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¡Zas! Madrid | June 6, 2020

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El viaje símbolo de una existencia: 'Zamora, un viaje sentimental', de Antonio Tejedor García - ¡Zas! Madrid

El viaje símbolo de una existencia: ‘Zamora, un viaje sentimental’, de Antonio Tejedor García
Pedro M. Domene
  • On 16 marzo, 2020
  • http://acabodeleerymegusta.blogspot.com/

Para viajar con la mente

En Zamora, un viaje sentimental, Antonio Tejedor García recorre una ciudad y una provincia desconocidas que sorprenden por su belleza

Una guía de viaje ofrece datos, informaciones precisas sobre monumentos, historia, museos y horarios, o dónde comer y dormir; un libro de viajes es otra cosa, un bisturí que disecciona momentos en el tiempo. Una mirada que se empapa del paisaje, desnuda a las gentes y comprende sus vivencias e inquietudes, un trazo sobre un lienzo blanco.

Un buen libro de viajes aporta sensaciones y reflexiones que, una vez en el destino, enriquecen la experiencia y permiten encajar todo en su contexto. Sin esta precisión, los viajes son una sucesión de días y lugares sin apenas sentido. El viaje es uno de los temas recurrentes en la literatura universal, presente en la Biblia, La Odisea o El Corán, y ha posibilitado que otros muchos géneros literarios, la novela bizantina, de caballerías o picaresca, formen parte de una interminable lista viajera. El viaje como signo de existencia, experiencia del intelecto o del ánimo, como fuente de conocimiento, porque un viajero que conoce de antemano el sitio o lugar al que viajará, se ha documentado sobre sus costumbres y su cultura, buscará un punto de vista diferente, nunca condicionado por ideas y prejuicios; ese libro de viaje es la interpretación del lugar al que se va, añade la difusión particular de esas experiencias y observaciones mediante un proceso selectivo que condiciona la visión de un viaje particular.

El escritor Antonio Tejedor García, autor de Zamora, un viaje sentimental.

Los motivos del viaje difieren según la época y el lugar de procedencia del viajero, será diferente la visión que le proporcionarán los espacios visitados a través de su mirada; variable el género que se adopta para contarlo: crónica, diario, relato, o correspondencia familiar y amistosa, formatos valiosos como fuente documental; sobresale el calificado de viaje sentimental porque en ese periplo predomina la afección, ese ánimo o disposición emocional hacia cuanto se siente por hechos, cosas o personas. Y de este tipo de viaje hablaríamos cuando abrimos, Zamora, un viaje sentimental (Agilice Digital, 2019), de Antonio Tejedor García, un viaje que parte de Fuentespreadas, cuna y origen del autor, a las diferentes zonas de la provincia. El escritor nos habla, cuenta su historia y la vida de las personas que habitan esos lugares donde recala en su periplo, pero señala que ninguno como el pueblo, el lugar donde nació, creció y al que regresa siempre, y que ha ido adelgazando y se suma a esa calificada. “España vacía”, que tanto ha dado que hablar, daña costumbres, tradiciones, y modos de vida; aunque el volumen, Zamora, un viaje sentimental, se convierte en ese espacio que siempre llama, donde uno descubre nuevos rincones. Zamora y provincia, sus paisajes, sus pueblos, su historia; sobre todo, su gente, sus costumbres y su cotidiano quehacer, su gastronomía y ese vino que degustamos con el viajero, raíces que se hunden en la tierra amada. Tejedor García sabe que conocer un lugar va mucho más allá de la visita turística, de pasear por sus calles y patear espacios, disfrutar las llanuras inmensas, o del arte legado por antepasados. Y así, mucho de todo eso aparece inevitable en el minucioso recorrido por una provincia y sus rincones; lo más interesante esa combinación entre lo docto y lo anecdótico que comparte el sentimiento del viajero, ese don de gentes del narrador cuando convive con los parroquianos de los pequeños lugares visitados, nos invita a conocerlos en su medio más próximo, y lo mismo hará con amigos y familia.

Este viaje sentimental es una suerte de lección de Historia y Literatura que evoca personajes como Viriato, el rey Sancho y Bellido Dolfos, o Villafáfila, escenario donde Fernando el Católico y Felipe el Hermoso sellaban la locura de doña Juana I de Castilla que le impediría reinar; los versos de Claudio Rodríguez, Jesús Hilario Tundidor y León Felipe; dosis de costumbrismo que invitan al curioso lector a sumergirse en estas páginas, a aprender de la sabiduría del zamorano, y una vez todo asimilado, anotar en nuestra agenda cuál será el destino de nuestro próximo viaje.

Este libro quiere ser una invitación, una tarjeta que motive nuestra visita: Fuentespreadas, Toro y alrededores, la Zamora de juventud y de madurez, la ribera del Moncayo, tierras de Sayago, Alba y Aliste, Tierra de Campos, Benavente, Sanabria, un extenso índice donde recalar, colegiatas, monasterios, castillos y soportales de plazas de arte románico que se funde con un modernismo, y late en el corazón de quienes aguantan el paso del tiempo, nadie sabe bien cómo; gente trabajadora, amable, amiga de una charla en mitad de la calle, alrededor de un vaso del mejor vino y una tapa de queso de oveja o cualquier cazuela de casquería, manjares sabrosos y variados que se mantienen como reliquia de otros tiempos.

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