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¡Zas! Madrid | October 22, 2021

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Presos, religión e indultos de Semana Santa - ¡Zas! Madrid

Presos, religión e indultos de Semana Santa
Antonio Gómez Movellán

Las religiones suelen estar donde nadie está. Ya no solo es que se cuelan en las almas —muchas veces en contra de la libertad de conciencia— sino que también se cuelan en los cuerpos y particularmente en los más enclaustrados y ocultados para la sociedad. En todas las prisiones del mundo las religiones están muy presentes ya que legiones de imanes, curas, rabinos y pastores pululan por sus pasillos con autorizaciones especiales. En las ochenta y cuatro cárceles de nuestro país (donde están encerrados 60.000 presos), todas las visitas con los presos fueron prohibidas a causa de la pandemia, excepto las vistas de curas y religiosos que siguieron entrando y saliendo y fueron el único vinculo con el exterior (y a pesar de esto las muertes por sobredosis no han parado: ¡alguien debería investigarlo!).

En España hay ciento sesenta y cuatro curas y tres mil voluntarios católicos que entran y salen de las prisiones en una obra supuestamente social. El Estado paga a los capellanes y da cerca de 1.400.000 euros al año a la pastoral de prisiones. Los evangélicos son ciento cuarenta y seis pastores y miles de voluntarios y los Testigos de Jehová tiene también cientos de voluntarios repartidos por las prisiones. Hay también adventistas y otras denominaciones evangélicas como la Iglesia de Filadelfia o sectas-iglesia como Remar. También hay veintiún imanes reconocidos y hasta un rabino.

El sistema penitenciario español —a pesar de lo que se diga— se basa en el control y la vigilancia de las poblaciones reclusas, muy altas en número ya que el Código Penal de 1994 abrió la escotilla al incremento de la población carcelaria planificándose, al tiempo, una gran inversión en nuevos panópticos, a finales del siglo XX. Desde luego, no hay en el horizonte del sistema penal español una idea de subvertir el orden inhumano de la penitenciaría y encaminarse hacia la abolición de la prisión, más bien al contrario. Piénsese que entre los 25.000 funcionarios de prisiones solo el 14% de estos están dedicados al “tratamiento” y el resto a la vigilancia y al control —y en muchísimas ocasiones al maltrato —. Nuestras cárceles están repletas de drogas y dramas humanos que no van a resolverse intramuros. Es, en este contexto, en donde las organizaciones religiosas se introducen en las cárceles. La cárcel, como la marginación, es el sitio ideal para el proselitismo religioso y por eso la pluralidad religiosa en la cárcel es tan profusa; también es el lugar ideal para el desenvolvimiento de las sectas como la española Remar o las organizaciones supuestamente sociales del tipo cuasi aristocrático como las de Horizontes Abiertos, del Padre Garralda. Todo ello forma parte de la cadena de tratamiento. La práctica religiosa en la prisión es un símbolo de adaptación al tratamiento penitenciario y el tercer grado, muchas veces, se cumple fuera en las organizaciones religiosas y en sectas religiosas como Remar. El preso sumiso y adaptado normalmente es un preso religioso y el imán, a veces, es colaborador del CNI. Recogemos aquí la conclusión de un magistral estudio realizado por el profesor Salvador Cutiño Raya: «El tratamiento penitenciario (…) es uno de los medios, tal vez el más efectivo y refinado, para garantizar la disciplina y la vigilancia en las prisiones. El resultado de esta ideología tratamental en las prisiones ha sido la ampliación del poder disciplinar de los encargados de la ejecución penal, la disminución de la resistencia de la población reclusa frente a las malas condiciones, esperando obtener recompensas de su colaboración, y la aceptación oportunista e hipócrita de las normas de régimen interno».


La cárcel, como la marginación, es el sitio ideal para el proselitismo religioso y para el desenvolvimiento de las sectas como Remar o las organizaciones supuestamente sociales como Horizontes Abiertos. Todo ello forma parte de la cadena de tratamiento.


En este sentido, la práctica religiosa y el encuadramiento en las muchísimas organizaciones religiosas que deambulan por las prisiones es un componente más de esta ideología del tratamiento considerado más como una técnica de docilidad y disciplina que como una ayuda para la emancipación personal.

El vergonzoso mantenimiento de la prerrogativa por las cofradías religiosas de indultar a los presos de nuestro país en Semana Santa, además de un insulto a la supuesta aconfesionalidad del Estado, no es más que un reforzamiento del catolicismo entre los presos para que acepten la sumisión y la docilidad ya que se presenta a la cofradía o la hermandad —y por extensión al catolicismo— como una institución con influencia directa y con “mano” en el sistema penitenciario estatal.


El vergonzoso mantenimiento de la prerrogativa por las cofradías religiosas de indultar a los presos en Semana Santa, además de un insulto a la supuesta aconfesionalidad del Estado, no es más que un reforzamiento del catolicismo entre los presos para que acepten la sumisión y la docilidad


En una reciente entrevista que realicé al activista anarquista Amadeus Casellas, con más de 25 años de prisión a sus espaldas (le puedes ayudar aquí), y que actualmente se dedica a la defensa de los derechos de los presos me dijo que, en España, el tratamiento penitenciario se podía resumir en la frase “preso drogado, carcelero descansado”, y que en esa drogadicción también colaboran muchas de las organizaciones religiosas que proliferan en las prisiones de nuestro país, propagando la resignación ante la adversidad, la soledad y la pobreza.



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