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¡Zas! Madrid | December 11, 2018

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Un país de cabreados - ¡Zas! Madrid

Un país de cabreados
Ángel Zapata
Digámoslo de entrada: el cabreo nos gusta. El cabreo forma parte de la esencia de lo español, como el futbolín y el toro de Osborne. España, desde siempre, es un país pronto a la cólera, un país íntimamente cabreado. La prueba es que incluso las fiestas tienen entre nosotros un fuste tormentoso y cruento, y si no se degüella a una gallina, si no se tira un chivo desde la torre de la iglesia, o se torea —de darse la ocasión— a un rojo, el sarao como que no nos sabe a nada.
Con esto no quiero decir que seamos una raza de energúmenos, que igual también, sino que aquí el cabreado nace y se hace, el cabreo lo traemos de fábrica, pero a la sombra y bien cuidado es duro y resistente como una hortensia azul, y nos puede durar hasta el otoño, hasta cualquier otoño. El cabreo decora y enaltece, es una insignia, una virtud social. El cabreo se respeta. En cambio a la alegría, flor rara, extravagante orquídea de invernadero, se le pregunta siempre por sus razones, no se sabe a qué viene. La gente risueña nos parece taimada, cuando no boba. Nos parecen tolilis que o lo son o se lo hacen, y que por eso mismo no inspiran confianza ninguna. El que nos trata con delicadeza, es que algo quiere de nosotros. El español, no obstante, mantiene en las borrascas de sus cabreos un afán de equidad, y es un ser salomónicamente cabreado con la vida y con la muerte.
Hace unos días, en Rebelión, decía Uriel Garrán López que una campaña electoral que toma por emblema la sonrisa era una campaña ya derrotada de antemano. Decía que en España, país de odios y de grandes cabreados, la alegría no vende. Y tenía razón. La España eterna solo pasea a hombros a sus toreros y a sus ofuscados. Yo creo, aun así, que el cabreo es ineficaz, estéril, y lo triste es que hayamos comprobado que la sonrisa y la moderación también. Reconozco que me dan claustrofobia este tipo de callejones sin salida. Y confieso, lo que es todavía peor, que me cabrean soberanamente.

 

 

 

 

Ángel Zapata es escritor y profesor de escritura creativa en la Escuela de Escritores. Es autor de La práctica del relato, Las buenas intenciones y otros cuentos, El vacío y el centro, Tres lecturas en torno al cuento breve, La vida ausente y Materia oscura. Ha obtenido el Premio Ignacio Aldecoa de cuento, Premio Jaén de relato, Ciudad de Cádiz, Ciudad de Huelva, y el Premio de la Fundación Fernández Lema. Tuvo a su cargo la edición de Escritura y verdad (cuentos completos de Medardo Fraile), y ha publicado igualmente la traducción de Poesía y revolución, de Louis Janover y Los datos fundamentales del Surrealismo, de Michel Carrouges. Su trabajo como cuentista ha sido antologado en Pequeñas Resistencias. Antología del nuevo cuento español, Los nuevos nombres del cuento español actual y Mar de Pirañas, nuevas voces del microrrelato español.

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