Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

¡Zas! Madrid | November 19, 2017

Scroll to top

Top

La ironía y el absurdo como parte de la existencia, 'Las almas muertas' de Gógol

La ironía y el absurdo como parte de la existencia, ‘Las almas muertas’ de Gógol
Emilia Lanzas

Las almas muertas de Gógol, con ilustración de Alberto Gamón y con nueva traducción de Marta Rebón, un clásico reeditado por Nórdica

Gógol abandona la fantasía de sus mejores cuentos para mostrar en su novela Las almas muertas la realidad de la sociedad rusa. Una realidad grotesca, imbuida de la perplejidad que causa el absurdo, como el hecho de que el protagonista busque solamente almas que estén “realmente” muertas. A este respecto, Nabokov indicó en su Curso de Literatura Rusa: «Lo absurdo era la musa predilecta de Gógol; pero al decir “lo absurdo” no me refiero a lo chocante ni a lo cómico. Lo absurdo tiene tantos grados y matices como lo trágico, y además, en el caso de Gógol, linda con esto último. Sería equivocado afirmar que Gógol colocaba a sus personajes en situaciones absurdas. No se puede colocar a un hombre en una situación absurda si el mundo entero en el que habita es absurdo; no se puede, si por “absurdo” se entiende aquello que mueve a risa o a encogerse de hombros. Pero si lo que se entiende es lo patético, la condición humana; si lo que se entiende son todas esas cosas que en mundos menos estrafalarios van unidas a las aspiraciones más altas, a los sufrimientos más hondos, a las pasiones más fuertes, entonces sí que existe el hueco necesario, y un ser humano patético, perdido en el mundo de la pesadilla, irresponsable, de Gógol, sería “absurdo” por una especie de contraste secundario».

Respecto a su ironía, Gógol se enfrenta a través de ella a la oficialidad que pretendía una literatura en donde imperase lo bello y lo noble. Gógol construye una especie de “ficción terrena” en donde impera la vulgaridad, la codicia y la estupidez. Por ejemplo, cuando describe la existencia de uno de los personajes de la novela, el terrateniente Tentétnikov, quien tras un desengaño amoroso, el escritor indica que: «todo le hizo volver a la vida que el lector vio al principio de este capítulo: inercia supina».

La escasa línea que separa ironía y humor en Gógol es prácticamente inexistente. Una forma de observar y narrar que ya quedó para siempre en la literatura rusa, tal y como apuntó Thomas Mann: «Desde Gógol, la literatura rusa es cómica: comicidad de realismo, sufrimiento y piedad, de profunda humanidad, de desesperación satírica, y también de sencilla frescura vital; pero el elemento cómico gogolesco no le falta nunca, en ningún caso».

El porqué de las almas muertas
La economía rusa de mediados del siglo XIX se basaba en la esclavitud agraria. Hecho que no fue abolido, al menos sobre el papel, hasta la Reforma Emancipadora de 1861, dictada por el zar Alejandro II. Antes de esta medida, el destino de los siervos (denominados eufemísticamente “almas”) quedaba sometido a la jurisdicción del propietario de las tierras donde vivían, quien podía maltratarlos, subyugarlos y venderlos. Esta situación contextualiza históricamente Las almas muertas.
En aquella época —1842, año de la publicación de la novela— una de las preocupaciones del gobierno de Moscú estribaba en consolidar los vastos territorios siberianos mediante su poblamiento y explotación agraria. Entre las medidas impulsadas figuró la cesión de determinada extensión de tierras a quien justificara la posesión de un número mínimo de “almas” que establecer como colonos. Por otra parte, los impuestos quedaban fijados en función del número de siervos de los que disponían los terratenientes. Cuando se producían muertes aún no registradas en los censos, los propietarios se veían obligados a abonar impuestos por los siervos fallecidos. El protagonista Chichikov emprende un viaje para ofrecer a los terratenientes comprar esas almas muertas y así obtener del gobierno nuevas tierras: este es el motivo recurrente de la novela. El escritor conocía bien el medio rural donde se desarrolla la mayor parte de esta historia, así como el sinsentido de la burocracia zarista, caracterizada por una corrupción inconmensurable, y las extravagancias de la idiosincrasia rusa, subtramas que consolidan Las almas muertas.

La intromisión del escritor
Gógol se introduce a menudo en la historia. Habla directamente al lector. El propio escritor realiza la crítica de su protagonista, Chíchikov, estereotipo de antihéroe, al disertar largamente sobre el rufián pagado de sí mismo que es. Advierte que «cabe dudar de que el héroe que hemos escogido sea del agrado del lector. A las damas les disgustará, de eso se puede estar seguro, pues ellas exigen que un héroe sea la perfección personificada y ¡pobre de él si presenta la menor tara, ya sea física o espiritual!».
También interviene para criticar con ironía el uso de otros idiomas en detrimento de la lengua rusa: «… si una palabra de la calle acaba en un libro, la culpa no es achacable al escritor, sino a los lectores y, sobre todo, a los lectores de la alta sociedad: ellos son los primeros a los que nunca oiréis pronunciar una sola palabra rusa decente». Y en otro capítulo: «no estará de más observar que en la conservación entre las dos damas se mezclaban muchas palabras extranjeras y alguna que otra frase larga en francés. Pero, por mucho que reverencie este autor la ayuda salvífica que presta la lengua francesa en Rusia, por hondo que sea su respeto por la estimable costumbre de nuestra clase alta de comunicarse en ese idioma a todas las horas del día, tiene, no obstante, un profundo amor a su patria y, por ello, decididamente no puede introducir en este poema ruso ni una sola frase extranjera».

Alberto Gamón, ilustrador
Alberto Gamón ha realizado una estupenda ilustración de la novela, teniendo muy en cuenta que en Las almas muertas, Gógol realiza un retrato sarcástico de la sociedad rusa que le tocó vivir. «Por eso, en mis ilustraciones, los personajes aparecen caricaturizados y enmarcados como si fuesen cuadros». Gamón indica que antes que ilustrador es lector y sus imágenes no dejan de ser la interpretación que él hace del texto.

Igualmente, Gamón ubica en la época y en el momento concreto todas sus ilustraciones: «para mí fue importante documentarme bien sobre el autor y la época en la que contextualiza la historia. De aquí salieron hallazgos que luego utilicé en mi trabajo: Cuando el protagonista se topa con una joven, dibujé a la muchacha dentro de un huevo Fabergé, ya que Gógol la describe así: “El bonito óvalo de su cara se redondeaba como un huevito fresco, tenía además la blancura traslúcida de cuando éste acaba de ser puesto…”».
En otro capítulo del libro, Chíchikov da largos paseos por la naturaleza. Alberto Gamón realiza una ilustración en la que el personaje está entrando dentro de un cuadro de Alekséi Kondrátievich Savrásov (Савра́сов), pintor ruso paisajista. En ambos casos, son elementos contemporáneos a la época en la que transcurre la historia.

Las tres partes de Las almas muertas
De las tres partes que conformarían Almas Muertas solo se conserva la primera, publicada con anterioridad, y partes de la segunda. Y a pesar de ello se la considera “la primera novela rusa moderna”.
Gógol veía la creación de Almas muertas como la tarea más grande de su vida –«toda Rusia estará representada en ella», escribiría– y se planteaba con ella un reto artístico de dimensiones gigantescas: en la primera parte del poema pretendía mostrar el infierno de la realidad rusa, en la segunda reflejar el purgatorio y en la tercera el paraíso. Pero solo fue escrito y publicado el primer tomo. El segundo no llegó a ver nunca la luz porque fue quemado por su propio autor y el tercero no fue ni siquiera empezado.