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«Yoro», pese a describir el horror de Hiroshima, es un firme alegato a favor de la vida - ¡Zas! Madrid

«Yoro», pese a describir el horror de Hiroshima, es un firme alegato a favor de la vida
Pedro M. Domene
  • On 29 noviembre, 2015
  • http://acabodeleerymegusta.blogspot.com/

Marina Perezagua publica su primera novela, Yoro (2015), tras las colecciones de cuentos, Criaturas abisales y Leche

A la protagonista de Yoro (20015) la novela de Marina Perezagua (Sevilla, 1978) pretendieron quitarle todo un 6 de agosto de 1945, un bombardero B 29 hizo caer una bomba sobre Hiroshima. Se hace llamar H, por el nombre de la ciudad pero también porque le han dicho que en algunas lenguas la h es muda. Desde las primeras páginas, el relato se convierte en el extenso y doloroso testimonio de la narradora, la confesión que hace dirigida a un Señor, que la juzgará por unos delitos cometidos, de los que no se arrepiente; la lúcida confesión de una mujer que, frente a todo pronóstico, sobrevivió a la terrible y hasta entonces desconocida capacidad de destrucción de la bomba termonuclear que portaba el Enola Gay, y que provocaría la muerte a la mayor parte de la población civil; el resto fue muriendo en las semanas y años siguientes debido a las quemaduras, y quien se salvó sufrió los numerosos e imprevisibles efectos secundarios a largo plazo de la radiactividad.

 

 

 

Yoro-Redimensionado

En su confesión la narradora desarrolla la idea de que en Hiroshima las cosas no desaparecieron del todo con la explosión, sino que dejaron unos contornos llenos de vacío, y afirma que si la radiación atravesaba a una persona la superficie que esta ocupaba  en ese momento quedaba recortada en su entorno: una madre que creyó reconocer la sombra de su hija en una pared de la escuela, la estuvo protegiendo durante meses del viento y de la lluvia para impedir que se desdibujara el claroscuro que le recordaba la última postura de esta niña. El trágico suceso será una presencia continua, y redundante en la novela.

En el horror puede haber armonía

Marina Perezgua intercala en su texto relatos y descripciones directamente espeluznantes y, con una prosa de una excesiva delicadeza y precisión, consigue que esta babel de relatos se configure como imágenes de gran belleza. Los ejemplos del horror se suceden en la páginas de Yoro, un horror para nada gratuito que Marina Perezagua confiesa por boca de su narradora, como el trato inhumano dispensado a unos prisioneros de guerra estadounidenses que durante la II Guerra Mundial eran traslados en la bodega de un trasatlántico japonés, las estremecedoras condiciones de vida actuales en las minas a cielo abierto en África, a donde acudirá H en busca de una hija perdida, o las continuas agresiones que sufren la mujeres de cualquier continente y época, con o sin la excusa de la guerra. El lector, en medio de tanta barbarie descrita, y aunque el tema recurrente vuelva una y otra vez al trágico suceso de Hiroshima, es capaz de retener las numerosas imágenes descritas sobre la presencia de personas y de cosas que parecen haber desaparecido ya para siempre, y que sabiamente nos remiten a la China milenaria en su filosófica visión acerca de ese:

“Vacío que todo lo puede, porque lo contiene todo”.

Y es así como el vacío en Yoro se convierte en el protagonista absoluto siempre y cuando pensemos que ese vacío lo contiene todo. Solo así será fácil buscar la visibilidad del universo descrito a partir de esa doble imagen que ofrece la narradora: Yoro, personaje, como la presencia de una ausente, y su permanente búsqueda, y la justificación de H, haciendo visible el vacío que lo contiene todo. No hay que olvidar que H es una mujer que lo perdió todo en la adolescencia, empezando por su sexo, y que desde entonces su vida ha sido una lucha continua con ayuda del bisturí para llegar a ser lo que podría haber sido y no es; Yoro es la constatación de una hija, la que nunca tuvo y aunque tampoco lo era de, Jim, su pareja, y a lo largo de las páginas acaba considerándola mucho más suya de lo que ella nunca podría sospechar; convertida en esa imagen que se desdobla, porque como ella, Yoro, es un ser maldito y condenado desde su misma concepción a tener su destino en manos de los demás.

Novela de lectura sugestiva

Yoro está repleta de matices que obligan al lector a realizar un esfuerzo tan inteligente como atento, a vislumbrar más allá de lo escrito y narrado, de lo que se describe porque pese a sus horrores, que son abundantes y monstruosos, el relato de Marina Perezagua se convierte en un curioso y no menos firme alegato a favor de la vida, la de millares y millones, en un mundo asolado por la violencia y que, tal vez, solo por la literatura consiga regenerarse.



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