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¡Zas! Madrid | October 19, 2017

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Entrevista al escritor Francisco López Serrano: «Podríamos decir que la indignación es mi musa»

Entrevista al escritor Francisco López Serrano:  «La indignación es mi musa»
Pedro M. Domene

Francisco López Serrano: «El mundillo cultural es en general de una gran falsedad, en él solo importa el dinero y el éxito»

Francisco López Serrano ha publicado las novelas El país de la lluvia, Retrato del asesino en prácticasEl Prado de los Milagros, El tiempo imaginario, y los libros de relatos El hígado de Shakespeare, Dios es Otra y Los hábitos del azar. Autor asimismo de seis libros de poemas publicados como La caricia de un sueño, La sombra de Dios o El último hombre sobre la tierra. A lo largo de su carrera ha obtenido numerosos premios como el José María de Pereda y Ciudad de Barbastro de novela; el Generación del 27 de Narrativa; el Setenil Ciudad de San Sebastián o el Ignacio Aldecoa de Cuentos, y el Luis Cernuda y el Blas de Otero de Poesía. Actualmente reside en Madrid. La última novela publicada es Los Misterios.

El poeta, novelista, cuentista y traductor Francisco López Serrano.

El poeta, novelista, cuentista y traductor Francisco López Serrano.

Permítame preguntarle, ¿la suya es una lenta carrera de fondo, tan variada como variopinta hasta llegar a hoy?

Así es, y me temo que seguirá siendo tan lenta, variada, variopinta, solitaria y puede que incluso insobornable (a la fuerza ahorcan), hasta el fin de mis días.

Se lo pregunto porque ha “picoteado” en todos los géneros, novela, relato poesía, e incluso traduce, ¿en qué faceta se siente más cómodo?

Si hablamos de comodidad, creo que en la de traductor. En esa faceta hay que mantener a la bestia de la imaginación sedada en su cubil, lo que permite que el trabajo, sin dejar de ser creativo a su manera, sea mucho más sosegado.

Usted ha manifestado, en alguna ocasión, que su vocación literaria la despertaron los poetas malditos franceses, ¿sigue identificándose con semejante actitud?

En mi primera adolescencia me fascinó sobre todo la figura de Rimbaud. Hoy, al contrario que él, creo que hay que molestar todo lo posible en la literatura y lo menos posible en la vida. En ese sentido me considero un poco punk. La rebeldía, la provocación y la indignación son buenas motivaciones para escribir. A mí lo que en realidad me mueve es estar en contra; la indignación y el cabreo me dan impulso. Podríamos decir que la indignación es mi musa.

En momentos tan difíciles como los actuales, ¿seguimos necesitando reírnos?  Viene al caso porque su última novela Los Misterios  está salpicada de humor, ironía…

Necesitamos pequeñas e inocuas farsas para distraernos de la gran farsa. Colocar el foco de atención en situaciones absurdas o crueles de la vida cotidiana y trasladarlas con humor a la escritura es una forma de conjurarlas. Si uno fuera capaz de distanciarse lo suficiente de la realidad cotidiana como para apreciar todo lo que esta tiene de esperpento, de ópera bufa; si pudiera dejar de sentirse implicado y afectado por ella, soltaría una carcajada apocalíptica.

¿Establece usted una diferencia temática entre su obra breve y la extensa?

Creo que en ambas aparecen los mismos temas: lo paródico, la mirada extrañada sobre la realidad, la enajenación sistemática de la memoria, la ingravidez universal, la preocupación por la muerte, el sexo…

¿Qué le preocupa más, rematar bien un cuento o desarrollar un tema más amplio en una novela?

Desarrollar temas amplios en las novelas es una tarea que tiene mucho de burocrática y, a veces, incluso de pacientemente documentalista. Rematar bien un cuento es por el contrario una cuestión de virtuosismo.

El año pasado publicaba El tiempo imaginario, una auténtica fábula sobre lo real y lo onírico, ¿es esta su forma de dar sentido al mundo?

Sí, de dar sentido a un mundo sin sentido, es decir, al mundo real. Cuando me propuse escribir El tiempo imaginario, el referente inmediato fue Alicia a través del espejo. Quería dar coherencia y método a una historia a través del delirio y el sueño. La realidad arrastra siempre un cono de sombra que la emparenta estrechamente con su reverso. Si yo leo por ejemplo las famosas palabras de la Reina Roja en Alicia: «¡Un país bastante lento! Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio », no me viene a la cabeza una vaga hipótesis evolutiva sino la propia realidad que me rodea.

Un pequeño inciso para hablar de sus cuentos, y me refiero al artificio, digresión y una atenta observación de la realidad que caracterizan a sus relatos, ¿siguen siendo las mismas premisas de su inquietud por lo breve?

Todos los rasgos que usted señala permanecen en ellos. Pero creo que el elemento más constante es la parodia de la realidad, esa forma esperpéntica de acercarse a lo cotidiano que nos permite una mirada extrañada y lúcida y por tanto crítica sobre ella. Lo paródico muestra la realidad deformada para, mediante el recurso del extrañamiento, recuperar ese verdadero sentido que la mirada habitual, los prejuicios y la costumbre nos ocultan.

En Los Misterios de nuevo se le antoja que este mundo es extraño y poco habitable, ¿no ha encontrado aún su lugar o es un simple recurso para ejercer de juez severísimo?

El mundo está cruelmente bien hecho en el sentido homérico de que los dioses urden tragedias para que los hombres puedan cantarlas. Como escritor me siento por tanto como pez en el agua en este mundo. Ahora, como ser humano a secas la cosa resulta bastante más jodida. Por lo demás procuro no juzgar, sólo trato de exponer o, a lo sumo, fiscalizar, traer a juicio.

Sin embargo, en esta novela, el paisaje resulta idílico, el Pirineo, ¿quizá frente a la esquizofrenia de alguno de sus personajes?

Todos los paisajes literarios, como conocían Poe y Unamuno son en cierto sentido emocionales, pues acaban siendo a menudo una metáfora del estado de ánimo del personaje. El hecho de que para el urbano narrador de Los Misterios el paisaje pirenaico sea un lodazal lleno de mosquitos y bostas de vaca, supongo que dice bastante acerca de su carácter.

Claro, en realidad, hablamos de artistas, intelectuales, escritores, ¿una revancha personal?

Quizás. En su enumeración ha olvidado los editores. El mundillo cultural es en general de una gran falsedad, en él solo importa el dinero y el éxito. Si el mundo económico, político y social en este país alcanza un grado de corrupción superlativo, en el mundo cultural la corrupción está generalizada y goza de la mayor impunidad; basta echar un vistazo, por ejemplo, al sistema de los premios literarios. ¿Por qué? Porque en este país la cultura no le importa a nadie un carajo.

Al final de la novela, “entre todos lo mataron y él solito se murió”, ¿una auténtica tragicomedia de enredo con tintes de negro?

Con esta novela trataba de saltarme deliberadamente todas las reglas del Detection Club, incluso la que proscribe la intervención de lo sobrenatural en la solución de un crimen.

Algunos personajes rayan en la hipocresía, la apariencia y la mentira, ¿insiste usted en lo vulgar de este mundo?

No soy yo, es el propio mundo el que se obstina en insistir.

Parodia de las novelas de detectives, irónica reflexión sobre alucinógenos y sus consecuencias, ¿o dejamos al lector que saque sus propias consecuencias?

Dejemos que el lector aclare los misterios.

No cabe duda alguna, Los Misterios, es un auténtico divertimento, una crítica a una sociedad decadente y capitalista, ¿quizá porque se escenifica en un psicodélico escenario?

Tal como se dice en la novela, los nuevos supermercados espirituales, el zen, la New Age y otras técnicas de misticismo aplicado, incluida la experimentación con sustancias alucinógenas, se han convertido en recursos para mitigar el miedo a la muerte entre algunos individuos del occidente decadente y capitalista que no han podido superar el vacío que ha dejado en sus almas la muerte de Dios. Si es cierto lo que aseguran algunos historiadores y etnobotánicos respecto a que las religiones primitivas tuvieron un origen enteogénico o psicodélico, quizás todos estos huérfanos de Dios estén haciendo sin saberlo su viaje a los orígenes.

¿Y el erotismo, tan presente en su obra, complementa aquí esa descripción tan degenerada de sus personajes?

Más que de erotismo yo hablaría de sexo crudo o, mejor aún, de pornografía. Hoy día hay muchos individuos a los que no les excita tanto el otro como la imagen de sí mismos copulando. La pornografía ha convertido el sexo en algo puramente reflexivo, en una forma sofisticada de onanismo, de masturbación con una utilería, el otro, no siempre dócil y manejable. Yo he tratado de reflejar en la conducta sexual de mis personajes esas “degeneraciones” en boga.

Finalmente, la novela está poblada de guiños cinematográficos y literarios, ¿nuevos temas que le sugieren propósitos nuevos, o historias que se repiten?

De todo un poco, homenajes, parodias, caldos viejos en odres nuevos y viceversa… La facilidad con que los clásicos, Shakespeare, Cervantes y “C.ª “se aposentan y encajan en lo nuevo, demuestra que en realidad no hay nada nuevo bajo el sol.

La novela aparece en un pequeña editorial de provincias, en Málaga, con ambición de proyectarse, ¿qué le parece su apuesta y qué le anima a usted a formar parte de este catálogo de EDA?

Creo que las pequeñas editoriales independientes son hoy día el último refugio de la literatura, y me siento muy a gusto entre gente, autores y editores, que ama la literatura.

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