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¡Zas! Madrid | December 17, 2018

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Acaba de morir José Menese, el gran cantaor flamenco - ¡Zas! Madrid

Emilia Lanzas

●«Yo soy una persona formada en una época en la que el cante era todo pureza y dignidad… Eso de la fusión y el mestizaje son productos comerciales»

●«Cuando no se es coherente y honrado con uno mismo, lo que se hace no puede ser bueno»

●«Camarón, sin negarle su importancia, fue un fenómeno político, comercial»

●«Creo que toda persona que piensa debe comprometerse políticamente»

 

José Menese vivía en Madrid, en el barrio de Carabanchel. Hijo de un zapatero y una lavandera de Puebla de Cazalla, fue una persona reivindicativa, luchadora, irónica.  Militante comunista, se mantuvo al margen del flamenco comercial. Era un cantaor puro. El primero y el último que actuó en el Olympia de París. Le entrevisté cuando tenía cincuenta y ocho años, en un bar cercano a su casa. Ya llevaba tres by-pass. Dijo que solo sabía cantar como le enseñaron, «como le parió su madre», como pensaba que se debía hacer. Su ortodoxia no admitía fisuras. Tampoco su lucha política que consideraba parte indispensable de toda persona que se precie. Fuertemente unido a los artistas de su época: Rosales, García Nieto, Quiñones, Saura, Viola… Menese era, ante todo, un hombre bueno. Sencillo, sentimental: la misma piel, el grito limpio.

José, ¿qué es el cante por derecho?

Hacer el cante puro, musicalmente hablando, sin más aditivos.

Partiendo de esta afirmación, ¿qué opinión te merecen las fusiones del flamenco con otros ritmos?

Yo soy una persona formada en una época en la que el cante era todo pureza y dignidad. Siempre he dicho que eso de la fusión y el mestizaje en el flamenco son meros productos comerciales. Todavía no he oído algo que merezca la pena, pero si eso ocurre alguna vez, me quitaré el sombrero.

Falta corazón…

Sí, la palabra corazón me parece muy acertada. Y también que cuando no se es coherente y honrado con uno mismo, lo que se hace no puede ser bueno. Ahora lo único importante es la fiebre económica, los cantantes jóvenes solo piensa en ganar dinero, y las multinacionales solo quieren productos comerciales, con lo que se junta el hambre con las ganas de comer.

¿Y lo que han hecho cantaores como El Lebrijano, Morente, José Mercé…?

Ellos están en su sitio y yo estoy en el mío. En mi opinión, no es un cante en serio. Chano Lobato a sus 72 años continúa siendo una figura, eso da la medida de cómo están las cosas. El flamenco está muy mal, hay que airearlo.

Entonces, ¿cómo vislumbras el futuro del cante?

Soy bastante pesimista. No vislumbro buenos augurios al flamenco puro. El panorama no es, desde luego, de buenos cantaores.

¿Qué opinión te merece la concesión de la Llave de Oro del Cante a Camarón?

Cuando me lo dijeron, sinceramente, me sentó como una patá. No enciendo que se le dé a un muerto, cuando la Llave estaba muy bien donde estaba: en las manos de Antonio Mairena, que ha sido el más grande cantaor que ha existido nunca.

No se puede negar que Camarón tuvo una inteligencia natural para el cante, y siempre le consideré un buen amigo mío; pero eso no quita la verdad: no llegaba, ni mucho menos, al nivel de Mairena. Un cantaor debe dominar la soleá, la seguirilla y el cante por tonás o no es un gran cantaor.

Mairena, aparte de su voz, su calidad y su duende, fue un arqueólogo del cante, su trayectoria como investigador fue enorme.

Lo de Camarón, sin negarle su importancia, fue un fenómeno político, comercial.

Te afiliaste al Partido Comunista en el año 68. Hace unos días estuviste cantando ante los trabajadores en huelga de Sintel; asimismo, las letras de tus canciones poseen un gran peso reivindicativo. ¿Por qué crees que es necesario el activismo político?

¿Por qué es necesario respirar? Aun cuando estoy bastante desengañado, creo que toda persona que piensa debe comprometerse políticamente. Ahora, todo el mundo es extremadamente cómodo. ¿Tú has visto alguna vez más fútbol que ahora? Nada importa, si hay miles de personas que se mueren de hambre, pues vale…

Tienes una larga trayectoria de actuaciones en los Colegios Mayores universitarios en donde, en la época franquista, tus conciertos constituían auténticos actos reivindicativos y de protesta.

De los años 60 a los 80, el mundo universitario estaba vivo, apoyaba la lucha política y, también, la defensa del flamenco en sí. Todos los Colegios Mayores se abarrotaban con actuaciones de este tipo. Ahora solo actúo, a veces, en el San Juan Evangelista. Pero en aquellos momentos, en plena dictadura, era todo un espectáculo, cargas policiales incluidas. Yo hacía manifestaciones muy fuertes, y el público me secundaba. Las llamadas letras contestatarias tuvieron una gran importancia en la lucha política de aquellos jóvenes.

¿Dónde está la diferencia esencial entre un cantaor gitano y un cantaor payo, como tú?

Cantaores buenos payos solo ha habido cinco o seis; en cambio gitanos se cuentan a miles, y eso es muy significativo. Yo creo que los gitanos tienen eso que se llama “pellizco”, lo que Mairena tenía hasta comiendo. Eso es algo con lo que se nace.

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