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¡Zas! Madrid | September 23, 2017

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El poeta Javier Bozalongo publica su primer libro de relatos, 'Todos estaban vivos' - ¡Zas! Madrid

El poeta Javier Bozalongo publica su primer libro de relatos, ‘Todos estaban vivos’
Pedro M. Domene

«Uno siempre siente temor al presentar un nuevo libro, y más si cambia de la poesía a la narrativa, pero haberlo presentado me ha animado a retomar otros proyectos narrativos que tenía guardados»

El poeta, escritor y editor Javier Bozalongo. (Fotografía de Joaquín Puga).

El poeta, escritor y editor Javier Bozalongo. (Fotografía de Joaquín Puga).

 

Javier Bozalongo (Tarragona, 1961) ha publicado los poemarios Líquida nostalgia (2001), Hasta llegar aquí (2005), Viaje improbable (2008) y La casa a oscuras (2009) además de las antologías Nunca el silencio (Costa Rica, 2012), Has vuelto a ver luciérnagas (México, 2015) y Las raíces aéreas (Ecuador, 2016). Dirige la colección de poesía de Valparaíso Ediciones.Todos estaban vivos, de Esdrújula Ediciones es su primer libro de relatos.

¿Cómo se llega de la empresa privada a un mundo tan complejo como el de la literatura?

Siempre había tratado de compaginar mi labor profesional con la literatura, aunque por razones obvias no le dedicaba todo el tiempo que me hubiera gustado, hasta que surgió la oportunidad de cambiar totalmente de actividad y dedicarme de manera permanente a la edición y a la literatura.

Sus inicios literarios son poéticos, y además de hace unos quince años, ¿nunca ha tenido usted prisa por llegar al lector?

Cualquier opción es válida: conozco excelentes poetas que publicaron muy jóvenes sus primeros libros y después han consolidado una trayectoria muy interesante y sólida. Otros han empezado a publicar más tarde y han conseguido lo mismo; y todo lo contrario, jóvenes que   escribieron un primer libro y luego nada… es decir, que cada uno encuentra el momento y la oportunidad. Soy un escritor “lento” y he publicado cuando creía que el libro merecía ser publicado.

¿Quiénes han sido sus referentes poéticos y cómo ha ido  evolucionando su poesía en estos años?

Han variado a lo largo de los años y las lecturas. Siempre menciono a Ángel González y a Jaime Gil de Biedma, pero estos años de editor me han permitido acercarme a poetas latinoamericanos que creo que están aportando muchísimo a la poesía en español, y por los que me siento influenciado y atraído.

A estas alturas de su vida cultural ha sido poeta, editor, antólogo, narrador, ¿en qué faceta se siente más cómodo?

Todas tienen sus momentos satisfactorios. Como poeta hace ya siete años que no publico un libro nuevo, salvo algunos poemas que he ido incorporando en antologías publicadas en México, Costa Rica o Ecuador. Como editor intento definir un catálogo que mezcla voces muy jóvenes con autores consagrados; muchos poetas latinoamericanos que apenas habían sido publicados en España y poetas traducidos al español que no lo habían sido antes o que representan lo más significativo de sus países. Como narrador, Todos estaban vivos es mi primer libro de relatos y estoy satisfecho con la acogida que está teniendo entre sus lectores y lo bien que lo reciben en las presentaciones que vamos haciendo en distintas ciudades.

¿En qué momento se encuentra su proyecto editorial Valparaíso?

En estos días Valparaíso Ediciones cumple cinco años y va a alcanzar el número 100 en la colección de poesía, que goza de muy buena salud. Seguimos incorporando títulos a la colección de narrativa y ensayo y en los próximos meses vamos a dar un impulso importante a la colección de Valparaíso infantil.

¿Qué diferencias establece entre el mundo lírico y narrativo, si es que hubiera necesidad de diferenciarlo?

La buena literatura es buena literatura, y creo que no necesita más etiquetas, si bien es cierto que la poesía siempre ha sido un género minoritario, aunque los últimos años estamos asistiendo a una verdadera revolución a través de libros de poetas muy jóvenes que son muy populares y tienen miles de lectores.

Su primer libro de relatos Todos estaban vivos, ¿acaso es un paso literario más?

Sin duda lo es. El libro se ha ido construyendo a lo largo de varios años, con un impulso final durante el verano de 2016, siendo un reto importante conseguir que el libro, a pesar de contener 26 relatos independientes, tuviera consistencia y cierta conexión entre todos ellos. Uno siempre siente temor al presentar un nuevo libro, y más si cambia de la poesía a la narrativa, pero haberlo presentado me ha animado a retomar otros proyectos narrativos que tenía guardados.

¿Habría que establecer una diferencia estructural entre relato y microrrelato?

No creo mucho en esa diferencia, pues un microrrelato debe ser capaz de contar una historia completa igual que un relato largo, aunque en el caso del micro se trata de conseguir que unas pocas palabras o frases el lector sea capaz de abarcar la totalidad de lo que el autor ofrece. En el relato se pueden desarrollar más las escenas, los personajes o los escenarios que en el micro están presentados sólo con una pincelada.

¿El sentimiento de pérdida por alguna ausencia somos capaces de suplirla con la literatura, como tal vez pueda desprenderse de algunos cuentos de Todos estaban vivos?

La literatura puede servir, entre otras muchas cosas, como repulsivo ante esa situación de pérdida. En Todos estaban vivos, todo es ficción pero nada es mentira, aunque algunas de las anécdotas que se utilizan como telón de fondo en los relatos sean un reflejo fiel de situaciones de las que he sido testigo e incluso, en algún caso, protagonista.

Sin embargo, es curioso, algunos de sus relatos están salpicados de humor, ¿le falta tanto la ironía como el humor a nuestra literatura?

Siempre he sido un defensor de la ironía en todos los ámbitos de la vida, y por tanto también en la literatura. He procurado que haya humor en el libro para suavizar situaciones que a priori pueden parecer dramáticas con la intención de convencer al lector que cualquiera puede sobreponerse a la peor situación, al peor momento que sea posible imaginar.

Realmente, ¿la mayoría de estos relatos forman parte de su cotidiano vivir?

No necesariamente, no es un libro autobiográfico ni mucho menos, pero sí tiene mucho de realidad.

¿Debemos entender, entonces, que este libro es su manera de manifestar que está en este mundo, que da cuenta de su existencia?

Podría ser una manera de definirlo. Otra podría ser la apuntada anteriormente: una manera de afrontar las situaciones más difíciles y tratar de mostrar con humor esa frase hecha de que “de todo se sale”.

El paso del tiempo y la muerte como trasfondo, y en variadas perspectivas y situaciones, ¿siguen siendo temas estrella de la literatura?

Siempre se ha dicho que la poesía, la literatura, habla del amor, del desamor y del paso del tiempo. Tal vez con esos tres elementos se conforma la vida.

¿Esta vida sigue siendo una paradoja que traducimos cada uno como bien podemos?

Cada uno de nosotros interpreta y enfrenta la misma situación de manera diferente. El libro no pretende hablar de la “muerte” sin tapujos y sin miedo, pero no sólo de la muerte como el final de la vida, sino de la “muerte” que en cierto modo supone el final de algo: del amor, del trabajo, de la familia, de la amistad, del matrimonio o de cualquier otra cosa. La intención al escribirlo era enfrentar cómo en un momento inesperado, en una décima de segundo, un hecho inesperado e inverosímil puede poner del revés todo lo que habíamos construido hasta el momento, dejándonos varados en mitad de la nada y con la necesidad de volver a empezar, de regresar al punto de partida cuando eso sea posible. Hacerlo con optimismo y con humor puede que facilite esa difícil tarea de reconstrucción.

Todos estaban vivos
Javier Bozalongo entiende que los cuentos de Todos estaban vivos deben estar dotados de un amplio sentido del humor porque, sin duda, nuestra vida se conforma de extrañas paradojas y de algunos aspectos inestables que, en nuestra rutina más cotidiana puede convertirse en algo maravilloso.  El narrador distribuye en dos apartados el conjunto que titula, “Uno” y “ …Y los demás”.

El primero, más autobiográfico, reúne doce relatos y da paso al segundo, los catorce restantes, que quedan envueltos en esa corriente continua del aspecto más social. En muchos de los relatos de “Uno” esa convivencia sentimental se convierte en un argumento constante; y en el resto, hasta catorce,  la excentricidad y el absurdo se reflejan con nítidos contornos. La muerte es uno de los elementos que fundamentan nuestra existencia, y en estos cuentos se atestigua con ironía nuestra debilidad, y nos recuerda que, en algún momento, todos estaban vivos.

Los cuentos de Javier Bozalongo se ocupan de esa tragedia que supone la pérdida, ese cotidiano azar que nos traza un itinerario diario. Escribe sin juicios de valor, y subraya que toda cerilla se consume pronto, y que el día siguiente llega con otra mirada, distinta pero no meno inquietante.

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