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¡Zas! Madrid | May 6, 2021

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Entre la poesía y la narración en el libro de relatos 'Puntos de fuga', de Roberto Rochas - ¡Zas! Madrid

Entre la poesía y  la narración en el libro de relatos ‘Puntos de fuga’, de Roberto Rochas
Emilia Lanzas

«Creo que lo que escribo nace de un lugar común a los sueños: el inconsciente»

Roberto Rochas, autor del libro Puntos de fuga.

Roberto Rochas nació en Madrid en 1973. Es autor del poemario Quién, galardonado con el Premio Joaquín Benito de Lucas 2018. Su trabajo ha sido publicado en la revista Cuentos para el andén, y ha resultado finalista en diversos certámenes de poesía y narrativa. Acaba de publicar un libro de relatos Puntos de fuga, en la editorial Adeshoras, ilustrado por las fotografías de Diana Zapata, y prologado por Ángel Zapata

¿Dirías que una característica fundamental de los relatos que conforman tu libro Puntos de fuga es su dimensión poética?
Sin duda. De hecho, no tengo claro que los textos del libro se puedan denominar unívocamente como relatos. Hay algunos de ellos que están más cercanos a la narratividad, otros que están más cercanos a la poesía y otros, que al igual que el libro en su conjunto –pienso– están a caballo entre poesía y narración. Bordeando los límites, a veces difusos, que separan ambas disciplinas.

Puntos de fuga está formado por cuarenta y nueve textos articulados en cuatro bloques: “Migración”, “La sombra en llamas”, “Un suelo de ceniza” y “Manos de sed”, ¿qué comprende cada una de estos bloques?
No son bloques independientes y tampoco hay un hilo conductor, pero sí una serie de pequeños entramados que forman una red narrativa en su conjunto. Cada bloque va encabezado por una fotografía de la artista visual Diana Zapata, las cuales, creo, dialogan perfectamente con las sensaciones que intento transmitir en Puntos de fuga.
La estructura del libro está enraizada en los títulos de las secciones, que hacen referencia a los cuatro elementos. De esta forma, “Migración” es el aire, y sería una especie de adentramiento a este universo emocional que planteo. “La sombra en llamas” es el fuego, que representa, tal vez, lo dejo a la libre interpretación, el deseo, un cuestionamiento vital, pero de algo intangible, como es la sombra. “Un suelo de ceniza” es la tierra, y es la consecuencia inevitable que ha de llegar ineludiblemente tras el fuego. Finalmente, “Manos de sed”, que representa el agua, se podría identificar, probablemente, con esa falta adquirida al avanzar por un tránsito que conduce a una no-respuesta.

Los textos están repletos de enumeraciones de palabras que engloban un concepto o que encierran una contradicción dialéctica.
El lenguaje podría denominarse como un instrumento con el cuál tratamos de comunicarnos y expresar alguna sensación, pero es una herramienta que, a la postre, no deja de ser un simple balbuceo. Es inevitable la indagación en los términos que vamos a emplear cuando tratamos de expresar emociones en las que la contradicción está implícita.

Asimismo, creas ideas con la unión de palabras a través de guiones: imposición-colmena, hombres-casa, transición-condena…
Si, hago bastante uso de la metáfora. Me parece un recurso que, bien empleado, ayuda a transcribir emociones que, en muchos casos, serían difíciles de expresar de otra manera. En ocasiones empleo esta forma de unión de significados con guiones por lo visual y directa que resulta.

También son numerosas las fusiones de noes con vocablos como no-rostros, no-luz, no-voz, no-donde… ¿Estas uniones tienen que ver con el “espíritu de negación”?
La negación expresada como ‘ausencia de’. Resaltando lo que no hay, que no significa que sea exactamente su contrario. Entre otras cosas porque, si bien hay fusiones, como no-luz, que podrían remitir a cierta forma de oscuridad, hay otros casos, como no-rostro, donde ni siquiera hay un antónimo en el que poder apoyarse. Lo cual refuerza el desasosiego y la dislocación que puede transmitir.

¿Los relatos de Puntos de fuga cuestionan la evidencia?
Doy por sentado que no hay evidencia, tan solo acercamientos a una posible realidad que es completamente maleable y adaptada. Una realidad condicionada por nuestro propio punto de vista y atravesada por un tiempo que, como ya está demostrado incluso la física cuántica, en absoluto es lineal, sino un tiempo con varios estados imperceptibles que permanecen y se entrecruzan desdoblados.

Abundan las descripciones oníricas, como en el caso del relato titulado “Luminiscencia”, ¿qué aportan los sueños a tu escritura?
Lo cierto es que me encantaría soñar cosas así, donde un hombre con traje de papel se recuesta sobre una piedra de tono rojizo y su cabeza comienza a arder como si fuera una cerilla. Pero la verdad es que casi nunca recuerdo los sueños. No obstante, creo que lo que escribo nace de un lugar común a estos: el inconsciente. En sesiones psicoanalíticas, los he trabajado. Y es fascinante descubrir las distintas capas de significado que pueden encerrar incluso para mí, que los he escrito.


«Doy por sentado que no hay evidencia, tan solo acercamientos a una posible realidad que es completamente maleable y adaptada»


En diferentes relatos se repiten personajes como el pez-dragón ¿son parte de un imaginario que simboliza la realidad?
En la mayoría de los casos son personajes que circulan, pretenden circular por un estado de consciencia que bordea los límites del sentido. Sin acercarse demasiado a la realidad, pero sin alejarse tampoco de ella en exceso.

Svëntz, Naydem, Arguímenes, Svëntzlànova, Iria…, son algunos de los personajes de Puntos de fuga. Son nombres enigmáticos que parecen aludir a una antigua cultura mítica.
Es cierto que pueden recordar a una cultura mítica, aunque son nombres inventados. Exceptuando Iria que, aunque en Galicia es más usual, tiene un origen enigmático que parece aludir a la diosa Iris, lo cual engarza con la doble cerradura del ojo de la que hablo en ese texto.
Svëntzlànova es el patronímico de Svëntz. Es una correlación entre el bonsái desnudo por el que acaba trepando Svëntz y ese árbol blanco donde renace Svëntzlànova colgando de un cordón umbilical del que no consigue desprenderse.



«En definitiva, lo que pretendo transmitir es que hay inquietudes universales que no tienen respuesta. Un desasosiego que, por tanto, va transmitiéndose irremediablemente de generación en generación».


La magia como acto de creación también está muy presente en tu libro, ¿una magia unida al sentido de revelación y de transformación?
Creo que siempre hay una dosis de revelación. Un algo mágico, casi místico —podríamos decir— que en cierto modo desplaza a enigma su procedencia. Ahora bien, el proceso de transformación conlleva después un trabajo más arduo.
Esa capacidad de transformación, independientemente de si nos encontramos en el punto de vista del lector o del escritor, es la que me parece indispensable para poder soportar la realidad que nos rodea. Sobre todo en estos tiempos, que se presenta ante nosotros de forma tan explícita.



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