Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

¡Zas! Madrid | November 19, 2017

Scroll to top

Top

La desvergüenza de un premio: el Princesa de Asturias de la Concordia a la Unión Europea

La desvergüenza de un premio: el Princesa de Asturias de la Concordia a la Unión Europea
Jesús Puente

El 20 de octubre se entregó el Premio Princesa de Asturias de la Concordia a la Unión Europea, a pesar de su incumplimiento en la ayuda a los refugiados

Se acaban de cumplir dos años desde que la Unión Europea estableció acoger al menos 160.000 refugiados provenientes en su mayor parte de Siria. Actualmente, la UE ha acogido solo a 28.200 personas, un 18% del total

Siguen muriendo ahogados en el Mediterráneo, de manera cruel y evitable, centenares de seres humanos que tratan de llegar a Europa, al estar cerrada por los Estados miembros de la UE toda vía legal y segura de acceso. Si en 2016 murieron al menos 5000 personas ahogadas, a finales de julio de este año se contabilizaron no menos de 2400.

La UE llega a acuerdos con regímenes autoritarios como el de Turquía, para retener a millones de refugiados, a cambio de miles de millones de euros y la complicidad política con el régimen de Erdogan. La UE forma y financia a guardacostas de una de las facciones en las que se divide el Estado destruido de Libia, para que impidan la salida de refugiados y para que eviten, con la amenaza de la violencia, que los barcos de salvamento de las ONGs solidarias operen cerca de la costa. Operar cerca de la costa supone evitar que los refugiados naufraguen en alta mar, supone salvar vidas.

Podríamos seguir citando ejemplos como las ilegales y crueles devoluciones en caliente muy practicadas por el gobierno español, o la existencia, también en la España miembro de la UE, de los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIEs), donde se hacinan millares de seres humanos en un limbo jurídico y en un purgatorio humano, o las vallas con concertinas sangrientas en las fronteras de Ceuta y Melilla.

En definitiva, la conclusión es tan triste como clara: La UE incumple sus propios compromisos, incumple su propia legislación de asilo y refugio, y incumple la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, pieza fundamental del Derecho Internacional Humanitario (DIH), levantada sobre la destrucción y las masacres de la II Guerra Mundial.

Pues a esta Unión Europea, enfangada en sangre y mentiras, la Fundación Princesa de Asturias le otorga el premio de la Concordia. La Fundación Princesa de Asturias no es cualquier cosa, es la institución creada por la casa real para promoverse a sí misma como patrocinadora de la cultura y las artes, como impulsora de valores y actitudes que la presenten como institución equilibradora, moderada. Con este premio la casa real echa un capote a una institución que no solo está desprestigiada, es también responsable de políticas migratorias que contravienen todos los acuerdos internacionales que ha firmado, políticas migratorias que causan víctimas, que matan

La decisión de la casa real es, sin embargo, plenamente coherente con el discurso y la práctica de la monarquía española en un asunto de tal trascendencia moral y política. Ese discurso se caracteriza por grandes palabras sin contenidos, y grandes apelaciones genéricas sin ninguna concreción. Esa práctica es la de ninguna exigencia específica a los poderes públicos para que cumplan con sus obligaciones de asilo y refugio, es la de ninguna empatía con los seres humanos concretos y reales que padecen el sufrimiento, no solo el de la migración forzosa por la guerra y el empobrecimiento, también el del riesgo de muerte real por no poder utilizar un pasaje seguro para acceder a Europa, como exigen las leyes que, en este caso, no parece importar que no se cumplan.

Si repasamos las intervenciones del rey sobre asuntos migratorios, y sobre la situación de las personas migrantes que viven en España, nos encontramos con discursos vacíos y genéricos como los que pronunció en Naciones Unidas, en septiembre de 2016. Nos encontramos con el silencio acerca de las muertes en el Mediterráneo y sus responsables, con el silencio acerca del incumplimiento de la UE de sus compromisos de acogida, con el silencio sobre la situación de las fronteras de Ceuta y Melilla, con ninguna referencia a la devolución de la tarjeta sanitaria al cerca del millón de migrantes residentes en España a los que les fue retirada a finales de 2012. Bien es cierto que ese silencio resuena en otros asuntos, como los desahucios, por lo que no parece muy probable una visita del rey ni a un CIE, ni a una familia desahuciada por un Banco.

Seguramente por coherencia con estos silencios y malas prácticas, la Fundación Princesa de Asturias apoya y da respetabilidad a instituciones, que como la UE o la propia monarquía española, están fuertemente cuestionadas por su papel protagonista en la gestión y desarrollo de la estafa económica, exclusión social y retroceso democrático que padecemos en Europa desde hace una década. Si damos un vistazo al jurado que concede el premio de la Concordia, esta red de apoyos mutuos queda bastante clara, nos encontramos con los presidentes de la Caixa, de Repsol, de Acciona, entre otros.

Ante lo que parecen ser las verdaderas razones por las que determinadas instituciones públicas se homenajean unas a otras, pretendiendo difundir además falsos mensajes de civismo y pública concordia, solo cabe responder con la denuncia de esas falsedades, y con la claridad del no en nuestro nombre. Es también necesario señalar que la gravedad y crueldad de las políticas migratorias de la UE no merecen ningún premio, merecen demandas judiciales y persecución penal para sus responsables, demandas que ya se están presentando en diferentes tribunales europeos. Es a la vez indispensable movilizarse y organizarse contra estas políticas crueles, xenófobas y antidemocráticas, y hacerlo también contra las instituciones, que con recursos públicos, pretenden esconder y blanquear estas políticas.

Instituciones, en este caso, como la Fundación Princesa de Asturias a la que cabe exigir la rectificación de su decisión. Aunque solo sea para recordarle que premios vergonzosos como el concedido a la UE, pesarán más temprano que tarde sobre sus conciencias y sobre sus currículos, cuando la ciudadanía haga que salgan de la burbuja y del desatino en el que están inmersas.