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¡Zas! Madrid | December 17, 2018

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¿Qué pasa hoy con el arte? La verdad sobre el artista americano, Nat Tate - ¡Zas! Madrid

¿Qué pasa hoy con el arte? La verdad sobre el artista americano, Nat Tate
Pedro M. Domene

¿Qué pasa hoy con el arte, con los artistas y con nosotros? —se pregunta Francisco Calvo Serraller en el prólogo de la reciente edición de Nat Tate (1928-1960). El enigma de un artista americano, de William Boyd, que Malpaso acaba de lanzar al mercado español después del sonado éxito de su primera edición en 1998. Y a la cuestión planteada, Calvo Serraller, propone que:

“El problema del arte actual es la carga inopinadamente sobrevenida sobre él al ser convertido en la única instancia interrogativa en un mundo que sobrevive solo gracias a las respuestas”.

O por decirlo de otro modo, “el arte se ha vuelto oracular sin pretenderlo, es decir: es lo único desconocido”, por consiguiente, nos enfrentamos al hecho desconcertante de que no sabemos qué es el arte contemporáneo” y es así como el crítico, defiende que “la historia del arte más veraz no es la de la inalcanzable verdad, sino la más viable de lo verosímil o, si se quiere, la novelada…”.

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Nat Tate es la biografía novelada más perfecta que un narrador jamás se haya propuesto escribir, corroborando así la teoría de Calvo Serraller sobre esa “inalcanzable verdad” a que nos sometemos a diario, y así poco más de tres lustros después, Nat Tate, no está solo en el Olimpo de los pintores inexistentes, sino que su fama llega hasta Sothebys, una de las más importantes casas de subastas del mundo. El cuadro en cuestión, Puente nº 114, que reproduce un puente de lo más naif surcado por unas oscuras aguas formadas por huellas dactilares, alcanzó en noviembre de 2011, en una reñida puja, la suma total de 8.500 euros que una anónimo coleccionista se llevó. En realidad, el comprador fue, cómo no, Boyd, y el dinero acabó siendo donado a una institución benéfica para artistas. Es evidente, que el arte moderno siempre se ha visto expuesto a bromas de este tipo, que ponen en evidencia a los críticos más pretenciosos.

¿Fue este, esencialmente, el propósito del novelista Boyd?

 

Único cuadro del pintor inexistente Nat Tate.

Único cuadro del pintor inexistente Nat Tate.

La biografía de Nat tate

El escritor William Boyd publicó, en 1998, un libro titulado Nat Tate: un artista americano 1928-1960. La obra era una biografía del expresionista abstracto Nat Tate, que aunque ignorado durante años gozó de cierta popularidad en los 50. Quizá el olvido se debiera a que Tate puso fin a su carrera, y a su vida, a principios de los 60. Alcoholizado y obsesionado por no poder alcanzar la calidad que quería para su obra, su existencia sufrió un rápido declive. Tras un viaje por Europa, de donde volvió aun más depresivo al observar la calidad del arte contemporáneo del viejo continente, regresó a EE.UU. e hizo todo lo posible por recuperar todos los cuadros que había vendido. Destruyó el 99% de su obra y en enero de 1960 se suicidó al saltar del ferry de Staten Island, emulando la muerte de su admirado Hart Crane. Su cuerpo nunca fue encontrado. Lo poco que quedaba de la obra de Tate fue reproducido en el libro de Boyd.

 

 

El escritor William Boyd, autor de la falsa biografía de Nat Tate.

El escritor William Boyd, autor de la falsa biografía de Nat Tate.

La fiesta de presentación de la biografía contó con unos padrinos de lujo. Se realizó el día de los inocentes, y David Bowie ‒que además de cantante y una prestigiosa figura del mundo del arte neoyorkino, fue quien había editado el libro de Boyd‒ leyó algunos pasajes del libro y el historiador del arte y biógrafo de Picasso, el conocido John Richardson, hablaría de la amistad de Tate con Picasso y Braque. Además, el libro incluía un elogioso comentario del escritor Gore Vidal, “El conmovedor retrato de un artista demasiado bien comprendido por su tiempo”. Hasta aquí la historia podría parecer normal y la vida de Tate podría formar parte del manual del artista torturado y suicida que no alcanzó la gloria en vida.

Sin embargo, a David Lister, un editor del londinense The Independent, le pareció sospechoso que nadie en el mundo del arte, salvo algunos amigos de Boyd, hubieran oído hablar de Tate, así que se puso a investigar y descubrió que ninguna de las galerías que se mencionaban en el libro existían y escribió un artículo diciendo que algunos de los miembros más importantes del mundo del arte habían sido víctimas de un engaño, un hecho que no tardó mucho en descubrirse.

Hoy sabemos toda la historia, Nat Tate había sido una invención de Boyd. Su nombre, según puede apreciarse, es una combinación de dos de las galerías londinenses más importantes: la Galería Nacional y la Tate. Las pinturas que se incluían en el libro las había hecho el propio Boyd y las fotografías que ilustraban la biografía provenían de una colección del escritor. Bowie, Richardson, Vidal y algunos intelectuales más participaron en el engaño ayudando a Boyd. Karen Wright, codirectora junto a Bowie de 21 Publishing, afirmó posteriormente que la broma no se había hecho con mala intención y que simplemente querían poner en un aprieto a algunos críticos de arte y hacerles decir «Sí, he oído hablar de él» para no quedar como ignorantes. Boyd, por su parte, comentó que se habían puesto suficientes pistas como para reconocer rápidamente el engaño, aunque parece que nadie lo advirtió. La revista estadounidense Newsweek trató de ponerse en contacto con Lister pero no consiguieron encontrarlo. Tal vez el propio Lister fuera otro engaño, aunque desde luego Boyd no llegó a confirmarlo.

La falsa biografía es una espléndida muestra de buen quehacer literario, incluso cuando Boyd escribe sobre ese sentimiento personal que provoca la irremisible pérdida de alguien que supuestamente hace de la vida un auténtico juego y de sus probabilidades en el futuro, y como al final pone en boca de uno de sus personajes, “Hubo en su muerte una enorme acumulación de símbolos infelices (de creación, de beatífica huida, de angustia), y en su propia, desesperada y voluntariosa muerte acuática se dibuja un último amargo gesto hacia el padre ahogado que nunca conoció”, y todo fruto de la exquisita invención de William Boyd.

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