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¡Zas! Madrid | November 28, 2021

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Los gobiernos son los responsables del cambio climático. El fracaso de la COP26 - ¡Zas! Madrid

Los gobiernos son los  responsables del cambio climático. El fracaso de la COP26
Pedro Pozas Terrados

Los datos demoledores del Informe elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)

En los próximos 30 años, según el IPCC, se agravará la escasez de agua, la malnutrición y la extinción de especies. El cambio climático alterará de forma dramática e irreversible la vida en la Tierra

La COP26, la Cumbre Internacional sobre el Cambio Climático, celebrada en Glasgow, es para unos la cumbre de la esperanza, pero para otros —entre los que me incluyo— es el engaño del mañana. ¿Cuántas cumbres COP se necesitan para cambiar nuestro modo de vida hacia una sostenibilidad planetaria? ¿Cuántas décadas se necesitan para tomar medidas efectivas que alteren nuestro modo de vida, pero no al bienestar? ¿Cuántas promesas incumplidas han quedado en el camino y que solo fueron noticia un día, para lavar la imagen de gobiernos y multinacionales.

Continuamente los gobiernos vuelcan la culpa del cambio climático al ciudadano y no a sus gestiones. Ahí radica la gran estrategia de cara a la sociedad: el lavado de manos de quienes asisten a cumbres de medioambiente con soluciones no efectivas y encaminadas siempre al consumidor y al sacrificio del mismo. Pero callan a la hora de tomar medidas en contra de las multinacionales, las empresas de reciclaje, las fábricas, el consumo excesivo de carne, la minería, el abuso de la pesca, la deforestación, el impacto de los aviones al efecto invernadero, el no apostar por energías renovables (sobre todo por la solar), las miles de empresas químicas y la contaminación de las ciudades.

Miles de personas en todo el mundo han exigido una acción rápida y real frente al cambio climático. (Protesta en Madrid, Puerta del Sol, el 15 de marzo de 2019. Fotografía: Pedro Pozas).

Muchos episodios graves han salido a la luz pública en estos días, aunque se haya intentado ocultarlos. Uno de los más relevantes, aunque no el más indignante, ha sido la filtración del Informe elaborado por el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), que será presentado en 2022. Una filtración que ha sido voluntaria para que los gobiernos, presionados y subordinados por la industria del combustible fósil y otras, no puedan modificarlo (como sí ha ocurrido en otras ocasiones). El informe que cientos de científicos han elaborado y, que ahora se somete a revisión por parte de los diferentes actores del cambio climático, es estremecedor.


En los próximos 30 años, según el IPCC, se agravará la escasez de agua, la malnutrición y la extinción de especies. El cambio climático alterará de forma dramática e irreversible la vida en la Tierra.

Lo que es tristemente cierto y penoso, es que el informe antes de ser público, debe estar avalado por los 195 Estados miembros del IPCC. ¿Puede ser esto posible? ¿Es que las conclusiones de los científicos e investigadores no sirven para nada? ¿Por qué los políticos, que en su mayoría ignoran los estudios basados en la ciencia, tienen que decidir si un informe sale de una forma o de otra? ¿Quieren acaparar también políticamente la ciencia? Eso parece, y de ahí la filtración del Informe para que los ciudadanos sepan cuál han sido las conclusiones reales del mismo, y no las que salgan tras la criba de la versión política.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) avisa que lo peor está por llegar y afectará mucho más a la vida de nuestros hijos y nietos que a la nuestra. En 2050 centenares de millones de habitantes de las ciudades costeras, serán amenazados por inundaciones frecuentes. Ya es demasiado tarde para salvar algunos animales y plantas. Los animales del Ártico podrían desaparecer. El mundo no está preparado para hacer frente a los futuros riesgos climáticos. Trescientos cincuenta millones de humanos sufrirán escasez de agua.


El IPCC deja bien claro un mensaje que debería de estar en la reflexión de todos los ciudadanos pero sobre todo de los políticos: para evitar un caos climático que lleve a la extinción de nuestra especie, resulta imprescindible abandonar el sistema socioeconómico actual que obliga a la economía a crecer continuamente. Con palabras claras: el fin del capitalismo.


Con ello no se quiere decir que la sociedad tenga que volverse austera perdiendo el bienestar social, sino que la economía tiene que reconvertirse urgentemente dentro de una sostenibilidad y equilibrio necesarios para la conservación de nuestra biodiversidad y ecosistemas. Las multinacionales y muchas grandes empresas son las responsables de este ecocidio que se convierte en un genocidio planetario de nuestra propia especie.

Como bien anuncian los filtradores del Informe del IPCC, los verdadero extremistas son los que ostentan el poder, quienes guiados por el “culto a la muerte” de la economía neoliberal: «Arrasarán la Tierra hasta que no sea más que fuego y cenizas, a no ser que los detengamos».

Más claro no se puede decir. Los medios de comunicación deben de ponerse al lado de la sociedad civil y denunciar una y otra vez los grandes acuerdos existentes entre gobiernos y multinacionales para seguir como hasta ahora.

Pero, para que veamos esa falsedad, nuestros gobernantes -disfrazados de ecológicos ante la sociedad- planean seguir produciendo combustibles fósiles en grandes cantidades en contra del Acuerdo de París, según ha denunciado el propio Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). El PNUMA detalla los planes y proyecciones de producción de los gobiernos que supondría un 240% más de carbón, un 57% más de petróleo y un 71% más de gas. ¿Pueden tener la suficiente honradez de anunciarnos que están trabajando para controlar el cambio climático? Después nos dicen que somos los ciudadanos los que tiramos el plástico al mar. ¿Cómo puede ser que un plástico usado y tirado en un contenedor amarillo en Madrid pueda llegar al mar? Que alguien me lo explique y que no me digan que por los ríos o las cloacas. Es un fallo gravísimo de los políticos por no controlar las plantas de reciclaje (que, por cierto y sospechosamente, sufren continuos incendios…).

Pero hay más, se han filtrado también más de 32.000 mensajes en los que se recogen argumentos esgrimidos tanto por gobiernos como por empresas en contra de algunas partes del Informe del IPCC elaborado y lo recalco, por cientos de científicos, rechazando las recomendaciones de acción de la ONU para cambiar de esta forma el contenido del IPCC filtrado.

La mayor multa de la historia de la Unión Europea a España, sigue creciendo. Ya van 53,4 millones de euros por la gestión de aguas residuales en nueve aglomeraciones urbanas. Y les da lo mismo. Sigue el Gobierno español sin arreglar las depuradoras. Por cada seis meses que no lo hacen, aumenta en 10 millones de euros la sanción. ¿Se puede permitir tan tamaño robo a los ciudadanos? ¿Por qué tenemos que pagar nosotros la multa cuando existe una total despreocupación por solucionar el problema? Acaso la apropiación de dinero público por dejación de sus funciones, ¿no es prevaricación? ¿Por qué se lo permitimos? ¿Por qué no son denunciados? Es patético e inadmisible.

El profesor Petteri Taalas, Secretario General de la OMM, ha declarado que «debenos transformar nuestros sistemas industriales, energéticos y el transporte y todo nuestro estilo de vida. Los cambios necesarios son asequibles desde el punto de vista económico y viable en el plano técnico. No hay tiempo que perder».

Uno de los increíbles y maravillosos compromisos a los que ha llegado la COP26, con el apoyo de más de cien líderes globales consiste en el compromiso PARA el 2030 de acabar con la deforestación y ochenta países se han comprometido en reducir en un 30% el gas metano para el mismo año. ¿Acaso nos quieren tomar por ignorantes y aplaudir una decisión que es macabra e inaceptable? Acabar la deforestación “para dentro de una década”… ¿Por qué no mañana mismo? Dentro de una década ya muchas zonas se habrán deforestado y con ello el aumento del CO2 que retiene los árboles.


Y me sumo a la advertencia del Secretario de Naciones Unidas, António Guterres: «Es hora de decir basta. Basta de maltratar la biodiversidad. Basta de matarnos a nosotros mismos con el carbono. Basta de tratar la naturaleza como un retrete. Basta de quemas, perforaciones y minas cada vez más profundas. Estamos cavando nuestra propia tumba».


La COP26 será todo un fracaso, como lo fueron las anteriores 25 y las que vengan. No hay voluntad política para cambiar. Dejamos pasar el tiempo y ellos van a ser cómplices autores del asesinato de millones de personas a causa del cambio climático. Con la COVID-19 al día siguiente se tomaron medidas mundiales. Pero el cambio climático que llevará a miles de millones de personas al sufrimiento y muchas de ellas a la muerte, no les interesa. No les quita el sueño, tal vez porque no tienen conciencia de lo que es la biodiversidad de nuestro planeta y sus mentes seguirán atrofiadas atrapadas en el poder económico y en sus propias ambiciones. Nos dirán que se habrán firmado buenos acuerdos como el de la deforestación, se darán las manos y se dirán hasta el próximo año a ver cómo nos divertimos a costa de la sociedad civil mundial. Papeles y compromisos mojados como han quedado muchos otros.

Los primeros que tienen que cambiar, porque son ellos los que tienen que legislar, son los políticos. Les pagamos para que cumplan con su trabajo, no para criminalizar a la sociedad. Ellos son los responsables del cambio climático como ya hemos visto, los que no cumplen con su cometido, los que se dejan llevar por el poder económico olvidando al pueblo tras ocupar sus sillones. Tienen el sistema bien montado y protegido. Se han encargado muy bien de ello. Bien es verdad que algunos se salvan, pero la mayoría ocultan las pocas resistencias que quedan.

Hay esperanza, sí. Pero cada día se agota el desglose de los pétalos de la margarita que van cayendo sin remedio al suelo agrietado. Puede que tengamos un poquito de culpa en todo este conglomerado de factores que engloba el cambio climático, pero el peso de la responsabilidad es de quien nos gobierna y estos no deben criminalizar al ciudadano sino a las propias gestiones de sus cargos públicos.

Se vive de espaldas a la naturaleza y, de esta forma, no podemos continuar evolucionando. Abramos los ojos hacia el arcoíris de la vida y exijamos a quienes tienen el poder en sus manos que se deben al amor de su pueblo y no al negocio de sus sillones.




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