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¡Zas! Madrid | June 12, 2021

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'Cachorros de arena' de Lola Vivas: esa zona de umbría permanente que nos habita - ¡Zas! Madrid

‘Cachorros de arena’ de Lola Vivas: esa zona de umbría permanente que nos habita
Emilia Lanzas

«Cachorros de arena está en el terreno de lo que desconcierta, el misterio de lo que somos, eso que nos causa perplejidad porque está fuera del orden habitual de las cosas»

La escritora Lola Vivas, autora del libro de relatos Cachorros de Arena. (Fotografía de Yulia Marrod).

Lola Vivas (Madrid, 1969), licenciada en la Escuela Superior de Diseño, se ha dedicado durante años a las artes plásticas, en concreto a la pintura y la escultura, actividades que compagina con reportajes en prensa, fundamentalmente monográficos de arte, colaboraciones en diseño como free lance y en la organización de exposiciones temáticas como Nueve de Nuevo, El Ojo Oeste o Zona de sueños para mariposas. Tras muchos años de exposiciones individuales y colectivas dentro y fuera de España, se inscribe en Escritura Creativa en los talleres de Fuentetaja, en Madrid; y en 2012, termina su primera novela Hola, tesoro. Ese mismo año, comienza a cursar el Máster de Narrativa en la Escuela de Escritores de Madrid y termina su segunda novela, Oscilación. Acaba de publicar el libro de relatos Cachorros de arena, en la editorial Torremozas.

El tono y la atmósfera de los relatos que comprenden Cachorros de arena son enigmáticos, perturbadores…
Desde que puedo recordar, percibo el mundo con esa cierta extrañeza que tiene su origen en la propia vida y que constantemente se manifiesta en la convivencia de los unos con los otros. ¿Cómo es posible que nos produzcan placer actos grotescos? ¿A qué edad deja eso de ser natural? ¿Conectamos de manera implacable con el fingimiento y nos resulta insoportable lo real? Ahí hay algo que siempre queda en la sombra. Y es perturbador y nos desasosiega porque en el fondo, cada uno de nosotros, se reconoce habitando en esa penumbra. Y sí, en ese sentido entiendo que Cachorros de arena está en el terreno de lo que desconcierta, el misterio de lo que somos, eso que nos causa perplejidad porque está fuera del orden habitual de las cosas. Incluso diría que, de alguna forma, golpea ese orden natural en una época en la que parece que solo buscamos certezas y seguridad.
Por otro lado, no lo asocio tanto con lo enigmático, ya que ahí estaríamos hablando de encubrimiento, de poner las cosas más difíciles con el objeto de provocar la búsqueda de una solución. Una especie de acertijo. Y creo que eso no se respira en los textos. Creo que es algo mas ambiguo, más cercano al terreno de la supervivencia, a no querer sentirnos identificados en ninguno de los casos con determinadas cosas porque eso nos acerca de alguna forma a la muerte. Es decir, nos deja fuera en vez de dentro.
Pero lo cierto es que ese tipo de supervivencia está llena de ambigüedad por mucho que nos pese. De contradicciones y deseos ocultos que constantemente aplacamos para no vernos reflejados en eso que les pasa a los otros. Bien, pues a mí lo más me interesa es justamente esa zona de umbría permanente que nos habita y que en gran medida nos gobierna. Es mi forma de situarme en el mundo. De entenderlo y entenderme.

¿Dirías que la cohesión de los cuentos está en el tempo, en el ritmo interno de la narración?
Posiblemente el tempo sea una de las cosas que más cohesionan el libro, sí. Pero también la voz. Son dos aspectos de la escritura que me interesan muchísimo, mucho más que la estructura o la trama, por ejemplo. Aunque creo que ambos elementos están estrechamente ligados. Es decir, la búsqueda de la voz surge a la vez que ese tiempo interno, no sabría decir qué viene primero y qué después. Me refiero a algo que podría llamar emoción-intuición a la hora de escribir, una especie de pulso en la medida de las frases, también en el movimiento de los personajes en la escena, los tiempos muertos en que aparentemente nada sucede, en los silencios… De hecho, constantemente me leo a mí misma los relatos en voz alta, incluso solo fragmentos para ver cómo me suenan. A veces parece que estoy componiendo música. Y al escucharme, descubro muchas cosas, incluso en ocasiones, trabajar de esta forma me ayuda a ir desvelando el sentido del texto.


Constantemente me leo a mí misma los relatos en voz alta, incluso solo fragmentos para ver cómo me suenan. A veces parece que estoy componiendo música. Y al escucharme, descubro muchas cosas, incluso en ocasiones, trabajar de esta forma me ayuda a ir desvelando el sentido del texto.


La Madre es un personaje que protagoniza la mayoría de los relatos: “El cielo intacto”, “Paso a tres”, “Più di prima”, “Si yo pudiera decir Madre”… ¿Qué simboliza?
Para mí, una parte importantísima de todas las relaciones que establecemos con el mundo se establece a través de la idea de la Madre, entendida esta no solo como madre física (biológica o no) si no y, sobre todo, como una forma materna simbólica necesaria. Por un lado, simboliza lo inconsciente. Pero también la Madre nos cobija, nos atiende, nos alimenta, nos calma… y, por contrapartida, contiene en sí misma la idea del abandono, del desprecio, la inanición, o se convierte al mismo tiempo en esa tierra fecunda a la que regresamos al morir. Jung hablaba de la “madre terrible” como la réplica inversa de la Pietà, es decir, del aspecto cruel de la naturaleza y su indiferencia ante el dolor. Esa ambigüedad le confiere un poder inmenso que de alguna forma nos sitúa a su merced. Y sí, en Cachorros de arena la idea de la Madre es primordial, aunque polisémica; de hecho, en cada uno de los relatos que mencionas se aborda desde un lugar muy distinto. Nada tiene que ver, por poner un ejemplo, la Madre que demanda a mordiscos desde la carencia de “Paso a tres” con esa otra que se sitúa muy por encima y evalúa constantemente como sucede en “Più di Prima”.

Pienso que lo impredecible fundamenta las historias de Cachorros de arena, ¿crees que es así?
Pues en este sentido, no sabría muy bien qué decirte, Emilia. Si con impredecible te refieres a que lo que sucede en los relatos no sigue un orden lógico en el sentido de que cada acontecimiento tiene un antecedente que lo justifica, estoy de acuerdo en que Cachorros de arena está escrito más a golpe de intuición. Sin embargo, sí que creo que la atmósfera de la mayor parte de los cuentos tiene un aire de conjetura de algo que ha de suceder y que se va generando en torno a aquello que no quiere nombrarse. Y en este otro sentido sí que creo que hay una parte más predecible —que no previsible— en la mayor parte de las historias. Creo que desde la primera frase el lector sabe que entra en un lugar en el que se revelamiento.
También es verdad que no me interesan nada las historias con un fondo completamente cohesionado, ni los grandes desenlaces ni los finales cerrados o los relatos excesivamente estructurados. Literalmente, huyo de ese tipo de textos. Tampoco soy muy amiga de tramas trabajadísimas que condicionen demasiado al lector. No hay cosa que me produzca más terror que la claridad de ideas, o el pretender sentar cátedra o dar lecciones a nadie con un relato. Por el contrario, me muevo mucho más a gusto en la vaguedad y en la contradicción y en cuanto veo que algo que estoy escribiendo queda constreñido o comienza a asfixiarse —suele suceder cuando comienza a tomar una dirección única—, trato por todos los medios de romper su orden interno y si no lo consigo, generalmente lo deshecho.
En fin, me interesa lo arbitrario y en buena medida perverso de la convencionalidad, esa ilegalidad que inmediatamente emerge al cambiar el orden habitual de las cosas. También creo que es una grieta que se halla en lo cotidiano de forma permanente y por eso ninguna de las historias carecen de un vínculo claro con la realidad. Incluso las más ancladas en un género de lo extraño como pueden ser “Cabeza Rota” o “Tautología de un comedor silencioso” mantienen ese nexo. Eso sí, no hay una pretensión testimonial en ellas, sino más bien todo lo contrario.


Me interesa lo arbitrario y en buena medida perverso de la convencionalidad, esa ilegalidad que inmediatamente emerge al cambiar el orden habitual de las cosas.


¿Piensas, como indica Ángel Zapata en el prólogo de tu libro, que el pathos de Cachorros de arena es irónico?
En gran medida sí, y tengo que decir que, del generoso prólogo de Ángel Zapata, es una de las cosas que más satisfacción me dio. Te cuento por qué. Me interesa mucho la eficacia a la hora de escribir. Y con esto me refiero —lo aclaro lo antes posible para que no haya malas interpretaciones—, a que lo que quiero contar, trato de hacerlo de la forma en que considero que favorece más a lo que estoy contando. Y esto que digo suena sencillo, ojo, pero encontrar el tono emocional creo que es uno de los aspectos más complicados de los textos.
Bien, pero ¿qué es eso que estoy contando?
En realidad, no podría definirlo así en una sola palabra: busco hablar de cosas que no son demasiado cómodas, también absurdas, cotidianas o no, pero en muchos de los textos, se trata de relaciones bastante terribles. Bien pues para mí, cuestionarme y de alguna forma asentar la idea de la duda en la propia voz narrativa, es algo que entiendo como eficaz para abordar este tipo de historias. Cierta discordancia, el quiero-pero-no, o el contar una cosa con el fin de significar otra es algo que me ayuda o como bien apunta Ángel Zapata: «disimular lo serio en el semblante de lo aparentemente ligero, de hacer pasar de matute lo perturbador y lo terrible de lo humano bajo un envoltorio de farsa». Y sí, claramente en este sentido, el pathos de Cachorros de arena es irónico.



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