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¡Zas! Madrid | November 1, 2020

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Hoteles donde vivir ese viaje constante en la novela de José Luis Muñoz, 'El viaje infinito' - ¡Zas! Madrid

Hoteles donde vivir ese viaje constante en la novela de José Luis Muñoz, ‘El viaje infinito’
Pedro M. Domene
  • On 20 julio, 2020
  • http://acabodeleerymegusta.blogspot.com/

Viajes de ida y vuelta

A lo largo de las páginas de El viaje infinito se percibe ese contraste entre esos dos mundos, bastante opuestos, el de Oriente y el de Occidente

El viaje infinito de José Luis Muñoz ofrece al lector un itinerario que se adentra y recrea las vivencias del narrador, un texto contado en primera persona, cuyos capítulos recrean el ambiente, la vivencia personal, o cuanto se ha vivido entre las paredes de esa habitación, e incluye escenarios tan diferentes como exóticos que se suceden con el paso del tiempo uno tras otro, y desarrollan una trama de una variedad psicológica tan profunda como sorprendente.

El narrador José Luis Muñoz convierte en novela la crónica de un itinerante viaje que su personaje inicia en su infancia y culmina cuando es un escritor adulto, porque la quebradiza salud del niño Roberto Luis se irá curando mientras acompaña a su padre de hotel en hotel, pero cuando Roberto Luis Wilcox es un afamado escritor, tras un sonado primer éxito comercial, abandonará la literatura puesto que la vida transcurre como en una novela, se convierte en ese momento de catarsis espiritual, y si de alguna manera conseguimos deshacernos de nuestros fantasmas y alcanzamos a entrever los complejos entresijos del alma humana en los lugares más insospechados, entonces la imaginación despertará milagrosamente de un letargo, se mostrará de una manera convulsa y desatada, frenética en ocasiones, rememorando, cafés, trenes, barcos, espacios abiertos y cerrados, o en ese ejemplo de la mejor pulsión narrativa, en hoteles, que se convierten en lugares repletos de vivencias y de aventuras, sustituyen a hogares reales o de ficción, y han visto nacer entre sus paredes algunas de las páginas más brillantes, divertidas, interesantes, entretenidas y estremecedoras de la literatura universal.

El escritor José Luis Muñoz, autor de la novela El viaje infinito.

Metáforas del viaje
El viaje infinito de José Luis Muñoz cuenta las tribulaciones de un viajero cuyo nombre viene a determinar, en cierto sentido, las circunstancias de su existencia misma, y si se parece a Robert Louis Stevenson es porque, como él, afirma se convertirá en ese eterno viajero que cuenta historias y de alguna manera le servirá de modelo para que el joven Roberto Luis alimente una desbocada pasión por conocer el mundo, e incluso visitar los míticos mares del sur. Este singular viaje puede entenderse, después de una amplia propuesta narrativa, como esa experiencia vital que atesora el salmantino, su conocimiento profundo y personal de las pasiones, los sentimientos y los intereses que mueven este complejo mundo, y así el libro ofrece al lector un itinerario que se adentra y recrea las vivencias del narrador, un texto contado en primera persona, cuyos capítulos, además del nombre del hotel o pensión, recrean el ambiente, la vivencia personal, o cuanto se ha vivido entre las paredes de esa habitación, e incluye escenarios tan diferentes como exóticos que se suceden con el paso del tiempo uno tras otro, y desarrollan una trama de una variedad psicológica tan profunda como sorprendente puesto que la dilatada vida y las andanzas del protagonista mostrarán ese permanente contraste y manifestación con el vacío mismo, y un cierto hedonismo que identificaría cualquier actitud con el placer o ese bienestar humano que se aleja de una superficialidad donde la belleza y el sexo tienen su espacio, y un auténtico protagonismo.

Bajo un cielo protector
Roberto Luis Wilcox irá contando cada uno de sus triunfos y de sus fracasos, el sabor de cierta egolatría, de la autocomplacencia y la soberbia con el cinismo como inseparable compañero de viaje, junto a la miseria, el pesimismo y ese concepto negativo que comportan tanto la decepción como el desencanto. En realidad, José Luis Muñoz nos emplaza a un recorrido desde una perspectiva tan desconocida como secreta, un manifiesto comienzo bastante dilatado que evidencia un desastroso final. Un viaje, un largo recorrido con las paradas habituales de toda una vida, estaciones que denominamos intermedias, henchidas, año tras año, de representaciones, de imágenes coloreadas, y recorriendo hoteles donde descansar, escenarios de lujo y de paisajes elíseos, que conforman algunos oasis de los triunfos y de los placeres vividos, aventuras que se superan la posterior, suma de esa catarsis que inefablemente conducirá al triunfo de un infortunio.

A lo largo de las páginas de El viaje infinito, al hilo de las pormenorizadas descripciones de aventuras sexuales y de conquistas del amante Wilcox, se percibe ese contraste entre esos dos mundos, bastante opuestos, el de Oriente y el de Occidente, y se añade el papel que juega esa falsa realidad con sus matices, tanto positivos como negativos. La presencia en la sombra de Robert Louis Stevenson refleja a la perfección ese espejismo y quimera de virginidad y de pureza de lo oriental que la propia novela va desentrañando poco a poco, una visión sustituida por el dominio y la sumisión que hay detrás del dinero, como universal y verdadera fuente de poder y dominio por encima de las coloreadas postales, los lujos y excentricidades de un exotismo malsano.

Nostalgia de otro tiempo
Los viajes constituyen ese particular leitmotiv, y supone el eje de casi todas las vivencias del narrador, y al mismo tiempo la literatura complementa la historia, porque la literatura es otra forma válida de contar la vida, o de vivir los viajes de los demás, esos viajes de ida y vuelta donde cada una de las vivencias pueden funcionar perfectamente como ejemplo de otros muchos, o quizá como complemento perfecto a una existencia. La vida de Roberto Luis Wilcox irá haciendo escala en los hoteles donde tras cada jornada, con mayor o menor fortuna, va al encuentro del descanso, la reflexión o el placer. Los hoteles, de una utilidad casi vulgar, se convierten en esos lugares idóneos donde abandonar los miedos y las carencias, o vivir los sueños y las incertidumbres que definen la vida de cualquiera. La soledad del hotel se convierte en ese territorio ajeno, extraño, impersonal, en el que nos movemos y nunca se convierte en propio porque siempre extraño.

La originalidad de la propuesta patentiza las etapas de la vida del protagonista, a las que el lector irá accediendo a través de una carta, un recuerdo, una llamada de teléfono, una reflexión, la ardiente conversación de dos amantes, porque, en definitiva, El viaje infinito resulta una novela plagada de sugerencias, de momentos sutiles, de frases apenas dichas que sin embargo contienen la esencia de esa vida que nos cuenta José Luis Muñoz, y de alguna manera invita al lector a realizar su propio viaje a través de las páginas que ha leído, una aventura tan real como imaginativa para dar rienda suelta a nuestros deseos o veleidades.

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