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¡Zas! Madrid | March 9, 2021

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¿Cuándo tendremos una vacuna contra el cáncer? - ¡Zas! Madrid

¿Cuándo tendremos una vacuna contra el cáncer?
Pedro Pozas Terrados

El cáncer ha matado en el mundo a diez millones de personas en 2020 y se detectaron nueve millones más de casos, según la OMS, cifras que empequeñecen las ocasionadas por la COVID-19.

El cáncer de mama se ha convertido en el más común a nivel mundial, sobrepasando el de pulmón. Los datos indican que el 20% de la población actual de la Tierra padece algún tipo de cáncer a lo largo de su vida, siendo esta enfermedad la segunda causa de muerte, según los datos facilitados por la propia Organización de las Naciones Unidas. Actualmente, uno de cada ocho hombres y una de cada once mujeres son diagnosticados con algún tipo de cáncer.

Además de todo el dolor que produce en los pacientes y en los familiares, esta grave enfermedad tiene un gran impacto económico, según los datos publicados en 2020: 1160 billones de dólares. A todo esto, ahora debemos añadir lo que está ocurriendo con la pandemia y que según el propio informe de la OMS y de muchas denuncias que se están conociendo por los medios de comunicación, se ha interrumpido los tratamientos para el cáncer en más del 40% de los países, pese a que estos pacientes corren un mayor riesgo frente al coronavirus.

En una conferencia de prensa de Ginebra, el doctor Andre Ilbawi, del departamento de Enfermedades no Transmisibles de la OMS, señaló que «sabemos que menos gente ha podido completar sus tratamientos y anticipamos que tendrá un impacto en el número de muertes por cáncer en los próximos años». También se alerta sobre la tardanza y falta de acceso a diagnósticos y tratamientos, aumentado además por el miedo de acudir al médico por temor al contagio. La continua información en todos los programas de la televisión y servicios informativos de las muertes, de los medidas de precaución, de los miles de contagiados, de las estadísticas diarias, de los ingresos en los hospitales y las UCI, hacen que el miedo paralice a muchas personas hasta el punto de causar perturbaciones en su comportamiento sobre todo por el miedo al contagio.

¿Por qué los laboratorios del mundo y los gobiernos no han hecho con la curación del cáncer lo mismo que para encontrar una vacuna contra la COVID-19? ¿Qué diferencia hay? ¿Acaso no es una pandemia más cruel y son muchos más los afectados por el cáncer? ¿Qué intereses hay para que la humanidad pueda dejar de temer el cáncer? ¿Por qué no se investiga una vacuna para esta gravísima enfermedad? Sí, se sabe que existen muchos tipos de cáncer, pero todos ellos tienen un patrón común: el cáncer afecta a nuestras células y las mata, al igual que la COVID-19 lo hace afectando a muchos organismos del cuerpo y, sin embargo, se ha logrado en un tiempo récord encontrar no sólo una vacuna, sino al menos diez.

No puedo entenderlo y todos los que hayan sufrido esta enfermedad, tenga familiares o estén en proceso de ello, tampoco lo entienden y es por ello que dirijo este llamamiento, este grito desesperado para que los políticos y los laboratorios se pongan a buscar el remedio para evitar en gran medida el cáncer en nuestros organismos.

Los tratamientos de la quimioterapia y otras medicinas que se emplean para tratar a los enfermos de cáncer cuestan muchísimo dinero y es, no cabe duda, una gran fuente de ingresos para los laboratorios que los facilitan. Pero, insisto, esta grave enfermedad que causa tantos millones de muertos y cientos de millones que lo arrastran durante años, debe ser tratada exactamente con la misma diligencia que si fuera una pandemia. Estoy seguro que existen mecanismos para acelerar la búsqueda de vacunas contra el cáncer. Si hemos sido capaces de encontrar una vacuna contra un virus nuevo que afectaba a todo el cuerpo, ¿no vamos a encontrar una vacuna contra una enfermedad que se conoce desde hace décadas?

A más de un político le haría visitar las plantas donde yacen los enfermos de cáncer, donde se viven angustias, esperanzas perdidas, ilusiones que, muchas veces, se escapan por las ventanas. Les llevaría a visitar a los que son terminales, los que esperan la muerte, y muchos de ellos sedados, a sus familiares llorando. Les enseñaría las salas de consulta oncológica, donde las personas agolpadas esperan las revisiones del médico para ver sus resultados de avance de la enfermedad o disminución de la misma. Donde solo se ven caras de intensa preocupación. Mujeres con pañuelos en la cabeza, con mirada triste y pérdida, esperando un aliento en las salas durante horas y horas, cada uno con sus vidas truncadas, con sus historias, con su número en la mano y los papeles de su historial en la otra. Que vean como son las salas donde se les inyecta durante horas la quimioterapia. Donde los enfermos cierran los ojos buscando un escape que no encuentran. Donde muchas de ellas se les ve caer las lágrimas y se tocan el pelo que pronto se les caerá y sabiendo que después tendrán efectos secundarios, dolores de todo el cuerpo, bajada de defensas… Y después, les preguntaría: ¿acaso no es posible luchar con todas sus fuerzas para evitar tanto sufrimiento y muerte? ¿Acaso no ha comprendido que todo esto puede evitarse si se hicieran enormes esfuerzos conjuntos de los Estados y de los laboratorios para parar este reguero de dolor?

Tal vez es que ya estemos vacunados moral y mentalmente del grave problema de salud que es el cáncer y lo tengamos asumido. Pero no debe ser así, y esta pandemia lo ha demostrado con creces parando los países y las economías para frenarla. ¿Por qué no se hace lo mismo con el cáncer? La gran ventaja de ello es que el cáncer no nos contamina, no produce cierre de la economía ni aislamientos, solo hace falta voluntad política para que junto con los laboratorios se pueda encontrar una solución rápida. ¿O tal vez es por ello?, ¿que al no contaminar y no repercutir en la economía lo abandonamos a su suerte? No lo olvidemos: en 2020, diez millones de personas fallecidas y diecinueve millones más diagnosticadas con cáncer. Sólo en un año.

Esta lucha contra el cáncer no es cuestión de fundaciones privadas o de caridad. Es una necesidad, y con los impuestos de los ciudadanos y la voluntad política para resolver esta plaga pandémica debería ser suficiente para buscar medidas efectivas y no agresivas para los enfermos de este maldito jinete de guadaña y capa negra.

Sé que existe solución al cáncer. Pero como siempre, en este mundo globalizado, prima ante todo el valor económico de las cosas, el conseguir más rentabilidad. El rico más rico y el pobre más pobre. Han sabido magistralmente no solo manipular las mentes, sino también levantar muros donde el capital ahoga la empatía y la humanidad. ¿Hasta cuándo?



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