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¡Zas! Madrid | July 16, 2018

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'Gritos, Desgaraduras y Rapaces', el lirismo terrible e incontrolado de Joyce Mansour - ¡Zas! Madrid

‘Gritos, Desgaraduras y Rapaces’, el lirismo terrible e incontrolado de Joyce Mansour
Emilia Lanzas

Joyce Mansour vivió la gran época del surrealismo en Francia y su adhesión a él, y también su amistad con André Breton y Georges Henein, significaron la salvación para una mujer predestinada a una existencia insustancialmente burguesa.

Gritos, Desgaraduras y Rapaces (de Ediciones Igitur) supone una gran oportunidad para conocer en profundidad su poesía. El libro reúne Gritos, primer poemario de Mansour aparecido en París en 1953, Desgarraduras, de 1955, y Rapaces, de 1960, cohesionados los tres por su «función exorcisante», como apunta Eugenio Castro en el epílogo: «pues arroja afuera lo que en forma de tormentos la asedian». Este carácter biográfico y terapéutico, metamórfico, conforma versos de una sinceridad violenta y subversiva.

He buscado tu nombre en las bocas de los moribundos
Te he besado a pesar de mis dientes postizos
Te he acariciado los senos marcados por la angustia
Cierva a rayas de llameantes ojos
Mujer maldita con pies de jade
Mi sexo te persigue a la sombra de una ola
Indiferente a los años que declinan
Sin dejar nunca
De gritar

Con toda la fuerza de la negación, la poesía de Mansour hiere, no da tregua. Un lirismo incontrolable y terrible. Inesperado. Porque, como afirmó Carrouges: «Únicamente lo inusual puede producir un efecto poético».

El cuerpo, tan presente en sus poemas, se disgrega en partes: cabeza, ojos, cuello, piel, boca, tripas, dedos, pecho, vientre: Con una lengua en cada ojo y una pierna en los hombros. Los paralelismos que ondulan el espanto: Y camina por la sombra de la sombra de la sombra/De la sombra. La falta total de puntuación desboca el sentimiento solamente medido por los márgenes en blanco que actúan como fugaces silencios. Las increíbles imágenes que Mansour crea reiteran lo que Bataille dijo hablando de Sade: «Que el impulso del amor, llevado hasta el extremo, es un impulso de muerte». Este erotismo del desgarro se une en Mansour con una sutil indagación romántica en lo oscuro y primario, pero también con un humor agonizante:

Suena el teléfono
Y responde tu sexo.
Su ronca voz de cantante
Sacude mi tedio
Y el huevo duro que es mi corazón
Se fríe.

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