento, o su historia, la nueva diablura o iniquidad que Lucifer propone a sus criaturas, esbirros como Abaddón, causante de guerras y conflictos, Samael, príncipe de los infiernos, serpiente engañosa de afilada lengua, Bacon, demonio de los celos, Belial, experto en robar almas de los viciosos y, finalmente, Lagase, diablo de la hipocresía, y así les encomienda conseguir el número de almas suficientes para derrotar al miserable y a su hijo, a quien llaman, Cristo. Una vez en su presencia, comparte con ellos su plan, organizar una competición, vagarán a la caza de almas y durante un prolongado espacio de tiempo, según Lucifer, le iré arrebatando la mayor cantidad de almas que haya conocido la historia de su venenosa tierra. Para lograr su propósito insta a sus criaturas a utilizar la mentira, la añagaza y la trampa, y donde encuentren paz, deberán convertirlo todo en discordia, donde hubiera amor, que reinara el odio. Y aún añadió que no faltaran robos, crímenes, traiciones, pero, sobre todo, pretendía que sus almas se postraran ante su trono. El relato hilvana así la guerra de Abbadón, o la transformación de Samael en el cuerpo de un pastor, el odioso Bacon capaz de arrebatar el más puro de los sentimientos humanos, el amor, los vicios que Belial había infundido en el alma humana, sobre todo el juego y sus infinitas posibilidades, y el más sutil, el más astuto y precavido de los demonios, Lagase, cuyas presas favoritas se encontraban en aquellos que hacían de la simulación la base de sus vidas: los políticos.

El escritor Manuel Ángel Morales Escudero, autor de Somnium.

Otros cuentos
No menos curiosa,es el resto de la colección, cuando lo sobrenatural, o lo imposible no entra en conflicto con el contexto en el que suceden los hechos, no se produce lo fantástico, y ocurre aquello que se ha dado en llamar literatura maravillosa cuyas historias se desarrollan en lugares donde conviven armónicamente lo real y lo sobrenatural, o lo que el lector no dudaría en calificar de sobrenatural si sucediese en su mundo, como ocurre en “El escritor” y “La maleta”. El mundo construido en los relatos fantásticos siempre ofrece signos que puedan ser interpretados a partir de la experiencia de lo real que tiene el lector, y quizá por ello, la irrupción del fenómeno imposible provoca el extrañamiento de la realidad, que deja de ser costumbrista o familiar y se convierte en algo incomprensible y, como tal, amenazador, ocurre en “La cepa” o “El teatro”. Esta definición justifica que un buen número de relatos que exploran la distorsión de lo real mediante lo absurdo, lo alegórico, lo irónico o lo surrealista, como leemos en “El viajecito” o “Una nube”, pero no plantean esa transgresión ominosa que identifica y distingue al género fantástico. Lo maravilloso, a diferencia de lo fantástico, siempre se ambienta en un espacio inventado, o en un universo paralelo en el que cualquier fenómeno es posible, lo que hace suponer al lector que todo lo que allí sucede es tan normal como natural. En dichos textos, pues, no interviene nuestra idea de realidad, por lo que no se plantea transgresión alguna de esta, y puede ser posible, como en “Marionetas”, El ansia”, “Liberación” o “Diminutos”.

La crítica, en general, sostiene que el microrrelato, los hiperbreves o los microcuentos son, sin lugar a duda, la literatura del futuro, a tenor de las prisas y del escaso tiempo de ocio del que disponemos a diario, pero nada más lejos de esta afirmación o consideraciones al respecto que no benefician a una literatura ensayada por autores como Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca, y antes a buena parte de creadores significativos del siglo XIX. Es indudable que algunos autores de relatos breves o de cuentos en su sentido más estricto, siempre han incluido en sus colecciones relatos de una variada factura que se alejan de esas premisas esgrimidas de prisas o escasez de tiempo, como ocurre en el caso de Morales Escudero que incluye una muestra significativa en este amplio apartado que contiene los cuarenta relatos o cuentos que combina y ajusta en una variada extensión que incluye algunos ejemplos que se acercan a ese concepto esgrimido de microrrelato que José María Merino concreta como un fogonazo de ritmo expositivo que sorprenden por la resolución de los mismos y en ellos, precisamente, se aprecia ese valor anecdótico que el autor otorga a muchas de estas historias, ocurre en algunas que ya hemos apuntado, y además en “Velocidad”, “El teatro”, “La trinchera”, “Madera de olivo”, “Navidad”, “El espectro”, “El náufrago”, “La fiera”, “El incubo”, “La alondra”, “Los cuerpos”, “La señal”, o “La visita”; en realidad, miniaturas, que tienen un hilo común conductor, al margen de su brevedad, la extrañeza de lo cotidiano, el misterio que nos otorga nuestra vida diaria, o esos otros temas que literariamente hablando suelen repetirse como la muerte, el horror, la historia, el sueño, la memoria y esos otros aspectos que asolan a la existencia del ser humano con sus aciertos y equivocaciones. Algunos son un fogonazo de ritmo expositivo que sorprenden por la resolución de los mismos y en ellos, precisamente, se aprecia ese valor anecdótico que el autor otorga a muchas de sus historias que desarrolla en unas líneas y nunca sobrepasa la media página.

Manuel Ángel Morales Escudero, que conoce muy bien el mundo, sabe que lo imprevisible puede encontrarse en todo lo que nos rodea, en los grandes acontecimientos y en las pequeñas cosas cotidianas, o esos sueños que se recogen en algunos de sus cuentos, sin duda los más cercanos en vivencias propias o historias familiares que se traducen en literatura, “Los barcos de papel”, “La casa de Montes”, o “La adopción”, textos que se caracterizan por su brevedad e intensidad, la elusión y su intensidad que convierten al ponferradino en el más absoluto dueño de la palabra, incluido ese concepto de oralidad tan habitual en su territorio, una característica que no excluye el cosmopolitismo y la sensualidad de la mayoría de los textos y así surge la realidad y la ficción en historias fácilmente reconocibles. El resto de historias, “Las voces”, “La conversación”, “La madre”, “Luz en la ventisca”, “El ángel negro” o “Volver” de mayor extensión, de estructura y variada temática, corroboran esa amplitud y profundidad con que se expresa el narrador leonés.

La prosa, precisa, se transmuta, en ocasiones, como si se tratara de otra de sus características a señalar, y es así como Somnium resulta una propuesta de sencillez sublime, en tanto que se consigue percibir la realidad de unas vidas a través de una tendencia realista que incluye lejos de esas actitudes patéticas, un fino humorismo convencional, una ironía calculada y una sátira ejemplificadora como ocurre en “El abordaje”, “El ladrón”, “El final”, “La alondra”, “La llamada”, o “Mataviejas”, donde aborda toda una singular galería humana para hablarnos de un cariñoso trato de vecindad con sus personajes.




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