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¡Zas! Madrid | July 15, 2020

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Existen rasgos más conservadores que progresistas en la educación española - ¡Zas! Madrid

Existen rasgos más conservadores que progresistas en la educación española
Francisco Delgado

La ministra del ramo sigue enzarzada en generar SU propia ley, una más en la historia de España. Por cierto, proyecto de ley que consiste en un burdo refrito de la LOE y de la LOMCE (a su vez, revoltijo de la LOE) y, además, para mayor “cachondeo” se denomina LOMLOE. Mientras que las incertidumbres de cómo terminar este curso y, sobre todo, cómo comenzar el curso 2020-2021 se disparan en el Ministerio, en las Consejerías de Educación, entre las familias y el alumnado, entre el profesorado y entre los agentes sociales de la Comunidad Educativa (AMPAS, sindicatos, etc.).

Desde mucho hace tiempo se viene advirtiendo que tenemos un Sistema Educativo muy débil, fracturado, excesivamente rígido, con menos inversión y gasto por alumno de lo necesario, con unas construcciones escolares que se parecen más a las del siglo XIX que a las del XXI que deberían ser ecológicas, sostenibles, luminosas y flexibles, desde un punto de vista de los espacios.

Además padecemos una galopante privatización y mercantilización del conjunto del sistema educativo, cediendo una parte de la enseñanza a intereses religiosos y privatizando parte de la enseñanza de titularidad pública, cuando se promueven extraescolares y apoyos externos (academias, clases particulares…) que sólo se pueden permitir las clases más favorecidas y en los ámbitos urbanos.

Coexisten, desde la LOGSE, la barbaridad de dos ciclos de educación infantil separados y una FP, cada vez más, en manos privadas, en su parte más atractiva profesionalmente hablando.

Si a todo ello le añades, una muy lenta y errónea digitalización… la segregación, por clases sociales, que desarrolla el sistema educativo español hasta ahora es vergonzoso y altamente conservador, cuando debería ser todo lo contrario, es decir, debería cumplir una función COMPENSADORA de desigualdades.

Pues no, gobernara quien gobernara (al menos, en estas dos décadas del XXI), estaba más preocupado (la/él ministra/o de turno…) en “sacar adelante” (contra viento y marea) una “nueva ley” que en diseñar un sistema educativo compensador de desigualdades y situado, técnicamente, en el siglo XXI. La pandemia ha destapado, de la forma más cruel posible, una situación insostenible.


Por ello, tanto en el Ministerio, como en las Consejerías (cada una de ellas va por su lado) y por parte de los claustros y equipos directivos andan, en una gran parte, absolutamente “perdidos” a día de hoy, cuando faltan tan solo doce semanas (y con un mes de agosto por en medio) para el teórico comienzo de curso 20-21.

Estudios muy recientes han demostrado en diferentes países, incluida España, que los procesos largos de desconexión con el aprendizaje y con la escuela de forma presencial, tiene un efecto más acusado en el deterioro de las habilidades cognitivas en el alumnado de las familias menos acomodadas. Tiene su lógica que va relacionada con el bagaje sociocultural, los espacios exclusivos para el estudio, los apoyos externos (clases particulares)… En esta pandemia, con el cierre de los centros durante cuatro meses, se ha sumado el acceso a Internet débil o inexistente para un porcentaje alto de las familias más desfavorecidas.

En el próximo curso se pretende mantener la distancia social en los centros escolares. En algunos será más fácil, como consecuencia de la menor presión demográfica, pero en otros será prácticamente imposible, salvo que se habiliten más horas abiertas los centros escolares y adaptar, en muchos casos, las horas de la jornada escolar habitual.

Para ello habría que “retocar” al alza las plantillas e incorporar algunas profesiones, además de los y las docentes de apoyo. La solución no es sencilla, pero es preocupante la inacción política y social (en la práctica) ante un problema que se adivina complejo y grave. Una necesaria implicación y generosidad por parte de la comunidad educativa, que sería de desear, no sería suficiente, si el Ministerio y las Consejerías no ponen nada de su parte y, aun peor, si circulan por autopistas equivocadas.

Mientras, la ministra Celaá para justificar SU nueva ley, la define como innovadora en aspectos curriculares cuestión que a día de hoy no es suficiente pero (además, de mantener la religión confesional dentro del horario lectivo obligatorio, como consecuencia de un Concordato con la Santa Sede caduco, que no quieren cancelar) sigue considerando la escuela privada concertada como pública.

Quizá por ello, los 2.000 millones que el Gobierno acaba de habilitar para que se gasten en la Educación las diferentes comunidades autónomas, lo han determinado (erróneamente) como de forma lineal… sin tener en cuenta características de COMPENSACIÓN interterritorial, ruralidad, apoyo preferente a la escuela de titularidad pública, a los sectores más desfavorecidos…, una vez más.

Así que, muy previsiblemente, de esta forma (si no cambia) una buena parte del “pastel” va a ir a parar a la escuela privada dogmática religiosa, es decir, la de los sectores más acomodados, esa que el Estado (a través de la LOE y la LOMCE) se ha empeñado en considerar como pública.

Rasgos, todos estos, más de gobernanzas liberales conservadoras, que de una gobernanza que se autodenomina progresista.

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