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¡Zas! Publicación de Periodismo Social y Cultural | May 23, 2017

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Hablamos con

 

Entrevista a Jesús Valencia

“El funcionamiento del Gobierno israelí se rige por una filosofía xenófoba y racista”

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Entrevista a Julio García Camarero

“El decrecimiento supone trabajar, consumir y contaminar menos, y por eso seremos más felices”

J.g.c.

 

Entrevista a Eugenio Castro

“La flor más azul del mundo es la que ha sido poseída en el instante mismo en que se ha soñado con ella”

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Entrevista a Eduardo Subirats

“Los directores de las censuras madrileñas consideran que soy una persona non grata

Eduardo Subirats.

Eduardo Subirats.

 

Entrevista a Pedro Pozas

“¿Qué son los grandes simios? Personas no humanas que luchan por vivir en un mundo cada vez más limitado”

 HOMINIDO 4

 

Entrevista a Manuel García Viñó

“En cuanto a la crítica literaria no cabe hablar de incompetencia, sino de miseria moral y de falta de honradez intelectual” 

Manuel_Garcia_Viño

 

 

 

 

 

 

 

 

Entrevista a Francisco Fernández Buey

 “Cada día oigo a más jóvenes usar el término utopía”

Francisco Fernandez Buey

La utopía como un ideal regulador, como una hipótesis de trabajo, como una ilusión natural. Un mundo futuro en el que la persona sea el centro de todas las cosas, sin clases, sin poder, sin propiedad, sin explotación: estas fueron las tesis estudiadas en el último libro de Francisco Fernández Buey  –filósofo, luchador comunista y profesor-  fallecido en agosto de 2012. Sirva esta entrevista realizada a raíz de la publicación de su libro Utopías e ilusiones naturales, un profundo  estudio histórico y reflexivo sobre el devenir de las utopías, como homenaje al gran pensador.

La utopía como aspiración y búsqueda, aunque siempre ha estado presente, ha irrumpido con fuerza renovada. ¿Cuáles son los motivos principales de este resurgimiento?

El renacer de la utopía se puede fechar. Se viene produciendo desde el inicio de la década actual. Y los motivos de este renacimiento son básicamente tres: la agudización del malestar que ha producido en todo el mundo el capitalismo salvaje, eso que se suele llamar globalización neoliberal; la comprobación de que el mundo que ha salido de ahí (el mundo de la guerra y del expolio permanente, de la crisis ecológica global y del aumento de las desigualdades) es un escándalo moral; y la sensación de que otro mundo es posible, de que pensando y luchando con los oprimidos y humillados puede haber alternativas.

Se ha pretendido vender una cierta ‘utopía’ capitalista con aspiraciones como el Estado del bienestar. La crisis que vive el sistema ¿ha podido contribuir también a este renacimiento utópico?

Sin duda. El Estado del bienestar es una utopía capitalista que resultó negativa en cuanto se empezó a pensar ese Estado globalmente. Para la mayoría de la población mundial lo que los ideólogos llaman Estado del bienestar es, en realidad, un estado generalizado de malestar. El Estado del bienestar generalizado es una imposibilidad material bajo el capitalismo, por razones económicas, sociales, ecológicas y culturales. Sólo con un cambio radical del modo de vida, producción y consumo actualmente dominante se podría hablar con propiedad de un Estado del bienestar.

La utopía está en marcha, pero ¿dónde con más fuerza: en los movimientos altermundialistas?, ¿en los actos de desobediencia civil?

Hay quienes piensan que el espíritu de la utopía ha quedado reducido a la dimensión estética, a la literatura y a las manifestaciones artísticas. Yo no lo creo así. Las nuevas utopías surgidas en estos últimos años siguen teniendo una dimensión económico-social muy patente. Eso se ve en la utopía ecológico-social del decrecimiento, en las utopías feministas que combinan igualdad y diferencia y en las utopías que se basan en un uso radicalmente alternativo de los medios. Y, sí, los movimientos altermundialistas, desde Chiapas y Porto Alegre, han dado un impulso decisivo a la utopía actual. La desobediencia civil viene a ser la estrategia principal de la utopía en marcha. La desobediencia, consciente y libre, es lo que hace ‘civil’ a una sociedad acogotada por el poder desnudo.

La utopía deja de ser idea para convertirse, no sólo en posible, sino en inevitable con el marxismo. ¿Es ésta su gran aportación?

Lo que los clásicos del marxismo creyeron ver es que había llegado la hora de hacer realizables las ilusiones emancipadoras de los de abajo. Por eso dijeron que la tarea del socialismo era pasar de la utopía a la ciencia. Tenían una confianza ilimitada en la ciencia. Y eso acabó en cientificismo. Pero el cientificismo es la negación de la tensión moral que siempre acompaña al espíritu utópico. La ciencia ayuda a construir un mundo mejor, pero no lo es todo. En el mundo de los humanos hay muy pocas cosas inevitables (entre ellas, la muerte). Así que el marxismo, que ha hecho mucho por pasar de lo posible a lo realizable, también necesita autocontención en esas cosas. Parafraseando a Marx se podría decir que, para hacer posible ese otro mundo, se necesita tanta ciencia como compasión (por los oprimidos y excluidos, naturalmente).

La sociedad sin Estado parece ser el fin primordial de las utopías, por el contrario, el total sometimiento del individuo a él, el fondo de toda distopía…

No todos los utopistas modernos han pensando en una sociedad sin Estado, aunque sí la mayoría. La paradoja de la historia del último siglo es que aspirando a una sociedad sin Estado se han construido Estados que han acabado destruyendo lo que de civilidad había en la sociedad. Eso lo han visto muy bien los distópicos del siglo XX. Habría que aprender esa lección. También la utopía ha perdido la inocencia con la que nació en Europa en la época moderna. Vuelvo a lo de la autocontención: más que propugnar una sociedad sin Estado, la utopía concreta del siglo XXI debería pensar en fabricar los bozales necesarios para contener a la bestia, sea ésta Leviatán o Behemoth.

Intentar predecir lo que será el mundo utópico ha sido una traba para conseguir su logro. Como indicas en tu el detalle acerca de qué ha de ser la sociedad del futuro es precisamente el rasgo característico de la ¿Bastaría con saber lo que no tendría cabida?

Mala utopía es aquella que propugna imposibilidades materiales para la condición humana, y encima las detalla. Pero no basta con intentar saber lo que, por razones materiales, no tendrá cabida en el mundo del futuro. Podemos, sí, esbozar o pergeñar los principios jurídicos más generales de la sociedad alternativa a la que aspiramos. Y eso, creo, es lo que se intenta hacer ahora en el seno de los movimientos altermundialistas.

Es muy interesante el estudio que haces de la literatura de ciencia ficción como importante difusora del mundo utópico, además de filósofos e ideólogos…

Pues lo agradezco mucho, porque lo he pasado muy bien leyendo libros de ciencia ficción y escribiendo sobre eso. Corre por ahí la idea de que la literatura de ciencia ficción es literatura de segundo orden. Es, además, muy corriente el tópico de que los autores de ciencia ficción han sido mayormente distópicos y antisocialistas, lo cual es inexacto. Para abordar ese capítulo hay que adoptar un punto de vista transversal, pues hay más filosofías en el mundo de las que caben en la cabeza del filósofo licenciado, y algunas de ellas, y buenas, porque no eran sólo literatos sino también pensadores, se las debemos a autores como Aldous Huxley, Arno Schmidt, Stanisnlaw Lem o Úrsula K. Le Guin.

Entrevista a José Hierro

“La poesía no es un remedio, pero tiene la fuerza suficiente para consolar”

Jose Hierro

En febrero de 2001 entrevisté a José Hierro. Unos meses después su cuerpo descansaba. ¿Teme a la muerte?, le pregunté. Y él, con su rostro cercano y la sencillez de los grandes, me contestó: “La muerte es sólo el final. Temo más a la agonía, a morirme lentamente”.

Morirán los que nunca jamás sorprendieron. Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca.

Desde 1947, año en el que publicó su primer libro Tierra sin nosotros y ganó el Premio Adonáis con Alegría, hasta su última obra, Cuaderno de Nueva York (1998), José Hierro llenó más de medio siglo de excelente poesía con su verso pleno de ritmo y profundidad conceptual, de dolor y canto a la vida; de expresión poética deliberadamente sencilla, apenas imágenes, caracterizada por la dolorosa conciencia de la transitoriedad.

En su libro Música publicado al concederle el Premio Cervantes, en 1998, antología de poemas suyos con referencias temáticas a ese otro arte tan ligado a la poesía; usted dice en el prólogo que “la poesía aspira a ser todas las artes en una, en ella”.

La poesía no es ni mejor ni peor que las demás artes es, simplemente, lo que puede ser, aunque el artista siempre ansía el arte total; en él convive la necesidad de integración, la búsqueda de una entidad suprema. Lo que sí es cierto, es que la poesía toma de la música el ritmo, la musicalidad de las palabras; el color de la pintura; de la arquitectura, la estructura; de la escultura, el volumen. Es la gran vampira que se alimenta de sangre ajena.

Ha sido miembro del jurado del último Premio Cervantes concedido a Francisco Umbral. Se ha hablado de corrupción, del triunfo del amiguismo… ¿Qué opinión le merece esta polémica?

Corrupción, ¡qué coño!, ¿quién iba a corromper?, ¿quién iba a presionar para que se le concediese el premio a un escritor u otro?, ¿quién iba a ganar con ello? Se han querido colocar dos grupos de presión, por un lado El País y por otro EL Mundo, cada uno con sus respectivos aliados. Y ha debido ganar el último, ya que Umbral es colaborador de ese diario; quien, además, ha alimentado la polémica queriendo ver en el premio el triunfo de lo moderno frente a lo añejo; pero ya se sabe que a Umbral le gusta mucho provocar.

Yo he votado honestamente, no por amistad, ni por presión alguna, sino simplemente porque considero la obra de un autor más merecedora de un premio que otra. La gente se inventa lo que le da la gana, como cuando en época de Franco todo era debido a la conjura judeo-masónica. Ahora también se quiere atribuir cualquier hecho a una especie de conjura mediática pero, ¿por parte de quién?: ¿de un grupo de presión?, ¿de un grupo económico?, ¿del propio Gobierno? Yo no lo sé y sólo puedo afirmar que toda esta polémica me parece una mamonada y que a mí nadie me ha mandado un jamón para comprarme el voto.

¿Ser poeta es una profesión?

Ser poeta es, como mucho, un oficio con el que no se gana dinero suficiente o, al menos, no para vivir dignamente. El ser novelista sí es una profesión. En cambio, no hay poeta que pueda vivir sólo de la poesía, ni Neruda pudo hacerlo. Esto es lo que te permite, precisamente, ser honesto, porque no contraes ningún tipo de compromiso ni con las editoriales ni con el público. No tienes que precipitarte, es un trabajo lento, íntimo, particular. El ser poeta no es rentable; pero es una vocación. Uno escribe para ser axiomático, porque la poesía te permite decir lo que no se podría comunicar de otra manera. Yo no sé qué es poesía, ¡esa cosa tan extraña!, ¡tan compleja!, pero sí sé que sirve; de lo contrario habría sentimientos e ideas inexpresables.

Consuela al hombre del dolor y del inexorable paso del tiempo…

Sobre todo, acompaña. La poesía no es un remedio, pero tiene la fuerza suficiente para consolar. La poesía comunica aquello que no se puede decir de forma lógica; por eso llega directamente. Ahí está la razón de su existencia y, también por eso, el verso es más difícil de crear que la prosa.

¿Sigue pensando que el único valor perdurable de su poesía es su significado documental?

Sí, mi poesía es, básicamente, testimonio. Aunque la poesía sea, en verdad, una ficción del lenguaje cotidiano. El artificio existe y parte siempre de una convicción. La poesía debe poseer más, necesita de una elaboración. A pesar de que cuenta una experiencia cotidiana, un sentimiento común, el verso posee sonido y ritmo. En la poesía es fundamental el cómo, porque el qué ya está contado mil veces. A no ser que ahora los jóvenes poetas escriban sobre el genoma o internet, por poner dos ejemplos.

Hablando de jóvenes, existe una tendencia en las nuevas generaciones de poetas por recuperar las formas clásicas, la rima.

El verso rimado y el verso blanco siempre han convivido con el libre. Los novísimos, que supusieron una ruptura con el realismo, fueron más vanguardistas pero existieron paralelamente con otras generaciones que continuaron elaborando las formas clásicas. Siempre han convivido las dos formas de hacer poesía: la tradicional y la libre, en un cincuenta por ciento.

¿Cómo se debería enseñar la poesía?

Lo peor que se puede hacer en las aulas es explicarla sin haberla leído. Eso me hace recordar a dos personajes de La Codorniz, que protagonizaban una tira cómica; uno contaba un chiste, y el otro se lo explicaba. Hay que leer la poesía o, mejor dicho, hay que oírla, eso es lo principal. Las explicaciones sobre las características del verso o la vida del autor son secundarias. Además, ¿qué quiere decir, por ejemplo: Verde, que te quiero, verde? A uno le gusta, le llega, pero, en verdad, no se alcanza a comprender su significado.

Lleva tres años sin publicar, ¿por qué?

Estoy cansado. También puede ser que no se me ocurra nada… Ni siquiera he sido capaz de terminar mi discurso de ingreso en la Academia. No es problema de inspiración, porque la inspiración es sólo el principio, es como el hambre que te lleva a buscar algo para comer, luego comienza la comida, el trabajo, de él sale el verso.

 

Entrevista a Eduardo García

“La vocación de la poesía es navegar contracorriente”

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Entrevista a Mercedes Pardo Buendía

 “En España el que haya poca o mucha energía se asocia a pobreza o riqueza, en vez de a una nueva cultura ecológica”

La profesora Mercedes Pardo Buendía.

La profesora Mercedes Pardo Buendía.

Entrevista a Víctor García Antón

“Tal vez mis cuentos sean algo utópicos, pero están asentados sobre los cascotes de la realidad”

 

 

 

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