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¡Zas! Madrid | June 19, 2018

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El poeta Cristian Piné autor de Asilo

La amplitud y la transformación del verso en ‘Asilo’, último libro del poeta Cristian Piné
Emilia Lanzas

Entrevista al poeta Cristian Piné , autor de Asilo (Ediciones Paralelo)

«Me siento muy poco libre con respecto al lenguaje y, de hecho, es un tema recurrente en mis poemas, pero creo que intentarlo es un ejercicio divertido y enriquecedor»

El poeta madrileño (Móstoles, 1991), Cristian Piné, autor de 'Asilo'.

El poeta madrileño (Móstoles, 1991), Cristian Piné, autor de ‘Asilo’.

Cristian Piné ha estudiado Filología Hispánica en la UCM. Ha participado en festivales de poesía como el Expoesía de Soria y ha organizado y presentado recitales como La primavera soluble, un homenaje a Aníbal Núñez. Algunos de sus poemas pueden encontrarse en las antologías Poetas en libertad 8, El nombre de los peces, A tu encuentroTransatlántica y Tenían veinte años y estaban locos, una selección de poemas traducidos al rumano. En 2012 publicó su primer poemario,  Mecánica del canto , y dos años más tarde, como parte de la exposición Poetry will be made by all!Al Envés De la Voz. Actualmente estudia Ingeniería Informática en la UNED y trabaja como lingüista computacional. En su blog personal, Piné confiesa que su concepción sobre la poesía «se ha ido deformando gracias a Carlos Edmundo de Ory, Charles Mingus, Juan Goytisolo, Caravan, César Vallejo, Luisa Castro, Traffic, Larrea, Kubrick, Jethro Tull, Ullán…».


Tal y como indica la también poeta Ángela Segovia en el prólogo, entre las dos partes que conforman tu libro: “Aíslo” y “Asilo”, se percibe una tensión entre diferentes maneras de decir el verso, o una forma de «forzar un desdecir frente a forzar un decir».

Ángela, aparte de una grandísima escritora, es una grandísima lectora y, como es normal, llega más lejos que yo en la interpretación del texto, aunque sea el autor del poemario. Para mí, las dos partes del libro están unidas por la idea de la enfermedad, en un sentido muy amplio ligado al desorden, y la dependencia que tenemos de ella. Las diferencias están en el tratamiento temporal de cada una. Mientras que en la primera parte reina la quietud y la contemplación, aunque lo demás se mueva, en la segunda parte hay un relato lineal que configura en un principio una supuesta tradición literaria que va traicionando, lo que sirve para ir ganando libertad en el discurso. Ligándolo con las palabras de Ángela, yo diría que la tensión está en forzar un no relato frente a forzar a un relato.

Especialmente en la primera parte, “Aíslo”, sorprende tu caos formal, el versolibrismo poco sujeto a preceptiva, la carencia de puntuación, el uso de síncopas, la ausencia de títulos. ¿Qué supone la transformación del verso?

En realidad, el caos formal de “Aíslo” creo que tiene mucho de formalista. Intento utilizar todos estos recursos para acompañar, complementando o abriendo, el contenido del texto. Muchas de las transformaciones que has mencionado lo que pretenden es, dentro de mi propuesta de nueva gramática, que haya varias gramáticas posibles. Es un modo de potenciar algo que creo que es muy propio de la poesía, y es que un solo poema contenga varios poemas dependiendo de las conexiones que se establezcan en la lectura. Y esto, además, sirve para darle coherencia tanto a las partes como al poemario completo.

«Creo que la poesía, más que ser la expresión de un sentimiento, lo que debe buscar siempre es alguna reacción del lector, a veces buscar su incomodidad», has declarado en una entrevista. El sentimiento no parece que esté muy unido a tu poesía.

Creo que es imposible escapar del sentimiento, aunque me pueda resultar interesante esta búsqueda. Cuando hablo de la reacción del lector estoy hablando precisamente de eso, de que un estímulo nuevo provoque movimientos dentro de él. De lo que intento escapar es de la expresión desnuda e inmediata del sentimiento porque creo que es algo menos sugerente y más propio de un diario personal que de una obra artística. Muchos poemas de Asilo intentan expresar un sentimiento, pero también potenciarlo o, simplemente, extrañarlo. Y el fracaso de este mensaje también es algo que merece la pena poéticamente.

El tiempo está muy presente en Asilo. La contemplación del discurrir temporal parece un tema poético ineludible.

Totalmente. La primera parte del poemario tiene mucho de esto, sobre todo aplicado a lo que en principio no se ve. Es precisamente el tiempo el que se encarga de hacerse visible sin que nadie medie. Y esta flecha temporal que guía los poemas coincide en un sentido físico con la flecha temporal de la termodinámica. Todo tiende a la entropía y es un proceso irremediable y que, por supuesto, trasciende lo humano. Para poder hacer esto palpable dentro del discurso hago uso de la potencial fuerza de lo minúsculo: los insectos, las bacterias, el musgo, la combustión, el constante cambio de la materia…

Sorprende la sonoridad de tus versos, los juegos de palabras, las increíbles metáforas, las portentosas imágenes y tu gran imaginación. No es frecuente encontrarse con autores que creen tan libremente.

Muchas gracias. Sinceramente, me siento muy poco libre con respecto al lenguaje y, de hecho, es un tema recurrente en mis poemas, pero creo que intentarlo es un ejercicio divertido y enriquecedor.

Inicias algunas composiciones usando versos de otros poetas, como Alejandra Pizarnik o Juan Larrea. ¿Suponen homenajes?

Claro, son homenajes. El libro está lleno de ellos y estoy seguro de que hay muchos que se me escapan, de los que no soy consciente. En el fondo todos somos plagiaristas. Incluso en un libro en el que intento inventar las bases de una tradición literaria para luego deformarla, no puedo evitar echar mano de los autores que me han maravillado.
Hablando en concreto de estos dos que has mencionado, me interesa la fuerza que adquiere lo puramente gramatical. Es un tema que me obsesiona, cómo se puede innovar y significar tanto con el retorcimiento de las preposiciones, los tiempos verbales y demás partículas.

Los recitales poéticos que sueles ofrecer consiguen un diálogo directo con el lector / espectador. ¿Qué gana y qué pierde un poema al ser recitado?

Creo que al recitar un poema, la pérdida más importante es la de cierta libertad del receptor del poema. Si lee el autor en voz alta ya está condicionando la interpretación y las emociones de la audiencia. Sin embargo, tiene la ventaja de que, aunque sea condicionante, puede ofrecer una nueva visión que, de otro modo nunca habría llegado, y ofrece más posibilidades de combinación y confusión con otras modalidades artísticas, como ocurre en la perfopoesía de la que hasta hace poco se hablaba. Tristemente, esta exploración de límites no es lo que más puede encontrar uno en un mundo dominado por las jams y la pornografía sentimental.

Las aliteraciones, las paronomasias, las anáforas son frecuentes en tus poemas; figuras de repetición que te sumergen en cadencias un tanto hipnóticas.

El uso de la repetición lo considero fundamental en la poesía y es muy difícil, aunque interesante, escapar de ello, sobre todo dentro del verso libre. En Asilo creo que es uno de los pocos puntos de apoyo del lector, quizás, como apuntas, por medio de la hipnosis. En cuanto al tema de las aliteraciones, esta es otra idea que me alucina, la de conseguir significar y conmover por medio de la fonética, que se haga notar, que salte de su habitual plano secundario. Dentro del relato del que hablaba antes de Asilo, la traición de una imaginaria tradición, creo que tiene mucho sentido que conforme avanza se haga más notable. Lo primero que se me ocurrió traicionar fueron las normativas gramaticales y la dependencia que tenemos del discurso comprensible.

Dicen que la poesía está de moda…

Como dice mi amigo, el poeta Álvaro López, está de moda la etiqueta poesía. Para él, el hecho de que exista de manera popularizada esta etiqueta ya es algo bueno o, por lo menos, potencialmente bueno; para mí, que tengo una visión más liberal de la cultura, la verdad es que es un tema que me preocupa poco.

 

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