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¡Zas! Madrid | May 21, 2019

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Los transgénicos avanzan en España arrasando las tierras y dañando la salud - ¡Zas! Madrid

Los transgénicos avanzan en España arrasando las tierras y dañando la salud
Emilia Lanzas

El desarrollo de enfermedades, la toxicidad de nuestras aguas y tierras, la deforestación, la contribución al cambio climático… Son algunas de las consecuencias negativas del uso de la agricultura industrial y los transgénicos.

 La agricultura industrial se caracteriza por ser un modelo destructivo que consume muchas cantidades de agua y petróleo; está asociado a la deforestación de ecosistemas; utiliza productos químicos (fertilizantes y plaguicidas) que provocan enfermedades y emisiones de gases de efecto invernadero como el N20 (óxido nitroso); además de perjudicar a los pequeños agricultores y productores al concentrar el control y el beneficio de la agricultura en manos de las multinacionales. A los transgénicos también se les conoce como Organismos Modificados Genéticamente (OMGs), y son seres vivos nuevos que no existían antes en la naturaleza y que han sido creados en el laboratorio manipulando sus genes. Cada vez más datos científicos confirman los riesgos que suponen para la salud y el medio ambiente.

 

España es el principal país de la Unión Europea que apuesta por estos cultivos, y más del 67% de los ensayos experimentales se realizan en nuestros campos; ante la apuesta mayoritaria de otros países por la agricultura ecológica (un modelo basado en una gestión sana de los recursos locales que beneficia a productores y consumidores).

 

España a la cabeza de la producción España, donde se cultiva una variedad de maíz modificada genéticamente desde 2003, está a la cabeza de Europa en este tipo de plantaciones. A gran distancia se sitúa Portugal, con cerca de 8.500 hectáreas cultivadas de esta variedad modificada. Luego, con extensiones mucho menores, vendrían República Checa, Rumanía y Eslovaquia. Dentro de España, la distribución es bastante desigual y se centra en el valle del Ebro y algunas zonas de Extremadura y Andalucía. El destino de este maíz es la producción de piensos, aunque la autorización europea, que data de 1998, incluye también el consumo humano.

 

Monsanto se apropia del campo español La multinacional estadounidense Monsanto se está adueñando del la agricultura española. En 55 hectáreas —de las que la mitad corresponden a invernaderos— repartidas entre La Mojonera, El Ejido y Cuevas de los Úbedas (las tres en Almería) y Miranda (Murcia), medio centenar de investigadores y una veintena de técnicos de Mosanto desarrollan nuevas variedades de transgénicos. En cultivos protegidos —es decir, que crecen en invernadero— Monsanto tiene en marcha un total de trece programas de manipulación genética, entre los que destacan los proyectos en tomates, pepinos, pimientos, melón, berenjena y calabacín. Entre los cultivos al aire libre que investiga la multinacional estadounidense destacan el melón, la lechuga, la cebolla, la sandía, la zanahoria, la espinaca, el puerro y la judía verde.


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Los transgénicos son un riesgo para la salud Está comprobado que los transgénicos son un riesgo importante para la salud de las personas: potencialmente pueden suponer nuevas alergias, aparición de nuevos tóxicos, disminución en la capacidad de fertilidad, contaminación de alimentos, problemas en órganos internos, etc.,  con efectos inesperados e impredecibles derivados de estas técnicas de ingeniería genética.

 

La industria biotecnológica se ha negado a hacer pública la información vital que demuestra los problemas para la salud humana por el consumo de alimentos transgénicos. Distintos científicos han revelado que Monsanto omitió reportar efectos negativos serios, como los signos de toxicidad en los órganos internos de las ratas, con las que experimentan.

 

El doctor Gilles-Eric Séralini, catedrático de Biología Molecular y experto de la Comisión Europea en transgénicos, ha declarado que estos “son tóxicos para la salud humana”  y que sus consecuencias se verán a largo plazo, “en general, impiden que los órganos y las células funcionen bien”. La solución sería no consumirlos. El problema está que en Espña la normativa deja fuera de la obligatoriedad del etiquetado aproximadamente al 90% de los alimentos comerciales que contienen OMGs o componentes de OMGs. Por lo que no hay otra solución que no consumir los productos que se sepan provienen de cultivos transgénicos, además de apostar por la agricultura ecológica.


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