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¡Zas! Publicación de Periodismo Social y Cultural | June 22, 2017

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'La poesía tiene la posibilidad de estimular el cambio interior, imprescindible para generar una revolución social efectiva' - ¡Zas! Publicación de Periodismo Social y Cultural

‘La poesía tiene la posibilidad de estimular el cambio interior, imprescindible para generar una revolución social efectiva’
Emilia Lanzas

Alberto García-Teresa (Madrid, 1980) es doctor en Filología Hispánica con Poesía de la conciencia crítica (1987-2011). Ha publicado Para no ceder a la hipnosis. Crítica y revelación en la poesía de Jorge Riechmann, Disidentes. Antología de poetas críticos españoles y Novo mondo en kiaj koroj; recopilación en esperanto de poesía crítica actual española. Pertenece a la asamblea editora de Caja de resistencia. Revista de poesía crítica. Ha sido coordinador de la revista de crítica sobre ficción especulativa Hélice, coodirector de Jabberwock, antología anual de ensayos sobre literatura fantástica, y redactor jefe de la revista Solaris. Ha escrito y escribe crítica literaria y teatral en diferentes medios: Diagonal -en el cual ha coordinado la sección de «Libros»-, Culturamas -donde ha dirigido los contenidos de poesía-, Ínsula, Quaderni Ibero Americani, Quimera, Espéculo, Castilla. Estudios de literatura, Verba Hispanica, Literaturas.com, Nayagua, Zurgai, Artes Hoy, El Viejo Topo, Viento Sur, cnt, Rebelión, Adarve, La República Cultural, Ariadna-RC, Bibliópolis, Gigamesh o Prospectiva, entre otros. Es autor de los poemarios Hay que comerse el mundo a dentelladas, Oxígeno en lata, Peripecias de la Brigada Poética en el reino de los autómatas, Abrazando vértebras y, su último libro, sobre el que hablamos La casa sin ventanas (Baile del Sol, 2016).

VIVIMOS EN UN pasado mañana perpetuo.

El presente se deshace en cadenas
de aspiraciones.

No existe rastro,
pues el dibujo del polvo
se petrifica a cada instante.

Ningún camino parece llegar o partir
de la casa sin ventanas.

Alberto García-Teresa_por Demian Ortiz

 •«Considero que es muy conveniente que sigamos trabajando en todas las líneas estéticas, con todas las herramientas de las que disponemos, para conseguir alcanzar ese objetivo de agitación y de confrontación al capitalismo»

•«La “poesía de la conciencia crítica” es un movimiento que pone de relieve una línea de trabajo antagonista desde la poesía, en el ámbito social, político y cultural que busca desenmascarar las falacias que logran el sometimiento en nuestra sociedad»

¿Utilizas el símbolo de “la casa sin ventanas” para representar a aquellas personas que viven en perpetúa ceguera y aislamiento; o alegorizas  la alienación de la vida burguesa y el sometimiento a la cotidianeidad?

La intención ha sido extraer todo el significado posible de esa metáfora a lo largo del volumen, potenciarlo, cargarlo y emplazar a la resonancia y cuánto lo llena de significado cada lectora y cada lector. En principio, parte del concepto de que estamos viviendo como si habitáramos una casa sin ventanas, relacionándonos y pensando el mundo como si viviéramos allí. Esto es, sin tener en cuenta lo que consideramos “lo exterior”, lo ajeno o lo que se relaciona con las/os otras/os. Desde ahí, la intención es ir abriéndolo todo lo posible, y entran entonces, por ejemplo, esas líneas que planteas tú. Se trata, en ese sentido, de una investigación en las posibilidades (expresivas, plásticas, de denuncia ideológica y ética) de esa imagen concreta. El poemario funciona como conjunto, en el que se apoyan unos textos en otros. Todas las piezas exploran cómo nos afecta y qué tipo de mundo construye esa casa sin ventanas. Así, busco ahondar en las implicaciones de ese concepto al mismo tiempo que pretendo plasmar la atmósfera asfixiante que un espacio como ese provocaría.

Tu poesía es, sobre todo, narrativa y doctrinal. ¿Crees que para llegar a un mayor número de personas, el mensaje tiene que responder a presupuestos gramaticales y significativos lo más objetivos posibles para propiciar su comprensibilidad?

No, se trata de una opción estética determinada que he tomado, pero no es excluyente. De hecho, considero que es muy conveniente que sigamos trabajando en todas las líneas estéticas, con todas las herramientas de las que disponemos, para conseguir alcanzar ese objetivo de agitación y de confrontación al capitalismo con que yo y otras/os tantas/os otras/os poetas nos proponemos con nuestra obra. Sí que resulta fundamental que analicemos todas las consecuencias, las posibilidades y las carencias (a nivel político y sociológico) de dichas opciones estéticas para que podamos incidir en ellas o contrarrestarlas. Pero creo, básicamente, que una poesía crítica debe apostar por recorrer todos los caminos posibles, con conciencia, insisto, de sus implicaciones y riesgos, para tratar de derrumbar esta sociedad a la vez que vamos construyendo otra.

Específicamente, en efecto, en La casa sin ventanas empleo un registro más narrativo que en otros poemarios. Mi intención ha sido desarrollar las contradicciones y las consecuencias de vivir en esa “casa sin ventanas” tratando de plasmar escenas y elementos cotidianos y cercanos, de ese entorno doméstico, que facilitaran el reconocimiento del público. De este modo, he pretendido  evidenciar y poner en evidencia cómo nos desenvolvemos en la sociedad propiciando un salto continuo del plano alegórico a la crítica sociopolítica y ética.

Cubierta-La-Casa-Sin-Ventanas__baj

La poesía que creas en La casa sin ventanas, ¿potencia grados de conocimiento más que estados de emoción?

Probablemente. Pero ese conocimiento (del mundo, de nosotras/os mismas/os, de nuestra relación con los otros seres humanos y con los otros animales) también puede conllevar una emoción: desconcierto, desvelo, indignación y rabia tal vez… Sí que aspiro a ayudar (y ayudarme) a comprender mejor la sociedad (individual y colectivamente) para poder transformarla, pero ese trabajo de transformación irremediablemente contendrá, como toda acción, un componente emocional como base.

Eres uno de los principales referentes de la llamada «poesía de la conciencia crítica». ¿Qué representa? ¿Qué conexión tiene con la poesía social de los años 50 en cuanto a su uso como arma de combate?

La “poesía de la conciencia crítica” es un movimiento que pone de relieve una línea de trabajo antagonista desde la poesía, en el ámbito social, político y cultural que busca desenmascarar las falacias que logran el sometimiento en nuestra sociedad, remarcar las contradicciones del capitalismo y revelar las consecuencias últimas de su ideología y de su desarrollo material. Una de las potencias de la “poesía de la conciencia crítica” es su diversidad estética e ideológica, y también su descreimiento en que la poesía, por sí sola, pueda cambiar el mundo. De ahí su énfasis en cuestionar la sociedad, en lanzar interrogantes al público para que sean las/os lectoras/es quienes deban reflexionar y extraer sus conclusiones al respecto. De este modo, se pone de relieve otro tipo de relación política, que abandona la recepción pasiva y la domesticación: no se le ofrecen respuestas, sino que se le estimula para que avance desde esas dudas; esto es, para que intervenga de manera activa en la acción política.

En cuanto al movimiento de la “poesía social” de los años cincuenta y sesenta, existen bastantes diferencias con el movimiento de “poesía de la conciencia crítica”, algunas de base (lugar de enunciación, espacio referencial, tono, ámbito ideológico). Pero, sin duda, la “poesía social” constituye un nudo destacadísimo del hilo de poesía crítica, de la tradición de la disidencia poética, que, desde los primeros tiempos, ha ido formándose en las letras en castellano.

¿Confieres al lenguaje y a la literatura un poder transformador?

El lenguaje nos sirve para pensar y dar forma al mundo. Entonces, el lenguaje tiene una importancia fundamental para nuestra percepción y nuestra configuración del mundo. Por tanto, trabajar por transformar el lenguaje también constituye una vía para sentar las bases para una transformación material de la realidad. En cuanto a la literatura, en sí no altera la sociedad, pero sí puede cambiar a las personas, que son quienes tienen la capacidad y la potencia para ello.

En ese sentido, con una orientación antagonista, la poesía tiene la posibilidad de estimular el cambio interior, que resulta imprescindible para generar una revolución social efectiva. Al respecto, por ejemplo, puede producir cuestionamiento y  desestabilizar las certezas que nos ha instaurado el Poder, ayudarnos a complejizar nuestra percepción de la realidad para poder observarla de modo más veraz y actuar sobre ella, activar al público y favorecer su participación, reconstruir nuestra mirada del mundo o formular y reformular sentimientos, estrategias y problemas creados en esa tensión de la vivencia y de la lucha en un sistema de clases e, incluso, posibilitar la catarsis. También puede apostar por desmontar el lenguaje de la dominación y su discurso, construir y reconstruir vínculos y comunidad, nombrar la esperanza, enunciar el cambio y plasmar otro tipo de relaciones y de configuraciones sociales, fortalecer la empatía o recuperar y guardar la memoria disidente.

En definitiva, la poesía puede acompañar y construir antagonismo, colaborar en el trabajo revolucionario, extender la subversión y ayudarnos a comprender la realidad para lograr cambiarla.

Has declarado que «toda opción estética, todo mecanismo retórico, conlleva unas consecuencias políticas». ¿Por qué?

La comunicación tiene una dimensión política inherente en tanto que establece una relación entre dos personas (o una persona y un conjunto de ellas). Y la estética y la retórica son herramientas comunicativas. Hay que tener en cuenta qué tipo de relación con el receptor infiere cada opción estética, sobre todo cuando se está trabajando en una dirección política específica: de superioridad, de condescendencia, de respeto, a qué nivel cultural se dirige, a quién excluye, qué efectos produce determinada imaginería en determinados sectores, etc. Son riesgos y fortalezas, reitero, que debemos valorar porque, afortunadamente, no existe una fórmula perfecta. Todas nos abren oportunidades y nos restringen ámbitos. Pero debemos asumir sus consecuencias, ser responsables de lo que nuestros poemas revelan e implican y seguir cuestionándonos y cuestionando nuestra práctica poética para poder mejorar.

¿Es fiable y ética la disidencia poética sin militancia y sin lucha en el plano político y social?

No utilizaría esos términos, pero, si aspiramos a una transformación política radical de la realidad, la práctica poética es insuficiente.

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