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¡Zas! Madrid | February 17, 2020

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'Rey de gatos', narraciones antropófagas de Concha Alós, cuarenta años después - ¡Zas! Madrid

‘Rey de gatos’, narraciones antropófagas de Concha Alós, cuarenta años después
Pedro M. Domene
  • On 4 febrero, 2020
  • http://acabodeleerymegusta.blogspot.com/

La colección de cuentos, Rey de gatos, de Concha Alós, acaba de ser reeditada por La Navaja Suiza

Concha Alós fue una conocida novelista que surgió en la década de los sesenta con obras enmarcadas en el realismo imperante, y las secuelas de una larga postguerra que llevaría a los escritores de la época a ajustar, de alguna manera, sus cuentas con la historia

Rey de gatos supuso, de alguna manera, un auténtico reto de superación técnica, temática y estética que se venía proponiendo en la narrativa experimental española desde la aparición de Tiempo de silencio.

Alós publicó Los enanos (1962) y siguió entregando algunas de sus emblemáticas novelas en los años siguientes, Los cien pájaros (1963), Las hogueras, Premio Planeta, 1964, El caballo rojo, 1966, La Madama, 1969, y Os habla Electra, 1975. Toda su producción, a excepción de Os habla Electra, se mueve bajo el signo del neorrealismo y de la novela de testimonio histórico. Los enanos, como anuncia su mismo título, ofrece una curiosa mirada por los humillados, incapaces de ir más allá de sus miserias. El recuerdo de la guerra civil siempre presente, es el argumento explícito en El caballo rojo, y La Madama es, sin duda, su mejor producción, por la manera de enfocar la historia, su mirada por la degradación de una familia en los años de la posguerra, y por el dominio de la técnica con la que se halla escrita; la narradora ha logrado vencer las deficiencias que acusó en la utilización del contrapunto en Las hogueras; y en Os habla Electra ha ensayado la novela utópica y de ficción, sobre el fin de la especie humana.

Concha Alós enmarcada en la década de los años sesenta, cultiva el neorrealismo cuando en la novela española se imponían nuevas tendencias, y solo cuando ya mediaba la década siguiente se incorpora a los cambios en nuestra narrativa. La propia autora valoraba en 1973 su producción con estas palabras: «Hasta el momento mi obra se hubiera podido encasillar, quizás, en lo social-realista, un realismo testimonial, poético y desgarrado». Aunque había nacido en Valencia, en 1926, parte de su infancia transcurrió en Castellón, pero vivió entre Mallorca, donde conoció a Baltasar Porcel con quien mantuvo un largo idilio y posteriormente se casaría, y luego en Barcelona. Había escrito Cuando la luna cambia de color (1958), novela que nunca se publicó, y se consagraría con el Premio Planeta por su obra, Las hogueras (1964). Murió en Barcelona, el 1 de agosto de 2011 en el olvido más absoluto, su última novela, que apareció en Plaza & Janés, fue El asesino de los sueños, en 1986.

La escritora Concha Alós autora del libro de cuentos Rey de gatos.

Su única colección de cuentos, Rey de gatos, la publicaría Barral en 1972, y volvió a editarse en Plaza & Janés en 1979. Recuperada ahora por la madrileña, La Navaja Suiza Editores, 2019, sus textos están al cuidado de Almudena Martínez. Este volumen de cuentos supuso, de alguna manera, un auténtico reto de superación técnica, temática y estética que se venía proponiendo en la narrativa experimental española desde la aparición de Tiempo de silencio (1962), de Luis Martín-Santos, y/o del realismo mágico del otro lado del mar, aunque de alguna manera Alós marcó sus tiempos y eligió, sin influencia de modas ni cánones, cuándo había llegado el momento de hacer hablar a sus protagonistas, y dar el paso a la fantasía, eje central de los relatos de Rey de gatos, provistos de una extraordinaria catarsis emocional y escritos con una prosa de cierta técnica envolvente; en sus páginas, además, conviven fantasmas y diablos ocultos en el subconsciente, tema que proporciona una perspectiva nueva e inquietante de la realidad de sus protagonistas: la mujer, que veremos ahora desde su yo interior, y no desde esa caduca visión inconsciente del pasado.

La narradora experimenta y el mensaje de sus historias se potencia, explora una aguda crítica al patriarcado, las escenas de erotismo se multiplican, se contrasta el pasado con un futuro que no termina de llegar en una España que puede y debe cambiar. Por primera vez, Concha Alós logra que dialoguen las dos personalidades presentes en sus protagonistas, la “bestia” y la “sumisa”, un auténtico avance para que cada mujer lograra ver más allá de su pequeño mundo, y entonces decidir por ella misma si se aventuraba a salir de ese incómodo espacio.

Rey de gatos, que fue escrito entre los años 1969 y 1972, curioso en su planteamiento para la época, pretendía mostrar con su palabra, su firme compromiso con el ser humano, especialmente con la mujer, con la persona emocionalmente desamparada, como evidencian los nueve relatos en los que mostrará otras tantas aristas diferentes del prisma del alma femenina, aunque bajo ese manto mágico que proporciona una imagen onírica, como si de un sueño surrealista y enfermizo se tratara en el que se confunde la realidad y la ficción; en realidad, el ensueño en que se concreta la misma historia. Abundan las alegorías, los mensajes ocultos que, como curiosos lectores debemos descubrir y comparar con nuestro entorno, con nuestra vida cotidiana, con experiencias ya vividas, o incluso observadas sin esa percepción previa. La tensión a que nos somete la narrativa de Alós asoma desde las primeras páginas de “La otra bestia”, y pronto se transforma en tristeza con “Rey de gatos”, nos invade cierto horror en “Cosmo”, y se concreta en un miedo definitorio en “El leproso”, dolor y pérdida en “Los pavos reales”, y en el relato no menos curioso “Mariposas”; bastante cólera o furia contenida en “Sutter’s Gold”, hasta llegar al cenit de la desesperación y la locura con “Paraíso”, para finalmente vengarse de un criminal abstracto y genérico en “La coraza”. Adelantada, técnica y temáticamente, a su tiempo, la narradora Alós nos lleva al centro neurálgico de una nueva visión de la mujer, dejando ver a sus lectores los rincones más oscuros del ser femenino, sus miedos y dependencias, porque la defiende, en otras muchas actitudes, contra la educación recibida que la esclaviza, y la ha llevado, desde siempre, a creerse inferior al hombre; se convierte en ese dedo acusador, y así abogará por la liberación femenina para romper esas cadenas a las que la mujer se sentía atada, quizá por miedo a verse liberada, y no asumir las consecuencias que acarrearía esa libertad.

Esos cuentos nos hablan de los celos asesinos, del dolor de la traición, del abandono y la soledad, temas tabú aún en aquellos tiempos de una España de cierta apertura, y cuando todavía se tenía miedo, se cuantificaba sobre la superstición o la ignorancia con respecto a los embarazos, la menstruación y el parto, y nada sobre el amor esclavo, el sexo adictivo, el sexo prohibido, y sobre todo el sexo lascivo y adúltero.

Concha Alós utiliza un lenguaje duro, cargada de una fuerza expresiva poco frecuente en la época, textos sostenido por ese halo poético que caracteriza a la buena y arriesgada literatura.

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