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El lenguaje que habla directamente al alma: Marguerite Duras - ¡Zas! Madrid

El lenguaje que habla directamente al alma: Marguerite Duras
Pedro M. Domene
  • On 24 noviembre, 2014
  • http://acabodeleerymegusta.blogspot.com/

Centenario de Marguerite Duras y una pequeña joya de su narrativa, El parque, que nos muestra su doble visión del mundo: una mujer rebelde y un hombre resignado.


 

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Marguerite Duras fue una escritora experta en autobiografía, profesional de la confesión inexacta, que ha adoptado tantas máscaras y se ha complacido tanto en borrar sus huellas que es casi imposible distinguir la verdad de la ficción.

Una fecha mítica como Mayo del 68 sigue siendo una referencia temporal importante, no exclusivamente en Francia, y transcurrido casi medio siglo conviene esta mención para fijar algunos aspectos de la narrativa francesa del último tercio del siglo XX. La tradición literaria, que se basaba en el análisis y en la introspección para especificar las características de su literatura, se vio influenciada durante todo el siglo por las vanguardias y aquellas otras formas narrativas que desconfiaban de la razón de las cosas y de la lógica.

La vida de Marguerite Duras fue la de una mujer profundamente comprometida con su tiempo, reto que asumió en sus principales luchas, tanto literarias como cívicas. Llevó, por otra parte, una doble vida: una tal y como la vivió en una dilatada existencia entre Indochina y Francia, y otra contada en lo mejor de su producción narrativa. Fue la tercera de tres hermanos, nacida en Saigón, Indochina, el 4 de abril de 1914, donde su padre era profesor de matemáticas y su madre maestra. En el verano de 1931 la familia embarca rumbo a Marsella y tras las vacaciones escolares deciden instalarse en París, aunque volverán de nuevo a Saigón hasta que Marguerite regresa a Francia, definitivamente el 28 de octubre de 1933 para continuar sus estudios en la capital del Sena. A partir de este momento su vida oscilará en torno a los difíciles años de la Resistencia junto a su marido Robert Antelme, porque colaborarán activamente contra los nazis y entrarán en contacto con personajes tan influyentes como Mitterrand o Jacques Benet. Posteriormente, en el ocaso de sus días, revivirá parte de su pasado en Trouville, frente al mar, y en Neauphle, mejor ejemplo de la soledad en la que se sumió la autora.

«Si alguien dice que no le gustan sus propios libros, suponiéndose que se dé ese caso, ha de ser porque no ha superado la atracción de la humillación (…) Me gustan mis libros. Me interesan. Las personas de mis libros son las de mi vida».

Autora de Un dique contra el Pacífico (1950), Moderato cantabile (1958) o El amante (1984).

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El parque (1955, Menoscuarto, 2014, traducido por Carlos Barral), se convierte en una obra interesante para entender el futuro narrativo de la escritora francesa,  ese vacío existencial y la soledad a que pueden verse abocados los personajes de una vida. En el banco de un conocido parque de París, coinciden una joven de veinte años, empleada de hogar y al cuidado de un niño, y un hombre maduro, vendedor ambulante, que transporta en su maleta todo tipo de objetos que nadie compra. Entre estos dos personajes, que nada tienen en común, se establece una conversación sobre la vida, la muerte y los sueños de cada uno. A veces las réplicas ni siquiera se alternan, tan absortos están en sus propios pensamientos. ¿Qué podría ser capaz de devolverles la vida? La joven niñera espera a su futuro marido, cada sábado, en el baile. Es una obra clave para entender el cambio literario que, a partir de los años 50, encabeza Duras. La narradora reescribirá una versión teatral a los pocos meses y, desde 1957, se ha podido ver representada en algunas ocasiones en la escena francesa, la última este verano para conmemorar el centenario de la escritora. El diálogo ininterrumpido de El Parque expresa el vacío existencial y la soledad de los personajes, sentados  en un banco su vida no es más que una espera de alguien que no existe. El vendedor ambulante también espera. En su caso, que le propongan otro trabajo, mientras viaja, en realidad mientras huye de si mismo. Hasta que, tras su conversación ambos personajes evolucionan, y descubren así su grandeza, porque el estilo que emplea Duras, depurado, poético y atemporal, habla directamente al alma, y se consigue así expresar, de una forma sutil, las ideas transcendentes, aquellas que nos descubren que solo las verdades se tornan en contundentes
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