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¡Zas! Madrid | June 26, 2019

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Los valores humanos en la novela 'Las ratas del Titanic', de Pedro M. Domene - ¡Zas! Madrid

Los valores humanos en la novela ‘Las ratas del Titanic’, de Pedro M. Domene

Que un libro de narrativa infantil y juvenil alcance su segunda edición en una nueva editorial es circunstancia que no debería pasar por alto. Tal ha ocurrido con Las ratas del Titanic, cuya primera edición se llevó a cabo en EDA Libros y en su segunda edición aparece en Toromítico, del grupo Almuzara. Soy de los que piensan que escribir poesía o relatos para niños es tarea difícil, porque ellos saben muy bien lo que les gusta y lo que no. Y así lo manifiestan espontáneamente. A juzgar por cómo está siendo recibida esta novela, tan demandada por profesores y alumnos de muchos colegios, podríamos afirmar que el escritor Pedro M. Domene ha acertado plenamente con el tema y la forma. Domene, que es sin duda uno de los mejores, más cualificados y considerados críticos literarios andaluces, ha publicado anteriormente otras novelas cuyos títulos son: Después de Praga nada fue igual, Conexión Helsinki y El secreto de las beguinas; y posee, además, una abundante bibliografía de ediciones críticas y ensayos sobre narrativa española y universal.

Las ratas del Titanic es una novela escrita con inteligencia y buen gusto. Cierto que no es la primera vez en que un escritor personaliza a animales y los humaniza (ahí están los claros ejemplos de los fabulistas Esopo, Iriarte, Samaniego, etc., para demostrarlo; o ejemplos tan preclaros como el de Cervantes, autor de El coloquio de los perros, una de sus Novelas Ejemplares). Un poco más difícil, quizá, lo tenía Pedro M. Domene con las ratas, por ser estas animales que suscitan comúnmente el rechazo y la aversión de los seres humanos. Mas, he aquí que el autor sabe volcar sobre ellas tal carga de cualidades humanas, como el valor o la valentía, el coraje, la reflexión y el análisis, la argumentación lógica, el sentido común, el amor, la ternura, la inocencia, la resolución de conflictos, la decisión… y tantas otras que la lista se haría interminable.

A menudo, solemos exigir a los libros que sean depositarios de valores humanos que los niños sean capaces de asimilar y trasmitir. Porque el pequeño lector ha de disfrutar, sin duda, con la lectura, pero el escritor sagaz sabrá edulcorar la cucharada de medicina con otros sabores que la hagan más apetecible. Y así ocurre con Las ratas del Titanic, donde valores como la generosidad, la solidaridad, el altruismo, la capacidad de servicio y de sacrificio, la búsqueda del bien común, el sentido del deber y de la responsabilidad se hacen bien patentes y con tal grado de evidencia que difícilmente pueden pasar inadvertidos para lectores tan avisados. No debe pasar tampoco inadvertido el que los personajes humanizados que viajan como polizones a bordo del Titanic abandonan su tierra en busca de una vida mejor en América; es decir, se trata de emigrantes, con lo cual la narración nos alerta de un tema de candente actualidad que bien merece ponerse de manifiesto.

Mención especial merece, a mi juicio, la calidad de las ilustraciones, que corren a cargo de Ernesto Lovera. Todo un acierto, sin duda. Realizadas con verdadera maestría y oportunidad, esparcidas por la narración no de forma gratuita, sino calculada y multiformemente, contribuyen a dotar de gran amenidad el relato, ya de por sí ágil y ameno. Esas ilustraciones no restan un ápice a la imaginación infantil, sino que la proyectan y la concretizan dando forma y visión cinematográfica a la historia, que en no pocas ocasiones muestra semejanzas o concomitancias con la conocida película de James Cameron. Los ratunos personajes se convierten así en agudos observadores de la vida de los humanos, que realizan la travesía en tan lujoso trasatlántico. A través de los ojos de tan mínimos personajes observan también las pupilas sorprendidas de los niños que se abren desorbitadamente ante los sucesos de la historia y al hilo de la narración. Las ratas del relato se convierten en los héroes de tan trepidante relato y así aparecerán ante los ojos asombrados que los siguen por los recovecos en donde se ocultan de los humanos y están al tanto de sus acciones y preocupaciones.

Pedro M. Domene ha sabido crear una historia capaz de suscitar la curiosidad de los lectores más jóvenes y llevar a ella el candor, la inocencia y ternura que requiere. El ritmo narrativo es el adecuado, pues mantiene el interés del lector y se acrecienta en llegando el accidente del trasatlántico hasta hacerse vertiginoso, tal que si nos ponemos en la piel del joven lector, pudiéramos advertir su respiración entrecortada y su ansiedad por llegar al desenlace feliz que aguarda en su narración. Porque bien merece ese avezado público lector un gozoso final para una historia tan desafortunada, cuyos aspectos más dramáticos no son ocultados, aunque sí son tratados con tal delicadeza que quedan, quizá, suavizados con sensibilidad y acierto.

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