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¡Zas! Publicación de Periodismo Social y Cultural | May 26, 2017

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Merece la pena

De Cristina Albert destaca la originalidad. Nada hay en su exposición convencional o previsto. Es lo que supone crear desde la intuición y el deseo. Objetos transformados que proceden de un pasado doloroso y que son reconvertidos en arte, en color; tal y como lo describe Rafael Cordero Avilés: «Cristina Albert es una artista que ha buscado una vertiente distinta y liberadora, para aquellos objetos y utensilios que conforman, a veces, una realidad agobiante»

La exposición que se muestra en La Mercería está divida en varias partes que marcan diferentes fases del proceso creativo. En la serie de cuadros denominada Paisajes, no hay pintura, solo metacrilato y papel de celofán. Cuadros que muestran fotografías aéreas, imaginarias, de campos, tejados, árboles… Visualizar el volumen, percibir la imperfección. «El arte no tiene por qué ser perfecto, porque nada lo es». Desde la ligereza y la transparencia del celofán a la opacidad y la pesadez de los imanes, junto con la combinación de tres colores: blanco, negro y amarillo.

Exposición de Cristina Albert, en la Mercería. (Fotografía: Francisco Blanco).

Exposición de Cristina Albert, en la Mercería. (Fotografía: Francisco Blanco).

La serie Volcánica muestra el fluir. Si en una primera etapa el dolor y la enfermedad crean un cuadro/cuerpo estático (configurado con agujas, pastillas, abalorios…) que conforma un esqueleto que se puede tocar; en la segunda, los cubos encierran la representación. La serie XYZ son cubos de plástico en donde vuelven a reproducirse los elementos que simbolizan la enfermedad, pero ahora las tres dimensiones recrean múltiples visiones, el respeto que el dolor merece acaba convirtiéndose en auténticas creaciones artísticas creadas por émbolos de inyecciones, agujas, medicamentos que aíslan el dolor para transcenderlo. La última etapa consiste en elegir un detalle de los cuadros para plasmarlo en fotografías. En ellas ya nada es perceptible, el dolor se ha diluido; de lo figurativo a lo abstracto, buscando sublimar el dolor. «El dolor se convierte en algo sin forma, en algo estético».

La artista Cristina Albert. (Fotografía: Francisco Blanco).

La artista Cristina Albert. (Fotografía: Francisco Blanco).

Por último, la serie El arte en el bolsillo, Cristina Albert colorea antiguas fotografías que tienen formato de tarjeta de visita. El pasado acaba pintado y plastificado.

A Cristina Albert, interiorista de profesión, le interesa especialmente «Jugar con las escalas. Pasar de lo que se ve a simple vista, a la existencia de los ácaros… Millones de mundos que a través del macro se van mostrando». Igualmente, le gusta investigar sobre el color «trabajar con multitud de posibilidades: acuarelas, acrílicos. Para los cubos he utilizado esmaltes de uñas y lacas de bombillas porque dan mayor transparencia, calidad y colores muy vivos».
Para ella el equilibrio y la movilidad caracterizan toda su obra, su trabajo, su vida. Así lo representa su logotipo, una especie de bailarina derviche.

La Mercería: vinos y cultura
La Mercería es una tienda de vinos que lleva dos años funcionando, en la calle Alonso Cano, 30. Vinos de altísima calidad procedentes de pequeñas bodegas artesanas, vinos ecológicos llegados de cualquier lugar de España, a precios muy asequibles. La dueña, Aurora, enóloga, sumiller y catadora de vinos explica cada marca: desde el tipo de cepa, uva, crianza, cosecha hasta el proceso de elaboración del vino y el significado de la etiqueta.
«Lo que más me gusta es el arte, la literatura y el vino», esa es la razón por la que Aurora ha decidido hacer de su tienda un espacio expositivo y de encuentro artístico. Además, cada viernes realiza degustaciones gratuitas de vinos.

Aurora en su tienda de vinos y espacio expositivo, La Mercería. (Fotografía de Francisco Blanco).

Aurora en su tienda de vinos y espacio expositivo, La Mercería. (Fotografía Francisco Blanco).

Las mejores vacaciones que puedas imaginar se encuentran muy cerca, en Menorca

 

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No hace falta irse al Caribe para disfrutar de playas de ensueño con un increíble color azul turquesa. En España tenemos la suerte de tener muy cerca la isla de Menorca.
Despertarse cada día en uno de los pocos lugares en los que el Mediterráneo es como hace 30 años. Vivir en una Reserva de la Biosfera, en la isla deseada desde hace más de 4.000 años por talaióticos, cartagineses, romanos, musulmanes, piratas, turcos, españoles, franceses, ingleses… Disfrutar del especialísimo ambiente mediterráneo.

Playas y mucho más

Menorca, por su posición adelantada en el Mediterráneo occidental, amanece cada día con el primer sol de España. Al ser punto de encuentro y cruce de civilizaciones, los menorquines han recibido múltiples culturas que han dejado sus huellas en toda la geografía insular. Menorca es un extraordinario museo al aire libre, que hoy -por la riqueza de su patrimonio arqueológico- opta a la declaración de Patrimonio de la Humanidad.

Por todo ello, Menorca es mucho más que magníficas playas y hermosos paisajes, en un entorno natural que acoge el desarrollo sostenible de Menorca Reserva de la Biosfera. Es la única isla de las Baleares distinguida con este reconocimiento, otorgado en el año 1993.

Además, podrás practicar el turismo activo y de naturaleza, el cicloturismo y el turismo ecuestre en un sendero que recorre el perímetro costero, el Camí de Cavalls; su cuerpo y bienestar se beneficiarán de un clima y entorno saludables; gozará con la riqueza gastronómica y la tradición culinaria.

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MNKVILLAS: alquiler de villas 

MNKVILLAS es una empresa enamorada de la isla de Menorca, y eso se nota. Por eso ofrece las mejores viviendas para pasar las mejores vacaciones. Atractivas y modernas villas en el campo, con parajes únicos, con rápido acceso a playas como Binibeca, Binisafúa o Punta Prima. Con mobiliario moderno y de calidad, con jardines propios y piscinas.

 

Vista de Binibeca, Menorca.

MNKVILLAS tiene un selectivo y largo muestrario de las mejores fincas y casas de campo, casas en la costa y en la playa, casas de pueblo… Y a un precio inmejorable para pasar una de las mejores vacaciones en uno de los pocos paraísos que aún quedan: Menorca.

 

 

 

 

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La delicia de recorrer y disfrutar todo el sabor de Almería, en autobús

Almería bien merece una visita. Una ciudad portuaria en la que se fusiona el Medievo y la modernidad. Una ciudad con la medida justa para conocerla caminando o para recorrerla en autobús (el servicio de alquiler de autobuses es excelente y asequible, con empresas de Almería, como la que se puede ver Aquí), especialmente si quieres conocer su provincia: el paisaje de Cabo de Gata, su costa, hermosos pueblos como Mojacar.

 

 

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La ciudad de Almería tiene un interesante barrio histórico y el barrio de la Chanca o Pescadería, donde se hallan los vestigios musulmanes. Hay que visitar los monumentos de la Alcazaba, la Medina musulmana construida a los pies de la Alcazaba en el año 955 y fundada por Abd al Rahman III (era el mercado del al-Andalus), las viviendas, los Aljibes, los Baños, la ermita mudéjar, de tiempos de los Reyes Católicos,  y los restos del Palacio Al-Mutasin.

 

 

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También hay que conocer la catedral-fortaleza de Nuestra Señora de la Encarnación, que fue construida en el siglo XV. Su exterior sólido y fuerte contrasta con su interior,  de estilo gótico tardío y renacentista. El claustro es de estilo neoclásico. Su torre el Sol de Portocarrero, es el emblema de la ciudad; el convento de Santo Domingo: es del siglo XVI; el de Las Puras, del siglo XVI, en el que convergen varios estilos: mudéjar, gótico tardío, barroco; la Parroquia de San Juan, del s. XVI, considerada la joya de la ciudad.

 

Y ya, cómodamente sentados en el autobús, recorrer su provincia: los recursos naturales, su costa (219 Km.), el turismo y todo lo que rodea al sector turístico. La infraestructura hotelera y de restaurantes, para satisfacer a los turistas, es importante, así como la infraestructura deportiva (campos de golf, tenis, puertos náuticos,…). Por otro lado, la agricultura y la pesca. Existen miles de hectáreas dedicados al cultivo y mediante invernaderos, consiguen cultivarlos durante todo el año. Son muy característicos en esta provincia, en especial en El Ejido, donde tienen dedicados a invernaderos 10.000 hectáreas. En ellos cultivan frutas y hortalizas. Es tan extenso, que según como se mire parece, que es el mar. En lo referente a la pesca, es una costa muy rica en: salmonetes, besugos, melvas, bonitos, caballas, mejillones, tellinas, chirlas, almejas, coquinas,… utilizando una forma de captura artesanal. Otro sector muy importante es la construcción, tanto para satisfacer al sector turístico, como en la construcción de apartamentos, chalet,… como primera vivienda. Y por último, hay que destacar el mármol, existen unos yacimientos muy importantes en la Comarca de Medio Almanzora, en especial en Máchale y Albanchez. Mójacar. Y, cómo no, el paisaje del Cabo de Gata, por sus pueblos y por sus pedanías. Un paseo por este enclave único y privilegiado de la costa almeriense, declarado Parque Natural en 1987. Níjar, San Miguel, Almadraba de Monteleva y La Fabriquilla, San José…

No se olvide este verano de nuestro consejo: recorra la provincia de Almería, nos lo agradecerá.

 

 

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Sobre el primer movimiento de vanguardia: el Futurismo. Fortunato Depero

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“Todo lo que ayude a ver. Todo lo que ayude a mirar”

 OConnor

La dulce rebeldía en los versos de la poeta Alfonsina Storni

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 Sobre El síndrome del pez (Editorial Gens), de Emilia Lanzas

Por Jorge Gamero

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“Un cuentista necesita llevar un poeta dentro para serlo”

 Leer sin tregua. Hay que leer, leer y leer. Sobre todo si tienes el bicho de la literatura en el alma y padeces el mal de Montano. Y no quiero vacunas. Leí algunos clásicos, son tantos y tan larga la historia…, pero me cansé hace años con todo mi reverencial y sincero respeto, leo a los clásicos contemporáneos entre los que sigo buscando el placer y a los contemporáneos mismos de uno mismo, a los que leo cada vez más, para encontrarme a ser posible entre la atemporalidad de la buena literatura. Pero hay gente que se resiste a leer a los que escribimos mientras que ellos respiran. Supongo que tienen sus razones, tan respetuosas como absurdas para descartarnos por estar tan lejos de la aburrida posteridad. No es mi caso. Yo leo a mis colegas para comprobar al fin que la literatura no tiene tiempo. Sé que este blog no es una prueba, que hasta ahora no he dado fe de ello, pero iré haciéndolo y hoy quiero abrir el fuego.

Y lo hago con El síndrome del pez, de la periodista y escritora Emilia Lanzas, un libro de relatos editado por Gens, en Madrid, este año 2012 para su colección Guermantes.

El libro tiene un prólogo, un prólogo que se suma a la fiesta del libro de Emilia. Porque podría formar parte de él, porque es otro cuento, a modo de justificación, de lo que está a punto de llevarse a las neuronas el lector, el libro comentado, su personaje escogido. Del autor del prólogo, Eduardo García, nada puedo decir, como no sea invitarlo, si no lo ha hecho ya, a escribir él otro libro de relatos. Podría valer la pena y Emilia, no se sentiría tan sola en una apuesta tan personal. Él la justifica con una afirmación tan arriesgada y aceptable como el propio libro: (…) para ser cuentista de verdad, de esos que excavan hondas galerías para hacer aflorar un trasfondo inesperado, hay también que invitar a un poeta a infiltrarse en la escritura. Un poeta de esos que cuentan más que cantan. Y Emilia predica con el ejemplo hasta niveles febriles con su Síndrome del pez. Otra cosa es discutir si es verdad o no, ángel de amor… que un cuentista necesita llevar un poeta dentro para serlo. Quién sabe si incluso podría ser al revés, y el cuentista, como yo, fuera un poeta frustrado que ha tenido que conformarse con contar historias de otra manera, incapaz de capturar la esencia del verso que lo dice todo sin parecerlo. Pero éste sería otro tema, otro género, como el ensayo, para el que aún estoy menos dispuesto.

 El libro de Emilia Lanzas, como mínimo, no te deja indiferente. Por su extrañeza mantenida de principio a fin, porque con cada cuento tienes la sensación de que hay otras posibles lecturas distintas a las que uno hace a primera vista, porque a veces la historia es lo de menos, otras, lo de más, porque siembra preguntas y por lo tanto dudas y por lo tanto la reflexión íntima, pero siempre te deja con la sensación aplastante de que algo ha pasado antes y durante la lectura y que ya después, o vuelves a leerlo, o te vas a quedar colgado de una nube de sensaciones poéticas. Ahí es nada, ¿qué más se le puede pedir a un libro perdido entre la inmensidad del mercado editorial?

El síndrome del pez está compuesto de treinta y un cuentos a borbotón, uno  detrás de otro sin un orden determinado y de extensión irregular. Unos son híper breves y otros sencillamente breves pero la extensión no rompe la magia del relato en ningún caso. Ni la unidad de estilo, de hecho, todo el libro podría ser considerado por críticos mal intencionados, de esos que solo respetan a los clásicos clásicos, como un mero ejercicio de estilo. Pero ese es a mi juicio justamente el logro de un libro de relatos: dejar definido un estilo narrativo más allá de la miscelánea de historias. Los cuentos de este libro proponen un estilo híper lírico, la mayoría de ellos son intensos poemas en prosa en los que la historia queda casi oculta y al servicio de lo poético. Podría rescatar una montaña de ejemplos, pero valgan solo unos pocos en esta manía deliciosa y egocéntrica de anotar los libros que uno lee, cuando se dicen cosas como, por ejemplo: Ella me miró con los ojos lacios, Él (Paul Eluard, casualmente) me contestó que las uvas contienen gotas de risa. Palabras de combinación caprichosa como olor a espasmo, llorar con puras lágrimas de acequia o frases de un lirismo enigmático como En mi undécimo cumpleaños fue cuando me enteré de que las mujeres no mueren. Pero este libro, ya lo habrán sospechado, también coquetea con el surrealismo, ese aliado de la poesía, con el minimalismo de imágenes abandonadas a la descodificación libre del lector, sin más medios que la sugestión de un conflicto anímico, espiritual, apenas insinuado con la levedad y al mismo tiempo con la rotundidad de algunos versos narrados como una pedrada en la sien.

 Como en todo libro de relatos, el autor puede despistar al lector, cautivar aquí, dejar indiferente allá y así, dar ese juego selectivo para que la personalidad del que lee le lleve a escoger inevitablemente a unos relatos por encima de otros. En mi caso, me quedo con La cita, con Hombre, pájaro, deseo,quizás el que más me gusta. Una historia de terror bíblico y de soledad escrita con una técnica impresionista, casi de escritura automática no exenta del lirismo habitual. Me quedo también con La noche que amé a Paul Eluard, el más surrealista de todos, o con Es la hora, preciosa y breve imagen que combina perfectamente narrativitas y lirismo para evocar al gran Pessoa, me quedo con Los agujeros negros, quizás por ser la historia más comprometida, la que denigra la tragedia de la violación y el mezquino ultraje de las mujeres en sociedades subdesarrolladas, o no tan sub, y me quedo finalmente con Cuando conocí a Cortázar sobre todo porque Cortázar es uno de mis predilectos, pero también por ser la historia más redonda y por el trato implacable del personaje más desgraciado del libro, el de un amante despechado e ignorado como es Arturo.

Leed amigos, leed lo que os dé la gana pero cuando estéis cansados de encontrar justo lo que esperabais, cuando queráis ser sorprendidos de verdad, probad con Emilia Lanzas y su Síndrome del pez.


La crisis norteamericana y “Los Vagabundos de la cosecha”, de Steinbeck

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Angela Carter reescribe los cuentos de hadas tradicionales

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La mirada que transfigura la realidad: Henri Cartier-Bresson

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Exposición de Cartier-Bresson, hasta el 7 de septiembre, en la Fundación Mapfre

La mirada que transfigura la realidad

El misterio y la magia que transmiten las fotografías de Henri Cartier-Bresson provienen de su particular forma de mirar. La realidad se transfiguraba al atravesar su Leica. Imágenes poéticas, reivindicativas, oníricas, deformadas, ocultas… Captaba el instante decisivo, jugaba con el azar y lo unía a su concepción geométrica y lumínica. Esta exposición imprescindible realiza un recorrido cronológico y vital de la obra fotográfica de Cartier-Bresson que supone un reencuentro con nuestra más cercana historia.

La Nueva Visión

Henri Cartier-Bresson es un icono de la fotografía, si bien su carrera artística comenzó como pintor en los años veinte; pero el descubrimiento de las obras de de Eugène Atget y de los fotógrafos que integraban el movimiento de la Nueva Visión hicieron que cambiase los pinceles por la cámara. Cartier-Bresson adoptó su visión surreal de lo cotidiano y sus peculiares composiciones e iluminaciones. Una nueva forma de mirar que sorprende por sus encuadres imposibles, la búsqueda del contraste entre las formas y la luz, el uso de planos en picado y contrapicado y, especialmente, el descubrimiento de la magia en la realidad.

La belleza será convulsa o no será

Cartier-Bresson conoce a André Breton y a los surrealistas hacia 1926. De ellos le atraerá el imaginario surrealista como los objetos empaquetados, los maniquíes, los cuerpos deformados, los ojos cerrados que conectan con el inconsciente… Y, sobre todo, su espíritu subversivo y los principios de la belleza convulsa.

También posee como ellos un fuerte compromiso militante, razón por la que quiso fotografiar el colonialismo salvaje, su apoyo incondicional a la República española, sus viajes a los países comunistas de Cuba, China y la Unión Soviética, y su denuncia en contra de la pobreza y la explotación.

Su colaboración con el cineasta Jean Renoir, la creación de la Agencia Magnum, sus fotografías a escritores y artistas, el cambio hacia el fotoperiodismo, también quedan expuestos en la Fundación Mapfre, hasta la vejez del artista en la que retoma el dibujo como si cerrase su ciclo vital.

En el Museo del Romanticismo Gabinete Verne

Texto y Fotografías de Julio Jurado

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Repartidos por toda la casa-museo nos vamos encontrando, en nuestro deambular decimonónico, con diferentes objetos manipulados (cápsulas, globos terráqueos, libros, abanicos, fotografías…) que construyen o reconstruyen, de algún modo, el universo de la obra literaria de Verne, que junto a G. H. Wells, fueron pioneros de la literatura fantástica y de ciencia ficción, y a los que debemos muchas horas de gratificante lectura.

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 Estos collages nos muestran, en unos casos más que en otros, ese sentido mágico de las cosas (que se suscita con mayor libertad en el sueño y la alucinación), descubriendo a nuestra mirada esa realidad “otra” en donde la imaginación recupera su verdadero contenido de pensamiento narrativo, y trasciende, en gran medida, a esa otra mirada de sensiblería burguesa respirada habitualmente en el museo.

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Si pueden (todavía están a tiempo), acérquense a este nuevo mundo romántico que les ofrece la coordinadora Eva Cruz y los demás miembros de la Sociedad de Collage de Madrid, un mundo antológico de facultades visionarias.El collage no es sólo recortar, juntar y pegar. Es mucho más. El collage significa la posibilidad de conquistar lo irracional a través de lo real; de unir metafóricamente otras realidades y provocar la máxima intensidad, el mayor sentido… Romper (como diría Breton) con la imitación de las apariencias.

 

Fotografías: Francisco Blanco

Entrevista: Emilia Lanzas

 Ainhoa Blanco-Dúcar y Luis Seguí interpretan esta nueva adaptación de la leyenda celta, en la Sala OFF de la Latina

El Tristán e Isolda realizado por Marco Antonio de la Parra, psiquiatra, escritor y dramaturgo chileno, reinterpreta la historia del amor-pasión desmitificándola y dotándola de una visión más humana, menos dramática. Con la dirección de Rebeca Sanz-Conde.

Tristán e Isolda: El mito del eterno deseo

Cuenta la fábula celta que el rey Marco de Cornualles estaba comprometido con la princesa irlandesa Isolda, y decide enviar a su sobrino Tristán a buscarla. La madre de Isolda, sabiendo de la diferencia de edad entre su hija y su prometido, le da a la sirvienta un filtro de amor que debía dar a los esposos antes de la noche de bodas. Sin embargo, el azar hace que Tristán e Isolda beben la poción y queden para siempre perdidamente enamorados… Este amor prohibido y apasionado, acabará en tragedia. Una mesa, dos sillas y un círculo de sal. Un tour de force actoral en el que Ainhoa Blanco-Dúcar y Luis Seguí salen más que triunfantes. Un texto con fuerza y dos excelentes actores en escena.

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Se oyen disparos. Tristán e Isolda han sido asesinados. Cuando empieza la obra están en el Purgatorio en donde se desearán eternamente. Aquí comienza la bella historia de amor.

  ¡Cuánta pasión hay en esta obra!

Luis Seguí: Sí, destaco la pasión. El sentimiento guardado que puede tener cualquier persona y que la mayoría no nos atrevemos a vivir con la valentía de Tristán e Isolda. La obra habla del amor secreto, de los sentimientos que no queremos revelar porque no nos atrevemos a ser transgresores.

Ainhoa Blanco-Dúcar: Tanto Tristán como Isolda tienen presente el sentimiento de culpa, también el miedo; pero por encima de todo, con una fuerza increíble, sienten el deseo.

¿Todas las grandes historias de amor son imposibles?

A: Desde el principio están muertos y desde el Purgatorio reviven una y otra vez el amor, la culpa y la muerte. Cuanto más te alejas del deseo, más lo idealizas. La ausencia hace que el deseo tome una dimensión enorme.

L: El mito ensalza el amor como el fin más importante de la vida y, en ese sentido, los protagonistas son héroes porque luchan por el amor. Son valientes. En la adaptación de Marco Antonio de la Parra se desmitifica a los héroes. En esta obra Tristán e Isolda se convierten en personajes humanos, se identifican con el público y el público con ellos.

En el deseo reprimido es donde también reside la base del amor eterno. La separación de Tristán e Isolda, gracias a esa imposibilidad, perpetúa su amor, les hace ganar más fuerza en el deseo.

¿El hecho de que no sea un amor puro quita heroicidad a los amantes?

L: Los personajes del mito luchan contra unas condiciones que le han impuesto desde fuera. Pero, en esta adaptación, las condiciones no solo están impuestas por la sociedad, ellos también se han autoimpuesto trabas a su amor.

A: Es una historia muy humana.

¿Es la predestinación, como en el caso de la fábula de Tristán e Isolda?

A: Hay miedo a la sociedad, al qué dirán, a su presión. Tampoco quieren renunciar a su cómoda vida; pero su pasión les vence. Son muy conscientes del mundo que les rodea, se atreven a romper con ciertas normas, pero no con todas. Tienen miedo porque son humanos.

L: Son amantes. Ellos lo han elegido, ellos son los responsables y ahí se abre la brecha con la heroicidad, y surge el aspecto humano de los personajes. La empatía del espectador con esta historia es total. El espectador no ve a dos héroes, sino a dos personas que se aman, que se contradicen, que mienten…  Viven su pasión en contra de la sociedad pero también de sí mismos. El espectador se ve a sí mismo.

Eros y Thanatos: pasión y muerte. ¿Es la dicotomía que mueve esta historia?

L: Una muerte simbólica: la que todos tenemos con respecto a las cosas que no realizamos, que escondemos, que evitamos… Son pequeñas muertes que vamos sufriendo cada día. Por eso, cuando ellos se encuentran, prenden todas esas llamas que han ido apagando. Ellos las incendian. Ahí se junta el deseo con la muerte. Por eso su pasión es desatada, se aman como animales…

A: Durante la obra se oyen perros que ladran, y el fuego y el bosque y el agua están presentes en la obra como símbolos de la naturaleza, de la piel: pero también son símbolos sexuales, muy fuertes.

Se da la muerte de convivir con sus parejas sin desearse, y el riesgo que ellos viven con su pasión adúltera. La pasión y la muerte se mezclan continuamente, embadurna toda la historia, mezcla los sentimientos, no hay manera de separarlos. El amor, la muerte, la sangre y el sexo. Viven al límite.

La obra es cíclica y, en este sentido, la muerte también está presente.

L: Cuando están juntos mueren porque se olvidan de la realidad para entregarse al placer. En ese sentido, esta experiencia orgásmica es también muerte.

Pero no es un drama. Hay música, humor…

A: La obra juega continuamente con contrastes, que divierten al público. Es una tragicomedia. No es una obra épica. Usamos palabras cotidianas, también estas crean humor.

L: La obra es muy dinámica, está muy fragmentada en el espacio y en el tiempo. Se pasa de una situación a otra en donde la contradicción de los personajes queda muy patente, y eso resulta divertido.

A: También hay momentos y declaraciones frívolas en donde se hace patente los miles de personajes que habitan en una sola persona. Cuando lo mostramos, el público se ríe.

L: Se producen contrastes muy claros. En un momento estamos arrepintiéndonos de nuestra pasión, y al segundo siguiente gritamos: ¡Te haría el amor con tantas ganas!

A: O sales bailando al estilo Pulp Fiction.

La verdad es que realizáis un trabajo excelente, una interpretación intensa y muy exigente.

L: Estamos los dos solos en el escenario durante una hora. Todo el tiempo. Pasando de situaciones diferentes, con traslaciones temporales, con  continuos cambios de registro. Es un entrenamiento actoral brutal.

A: Son como unas Olimpiadas. Los cambios son drásticos, y todos muy intensos. O ríes a carcajadas o lloras a mares.

La complicidad con el público también es constante.

A: La obra se retroalimenta con el público. El público es mi amigo y me tiene que comprender, pero también es mi enemigo porque me está juzgando. Así que tengo que explicarle mi historia para que me comprenda.

Isolda espera que el público (el otro) sea capaz de empatizar con ella, que entiendan lo que le está pasando.

L: Pasamos de un nivel muy íntimo entre nosotros dos, a otro abierto en el cual nos dirigimos al público, buscamos su complicidad. Marco Antonio de la Parra además de ser dramaturgo, es también psiquiatra. En este sentido, escribe texto para que muestres tus más profundos sentimientos.

También está muy presente la tensión sexual…

A: Prácticamente no nos tocamos en toda la obra: ese es nuestro particular purgatorio. La pasión habita dentro de cada uno y ambos estamos dentro de un círculo con una raya que nos separa y que no podemos traspasar. Y nos deseamos con locura. Por eso yo la considero como una catarsis.

Por eso, cuando acaba la obra, el público se queda quieto en el asiento. El público se pega tal viaje que se quedan conmovidos, tardan en reaccionar. Esta obra lo tiene todo. No deja indiferente a nadie. Con ella vives un auténtico viaje.

L: Es cierto. El público aplaude y, después, se queda estático en el asiento, sin tener el impulso de levantarse. Se quedan pensando sobre la experiencia vivida.

 ¿El amor es siempre el mismo?

A: El amor siempre es igual, solo cambia la forma de expresarlo. El sentimiento es el mismo. Es una necesidad de unión, y eso existe y existirá siempre.

L: Sí. Casi veo más universal el amor de Tristán e Isolda en esta adaptación de Marco Antonio de la Parra, que en el amor heroico de la fábula. La pasión es igual en todas las épocas.

A.: La tensión sexual se vive, pero no se ve. No nos tocamos pero la carga sexual es muy fuerte. Lo transmitimos por todos los poros. Porque la obra se basa en esa necesidad de unión, en ese deseo contenido.

L: Creo que el hecho de que el público vaya con su pareja puede resultar muy interesante. Porque afloran sentimientos guardados, secretos. Sentimientos que conservamos en una cajita y que nos cuesta incluso confesarnos a nosotros mismos.

Tristán e Isolda, de Marco Antonio de la Parra. Tristán e Isolda, Sala Trovador.

 

 

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Exposición de collage de la poeta Wistawa Szymborska en la Casa del Lector del Matadero

Szymborska creaba estas tarjetas-collage para enviar a sus amigos. Imágenes surrealistas repletas de humor negro que complementan su poesía cercana y coloquial, llena de cotidianeidad y juegos de palabras.

 A veces la vida es soportable

El martes 22 de octubre, se presentó esta exposición-que podrá visitarse hasta el 17 de noviembre- con el pase de la película A veces la vida es soportable, que realiza un conmovedor retrato de Szymborska (ganadora del Nobel de Literatura, en 1996, muy a su pesar) y que nos muestra una anciana de aspecto frágil y naturaleza fuerte, vital y llena de humor. El documental, dirigido por Katazyna Kolenda-Zaleska, acompaña a la poeta en un viaje por Europa: Estocolmo, Bolonia, Sicilia son algunos de los lugares visitados. Woody Allen, Václav Havel o Humberto Eco, entre otros muchos, hablan de ella con adoración.

La difícil poesía cotidiana

Szymborska murió el pasado año (http://http://elalmadelapiel.blogspot.com.es/2012/02/en-la-muerte-de-wislawa-szymborska.html). Se lamentaba que desde que recibió el Premio Nobel no había podido escribir ni un solo verso. Tal vez esa fue la causa de su muerte y no el tabaco o los años, como se ha dicho.

Su poesía es calificada de intimista, irónica, rodeada de objetos cotidianos y que, en aparencia, reflejan un mundo llano pero en donde, de repente, la distorsión marca el carácter dimensional y certero. Ella misma declaró que todos sus poemas había surgido de él (www.poeticas.com.ar/Directorio/Poetas_miembros/Wislawa_Szymborska.html).

Julia Gutiérrez Caba leyó algunas de sus poemas, sin declamar, como si hablase, tal y como la propia Szymborska los leía.

No siempre ocurre así en los Premios Nobeles, pero sí en el caso de Wistawa Szymborska: una poeta que merece conocerse y que primer contacto puede ser muy bien acercarse a esta exposición del Matadero, de Madrid (casalector.fundaciongsr.com/952/Exposicion-Los-collage-de-Wis322awa-Szymborska).