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¡Zas! Madrid Periodismo Social y Cultural- Suscripción gratuita | April 20, 2018

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La guerra y sus devastaciones en el poemario 'Las naciones hechizadas', de Viviana Paletta - ¡Zas! Madrid Periodismo Social y Cultural- Suscripción gratuita

La guerra y sus devastaciones en el poemario ‘Las naciones hechizadas’, de Viviana Paletta
Emilia Lanzas

Entrevista a Viviana Paletta

«En estos poemas quise que sonaran las voces de las víctimas»

La escritora Viviana Paletta, autora del poemario 'Las naciones hechizadas'.

La escritora Viviana Paletta, autora del poemario ‘Las naciones hechizadas’.

Viviana Paletta nació en Buenos Aires. Reside en Madrid desde 1991. Autora de los libros de poemas El patrimonio del aire y Arquitecturas fugaces (en imprenta). Incluida en las antologías: EstruendomudoLos poetas interiores. Una muestra de la nueva poesía argentina; Poemas y poetas argentinos y Activism Through Poetry: Critical Spanish Poetry in Translation. Sus relatos aparecen en: Di algo para romper este silencio; El arca. Bestiario y ficcionesAntología de seres de la noche y Por favor, sea breve 2. Ha editado y prologado Cuentos completos de Rodolfo Walsh y Los peligros de Paulina y otros cuentos selectos de Salvador Garmendia. En su último libro de poesía, Las naciones hechizadas, como indica en el prólogo Óscar Curieses«…nos sitúa no solo en los hechos, sino en las emociones que produce toda esa devastación, y lo consigue a través de instantáneas/ poemas que recogen experiencias/ hechos en distintos momentos de la Historia».

A veces versificas desde una posición de narrador que vive los hechos y otras como un observador que contempla, pero en ambos casos padeces lo que describes: ese vasto espacio de destrucción.
Exactamente. Cuando la idea para este libro surgió en mi cabeza tuvo un título larvario, «Teatro de operaciones», título que remite a la idea del escenario bélico, pero también la idea de contemplar una dramatización, bajo el que trabajé largo tiempo, porque para mí resultaba evidente que vemos siempre la guerra como un espectáculo, una teatralización en otro lado, en el tiempo o en el espacio, a través de los libros, los medios de prensa, las artes gráficas y audiovisuales, sin tener la experiencia tangible. Y quise acercarme a ello mediante todos los puntos de vista a mi alcance, como testigo, víctima o victimario, como protagonista bajo distintos ropajes, individuales o colectivos, para expresar ese padecimiento real que supone el hecho bélico.

 

La musicalidad —tan presente en los poemas de Las naciones hechizadas — se relaciona, sobre todo, con las pausas y cortes y con los encabalgamientos. El ritmo está especialmente marcado por la intensidad, ¿es por la crudeza de la temática que tratas?
Para mí no existe la poesía sin música, es intrínseca a su naturaleza lírica, cualquier sea la temática o la forma. En este caso, quizá por la crudeza o por emular la fanfarria castrense, hay en algún poema una rítmica buscada de marcha militar, discordante, para acentuar lo inarmónico, como una retahíla de aullidos, la discordia que provoca el suceso bélico en la vida de cualquier persona y pueblo.

Aunque escribas sobre acontecimientos reales, históricos, momentos ciertos, ¿es inevitable la autorreferencia?
Este libro es el resultado de un trabajo documental ajeno hasta ese momento a mi quehacer de poeta. Quería trabajar con conocimiento de causa, investigar sobre ciertas guerras que han tenido lugar a lo largo de la historia (las mal llamadas Reconquista o la Conquista del Desierto, en el caso de Argentina, la guerra del Chaco, la dos guerras mundiales, la guerra de las Malvinas, la de los Balcanes, la del Golfo…), así como sobre sucesos que las rodearon como la destrucción de las ciudades, los éxodos y las migraciones de los sobrevivientes, la quema de bibliotecas, etc., y también sobre técnicas que supusieron un cambio sin retorno en la ejecución de acciones bélicas (el uso del gas, la desaparición de la población civil como objetivo, los recursos bacteriológicos o atómicos) y como telón de fondo, ineludible, el beneficio sobre particulares y sobre Estados e imperios (sea la fortuna amasada en la guerra que distingue a la nobleza o la industria armamentística, que goza siempre de tan buena salud). Entre toda esta masa de información, quise que sonara las voces de las víctimas y, en ese caso, creo que a partir de la empatía uno acaba autorreferenciándose, aunque no sea perceptible a primera vista, porque el yo poético transmite una forma de sentir, de experimentar propia.

¿Utilizas el signo ortográfico del corchete para marcar silencios? o ¿para testimoniar lo insuficiente de las palabras ante el horror?
Creo que estás refiriéndote en particular al poema que cierra el libro, «Enciclopedia universal». El texto consiste en una larguísima enumeración no lírica de términos y hechos bélicos, sin calificación y sin solución de continuidad, salvo el cambio de letra del alfabeto que los engloba y separados por barras inclinadas. Estas enumeraciones están aleatoriamente interrumpidas por palabras entre corchetes, adjetivos calificativos que se refieren a las víctimas anónimas de toda guerra y que no se mencionan en las enciclopedias (salvo el número redondo y contundente de las estadísticas). A veces los corchetes no engloban ningún término, [ ], haciendo referencia al silenciamiento atroz o directamente al borramiento de las víctimas. El poema se cierra con una larga riada de estos corchetes, recurso con el que quise emular una riada de lápidas sin nombre, la supresión definitiva.

¿De qué están las naciones hechizadas? En tu poema inicial que titula el libro hablas más de posesión de materialidades y conquistas vanas que de guerras. ¿Estamos hechizados, naciones y personas, por lo que tenemos, no por lo que somos? ¿Es más “la pérdida del yo”, antes que otra cosa?
Me parece muy difícil saber de qué están hechas las naciones… Pero me resulta evidente que, en muchos aspectos, estas se erigen sobre consignas e intereses que acaban llevando a la guerra. Bajo su influjo, como si se tratara de un hechizo colectivo, la gente sale a matar y se deja matar. Creo que el yo cede y pierde todo terreno cuando un fantasmagoría colectiva obnubila su razonamiento, se deja dominar por una abstracción, por una representación. Y este suspenso de la reflexión, que lleva a la uniformización de los deseos, las aspiraciones y los miedos de las personas, creo que las vemos cada día en el mundo de los medios masivos y especialmente en el mundo de la publicidad y las novedades comerciales. El sujeto hoy en día para el sistema se reduce a ser un mero cliente, uniforme, al que se avasalla con oferta de productos, con idearios y filosofías de quita y pon, hasta con un modo ideal y «exclusivo» de existencia. Otro hechizo.

LIBRECAMBIO

No se puede medir
esta extensión
con una lengua raquítica.

Hemos alcanzado el principio
de la igualdad
del dinero.

Demás está decir que llueve
y un párpado aterido
concede la licencia
para dispararle.
Es un cuerpo vano. Se enreda entre las hojas.
La tarde ni se asombra.

Cambio es dinero.
Quietud es dinero.

Al cuerpo no le atañe lo que es.
No presiente su parcelación,
el éxtasis de las mercancías.
Su don nadie en las guerras ajenas.
No va más allá de la fosa común
y su arpón sin rezo.

Sólo su cabeza vacila
entre la quietud y la escasez.

 

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