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¡Zas! Madrid | December 14, 2018

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La demolición del Valle de los Caídos y el catolicismo ultramontano de su escolanía - ¡Zas! Madrid

Antonio Gómez Movellán

El monumento nacional católico del Valle de los Caídos y la “madrasa” de voces blancas

Menos conocido que la existencia, en la abadía benedictina del Valle de los Caídos, de los restos del General Franco bajo una lápida de 1.200 kilos, es la existencia de una escolanía de niños dedicada al canto gregoriano. Entre treinta y cincuenta niños de 8 a 16 años viven en esa abadía educándose al margen de la sociedad y siendo adoctrinados en un conservadurismo clerical propio de otros siglos.

Se les adoctrina en contra de la sociedad moderna y se les impone un catolicismo ultramontano que, para muchos, moldeará su conciencia para siempre, y unos pocos acabarán como monjes en la orden benedictina. Algunos que han pasado por allí han explicado, que la educación musical era muy buena, y que no les ha afectado tanto el siniestro espacio, ya que «uno no es consciente de lugar donde está». Otros, todavía tienen pesadillas.

El catolicismo siempre ha tenido predilección por los menores y los niños y tienen espacios reservados para el adoctrinamiento desde muy temprano: guarderías, colegios, seminarios menores, clubs de boy scouts, etc… Estos niños del colegio-escolanía, la mayoría españoles, son dejados voluntariamente por unos padres que suelen tener fuertes convicciones católicas, pero también los hay provenientes de familias numerosas con muy pocos recursos.

Los estudios están reconocidos por la Comunidad de Madrid y la orden benedictina recibe subvenciones de Patrimonio Nacional para el mantenimiento de este colegio-escolanía y para las becas. La escolanía ha sacado muchos discos y tiene una buena reputación, ya que ha colaborado con numerosas orquestas y en centenares de grabaciones.

En 2013, el director de cine italiano Alessandro Pugno tuvo la oportunidad de rodar un sorprendente documental A la sombra de la cruz, en que narra de forma realista y sin ningún mensaje moral la educación de esta escolanía en la abadía benedictina. Antonio Saura Medrano, el productor de la misma declaró: «Los monjes se sienten acosados por una sociedad que creen que les ataca y ese es el mensaje que pasan a los niños». La educación que reciben los niños es una especie de Educación para la Ciudadanía, pero a la inversa. Algunos quieren presentar a esta escolanía de voces blancas como el gran valor oculto del Valle de los Caídos. Pero ¿acaso es necesario adoctrinar a menores por frailes ultramontanos para hacer un bueno coro de niños? Nos preguntamos si a estas alturas es posible la segregación de menores de esta forma con una educación basada en el adoctrinamiento ultra reaccionario.

En un Estado laico el secuestro de menores y su segregación por una orden religiosa no sería posible. La emancipación personal exige la libertad de conciencia de las personas. No se puede, en nombre de la libertad religiosa, amparar cualquier cosa y además, financiarlo públicamente.

Santiago Amón, el que fuera conocido crítico de arte, conferenciante y defensor moderno del patrimonio cultural y con una personalidad singular, declaró que sería civilizatorio para la ciudad de Madrid demoler la Catedral de la Almudena, no por anticlericalismo, sino por fealdad pura y simple. De hecho, proponía que todas las ciudades de España deberían tener un premio anual para destruir monumentos e inmuebles horrendos, que tanto abundan en nuestro país.

Las destrucciones, históricamente, pueden ser civilizatorias o pueden ser bárbaras. Por ejemplo, la destrucción de la Biblioteca de Alejandría por el obispo del siglo V Teófilo fue una obra bárbara del cristianismo pero la destrucción de las imágenes de zares y emperadores fueron obras civilizadoras que acompañaron todo tipo de revueltas políticas y sociales emancipadoras.

Quizás, lo dudamos mucho, se pueda cambiar el significado simbólico fascista del Valle de los Caídos pero difícilmente se podrá resignificar el carácter nacional católico de esa espantosa cruz que preside todo el monumento.

Mientras tanto y una vez los restos del General Franco se hayan trasladado, todavía, en esa montaña fascista nacional católica, se seguirán escuchando las voces blancas de esa escolanía entre las brumas de la gran cruz nacional católica, voces que arrullarán la tumba de José Antonio Primo de Rivera, el fundador del fascismo católico español, que escribió este frase premonitoria del monumento: «La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera; pero es además, históricamente, la española. Toda reconstrucción de España ha de tener un sentido católico».

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