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¡Zas! Madrid | May 26, 2019

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'El despertador de Sísifo', de Jorge García Torrego, poesía en torno al trabajo - ¡Zas! Madrid

‘El despertador de Sísifo’, de Jorge García Torrego, poesía en torno al trabajo Imagen de cubierta de Javier Serrano González.
Emilia Lanzas

Entrevista a Jorge García Torrego

«Si el sistema no tuviera, al menos, el momento de dejar la piedra en el suelo, ¿qué sentido tendría vivir?»

El escritor Jorge García Torrego, autor de ‘El despertador de Sísifo’.

Jorge García Torrego nació en 1986, en Miraflores de la Sierra (Madrid). Es autor del libro de ensayo Convivir poesía / conbeber poesía, El fenómeno poético de las jams sessions en el Madrid del siglo XXI, y de tres libros de poesía:Ojo y ventana , Cercanías y El despertador de Sísifo.

Cubierta del libro de poesía, 'EL despertador de Sísifo', de Jorge García Torrego.

Imagen de cubierta de Javier Serrano González.

La aflicción que produce el trabajo es el nexo común de los poemas reunidos en El despertador de Sísifo; como en Poemas de la oficina de Benedetti, cultivas un motivo considerado no poético, una temática antiépica, ¿todo es susceptible de poetizar?
Yo intento pensar que sí, que todo puede ser poesía o “poetizable”. Está claro que el trabajo no ha entrado en la órbita de lo que podemos llamar «lo poético», pero me gustaría saber la razón. Yo creo que es una cuestión de costumbre, de no verlo desde ese prisma. El trabajo es una tercera parte de nuestra vida (o incluso más), y las fuerzas, las presiones, las emociones que se generan para mí son muy interesantes. Pero tengo la sensación de que el tiempo dedicado al trabajo se interpreta como un “tiempo perdido”, entregado porque “así tiene que ser” y no se pelea, no se pretende, ni siquiera, reflexionar sobre él. Y ahí está la batalla. Son esos momentos en los que somos “menos humanos” y más máquinas los que debemos recuperar para tener una vida plena, más parecida a lo que debiera ser. Creo que al poetizar un tema lo traes aquí, lo haces cercano, reflexionas sobre él y lo conviertes en una herramienta. Para mí, reflexionar tanto sobre el trabajo me ha servido para, entre otras cosas, frustrarme más, pero también para ganarle tiempo al tiempo yermo del “trabajar y ya”.

Creo que el trabajar porque sí, de manera mecánica y sin un sentido de utilidad puede ser muy alienante, pero si le das la vuelta y abres el foco para verle el sentido literario o artístico, que creo que sí que lo tiene, conviertes algo negativo en un elemento de reflexión y creación y ya, al menos, el trabajo pasa a tener algo de sentido.

Cronometras el vacío en la mayoría de los poemas, pero también incluyes versos que suceden en un espacio sin tiempo, sin horario. ¿Es posible la huida?
Quiero creer que sí. Afortunadamente, existen momentos en los que el tiempo no está presente, no te vigila, y es en esos momentos en los que huyes, te escapas del mecanismo y te refugias en la charla con amigos, la pasión de una afición o un deporte o, por supuesto, el amor. Hay que pensar que, de hecho, si no fuera por esa válvula de escape, el sistema colapsaría. Si el sistema no tuviera, al menos, el momento de dejar la piedra en el suelo, aunque sea un momento, ¿qué sentido tendría vivir? Lo dice Camus en El mito de Sísifo: «No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio».

Sísifo, el trabajador inútil de los infiernos, el héroe absurdo, el proletario de los dioses es —sin embargo y continuando con Camus— superior a su destino, más fuerte que su roca porque su tragedia estriba en su consciencia; ¿no hay destino que no se supere mediante el desprecio?
No hay destino que merezca llamarse así, destino –sin mayúsculas, pero sí que con una moral imbatible–, como un lugar donde reposar la batalla y los estragos, que no deba pasar primero por la pena, el esfuerzo y los desprecios. Creo que es así, pero no sé si debe ser sí obligatoriamente. En el desprecio hay un lugar para la mofa, la ridiculización del grande y poderoso que a mí me parece muy fértil para escribir y pensar, y quizá es en esa huida, ese mirar hacia otro lado mientras te están intentando joder la vida, donde está la victoria real, pero… qué difícil es mirar hacia otro lado.

El derecho a la pereza de Lafargue o La abolición del trabajo, de Bob Black suponen una nueva moral del trabajo ajena a la alienación y a la explotación que conectan directamente con tus poemas. ¿Calificarías tu poesía de “disidente”?, ¿suponen tus versos un desafío a un sistema ideológico de dominación?
Ojalá sea así. A mí me gustaría que mis poemas llevaran preguntas a los lectores, que inquietaran, que, de repente, el lector dejara de dar por hecha una realidad que no debería de ser así por definición. El trabajo, como es concebido hoy en día, es un concepto que, más o menos, es aceptado por ideologías políticas de derecha a izquierda, sin apenas diferencia. Todos debemos ser útiles, prácticos, servir al otro, al sistema, y que todo funcione. Estoy en contra de esto. Ni Estajanovismo ni Oblomovismo, que decía Black, sino algo similar al juego, a la creatividad que, por otro lado, es donde se fundamenta la poesía. Y respondiendo a la segunda pregunta, todo acto inútil hecho por la necesidad de hacerlo, llámalo amor, amistad, poesía o senderismo, atenta contra este sistema de dominación y utilidad.

Por lo tanto, mi poesía atenta en el contenido y en el continente. O eso espero.

Declaras que «te gusta lo que tiene de juego la poesía».
Sí, pero juego como concepción de acto divertido que incluye también la ruptura de esas mismas reglas del juego. En portugués hay una diferencia muy bonita entre dos términos que, en español, significan jugar. Por un lado tienen el “jogar”, que hace referencia al jugar dentro de unas pautas de juego, unas reglas. Pero también tienen “brincar”, que hace referencia al juego creativo, sin reglas, libre.

Entiendo que la poesía debería de ser la mezcla de estas dos ideas: por un lado, el uso de un lenguaje comprensivo y entendible (jogar) y el de una visión creativa del mismo (brincar) para poder tener el acto poético en buena forma. Partir de las reglas del lenguaje, conocerlas, para encontrar lo misterioso y creativo que toda comunicación esconde.

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