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¡Zas! Madrid | December 1, 2020

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El libro 'La claridad', de Marcelo Luján o la complejidad de las relaciones humanas - ¡Zas! Madrid

El libro ‘La claridad’, de Marcelo Luján o la complejidad de las relaciones humanas
Emilia Lanzas

«De esas pequeñas decisiones que tomamos y que nos convierten (nos destruyen o nos enaltecen porque modifican nuestro entorno más cercano) es de lo que hablan los cuentos de La claridad»

El escritor Marcelo Luján, autor del libro de cuentos La claridad.

El argentino Marcelo Luján vive en Madrid desde 2001. Trabaja como coordinador de actividades culturales y talleres de creación literaria. Ha publicado los libros de cuentos Flores para Irene (Premio Santa Cruz de Tenerife 2003), En algún cielo (Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa 2006) y El desvío (Premio Kutxa Ciudad de San Sebastián 2007). También ha publicado los libros de prosa poética: Arder en el invierno y Pequeños pies ingleses. Y las novelas La mala espera (Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra 2009 y Segunda Mención del Premio Clarín de Novela 2005), Moravia, y Subsuelo (Premio Dashiell Hammett, Premio Tenerife Noir, Premio Novelpol, todos en 2016). Este último título está siendo adaptado a la pantalla por Fernando Franco.

Este año, Marcelo Luján ha publicado su cuarta colección de cuentos, La claridad, que obtuvo por unanimidad el VI Premio Internacional Ribera del Duero, y que ha sido publicada en Páginas de Espuma.

El azar está muy presente en todos los relatos de La claridad. Un azar que descompone las leyes que rigen la realidad. ¿Es esa la función que le das?
Es una posibilidad muy concreta que descomponga las leyes de la realidad pero lo que me gustaría apuntar al respecto es que damos muy poca importancia al azar en nuestras vidas. En estos cuentos pretendo que la variable azarosa, es decir, ‘lo que hubiera pasado si’, revuelva una historia de un modo extraño, singular, inimaginable. Quedarme en casa aquel sábado me habría salvado la vida o de no haber salido de vacaciones me habría impedido conocer a la mujer o al hombre de mi vida. Estos binomios representan importantes cambios para un individuo, y casi nunca nos paramos a pensar qué habría sido de nosotros modificando una mínima variable en cualquiera de nuestras acciones cotidianas. Creo que en nuestro día a día hay cosas que no vemos, que se nos escapan, situaciones menores que pasamos por alto u obviamos por considerarlas superfluas. Pero están ahí y podrían habernos cambiado para siempre. De esas pequeñas decisiones que tomamos y que nos convierten (nos destruyen o nos enaltecen porque modifican nuestro entorno más cercano) es de lo que hablan los cuentos de La claridad.

En la mayoría de los cuentos, el narrador anticipa los desenlaces. Parece conocer el final, pero resulta un falso narrador omnisciente ya que admite ignorar muchos datos de la historia. De hecho, utiliza constantemente los “puede”, los “es probable”…
Es interesante el comentario porque los ‘puede’ o los ‘es probable’ equivalen a una condición opcional, como si el narrador diera al lector cierta posibilidad de elección (de hecho, casi siempre son dos o tres las opciones que se exponen). De esta manera, el lector sabe que alguna de esas funciones es lo que ocurrirá. Además, esta propuesta de alternativas va acompañada o abrigada de afirmaciones (en futuro) concretas. La omnisciencia no corre riesgos y siempre es absoluta: el lector conoce los hechos que aún no han sucedido pero sucederán. También es interesante que hablemos de desenlaces, puesto que el tres de los seis cuentos (los tres ejecutados en tercera omnisciente) el narrador detiene el aquí y ahora en el segundo y último punto de giro de la historia (‘y esto es todo’) para contar el desenlace desde fuera del tiempo del relato, porque toda la propuesta en futuro ocurre en un tiempo ajeno al tiempo en el que se desarrolló la historia. Se busca, con este recurso, aceleración y tensión narrativa.

La tragedia, la violencia, la muerte, lo sobrenatural, la sangre tan presente, se filtran en los cuentos pero no parecen ser aspectos sustanciales de los mismos. ¿Es así?
Estoy de acuerdo porque las historias de este libro pueden ser muchas cosas pero sobre todo son historias humanas. O eso es lo que intenté. Aun cuando se rodean de hechos extraordinarios, aun cuando interviene el aspecto fantástico, el eje está puesto en la complejidad de las relaciones humanas. Y también los personajes construidos desde componentes sobrenaturales exponen un índice de humanización alto: que un fantasma o un monstruo o un zombi tenga problemas terrenales es lo que me interesa. A menudo deseamos que regresen los seres queridos muertos, que vuelvan de la muerte y que vuelvan, por tanto, a vivir entre nosotros. Pero pocas veces nos ponemos a pensar si ese regreso sería bueno para ellos (básicamente porque el mundo de los vivos no puede respetar y salvaguardar el espacio que ocuparon).

Me ha llamado la atención que las citas que pones bajo los títulos de los cuentos sean tan heterogéneas. Del Evangelio según San Mateo vas a Ratones Paranoicos, del libro de Los Salmos a la Creedence Clearwater Revival; de El Apocalipsis a Lou Reed…
Siempre me resultó atractivo mezclar estos dos universos tan opuestos. En las letras de las canciones hay literatura porque hay estructuras narrativas y, en ocasiones, historias muy potentes. Lo que me sucede con la Biblia es algo similar: me resulta un texto de un valor didáctico altísimo, donde se cuentan relatos plagados de imágenes que podríamos trasladar a nuestra cotidianidad. Si logramos omitir el componente religioso, son muchos los pasajes de la Biblia que tienen un excepcional tratamiento de la muerte, de la traición, de las figuras demoníacas, y de valores humanos que apenas han cambiado en más de dos mil años. Mixturar letras de canciones con pasajes del Nuevo Testamento, mixturar el rock con lo bíblico, insisto, me pareció atractivo e interesante de cara al lector porque hay literatura y un singular choque de conceptos.

Resulta llamativo que, justamente, el último cuento “Más oscuro que tu luz”, que no estaba incluido en la edición inicial, sea precisamente el que explique el significado del título. ¿La claridad es aquello que sucede a la muerte?
La claridad, la luz en tanto guía y faro, puede funcionar en el campo de lo humano pero también hace referencia a lo que está más allá del mundo de los vivos. En este sentido, hay una intención de dualidad. También es importante el juego que propone el libro, un juego que constantemente enfrenta a la vida con la muerte, a lo claro con lo oscuro, al bien y al mal, a los que somos y a lo que quisimos ser. Y el cuento que cierra la colección tiene su importancia estratégica porque La claridad es un libro y debe leerse como tal. Y no es extraño que cerca del cierre muchas cuestiones pretendan cerrarse, explicarse, darse a conocer. El último cuento es el más corto y es, además, un agregado, una suerte de bonus track que decidimos incluir en la edición porque siempre formó parte de esta idea de libro. Y me alegra que sea este cuento el que pueda explicarte ciertas cuestiones superestructurales de todo el conjunto. También así opera la ficción.



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