Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

¡Zas! Publicación de Periodismo Social y Cultural | May 26, 2017

Scroll to top

Top

No Comments

Javier Sáez de Ibarra autor de ‘Fantasía Lumpen’: cuentos sobre los que no cuentan

Javier Sáez de Ibarra autor de ‘Fantasía Lumpen’: cuentos sobre los que no cuentan
Emilia Lanzas

«Yo creo que la alternativa es: una literatura de la indagación o una literatura de la conformidad»

Javier Sáez de Ibarra es profesor de Secundaria de Lengua y Literatura y de Escritura Creativa en la Escuela de Escritores de Madrid. Ha publicado el poemario Motivos y los libros de cuentos El lector de Spinoza, Propuesta imposible, Mirar al agua. Cuentos plásticos (I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero) y Bulevar (XI Premio Setenil al mejor libro de relatos del año). Fantasía Lumpen es su último libro de relatos, publicado en la editorial Páginas de Espuma.

En los cuentos de tu libro Fantasía Lumpen conviven el realismo social y el fantástico. Ofreces una dimensión reivindicativa con la que consigues verosimilitud interna a lo increíble. Pero también creo ver en ellos algo del teatro épico de Bertolt Brecht, en el sentido de que se intensifica el uso de la ilusión para que el lector pueda tomar una distancia suficiente que le permita realizar su propio juicio crítico. ¿Es así?

Me gusta mucho esa idea de “realismo fantástico” porque, efectivamente, no son términos contradictorios como pudiera parecer. “Fantástico” se opone a “convencional”. La fantasía que adopto en esta obra sigue la vía de la intensificación, en efecto —que yo considero uno de los rasgos característicos de mi trabajo—; con ello me gustaría considerarme en la tradición del esperpento de Valle-Inclán o el teatro épico de Brecht, que son realistas en cuanto que tratan de captar el hecho de la realidad, aunque no inmediatamente visible. Debord dice que vivimos en una sociedad del espectáculo que tomamos como real. El capitalismo es el orden mental, además de físico, en que nos encontramos como en una burbuja irrompible; por eso, una manera de ver su miseria es representarlo de manera anómala frente a las convenciones. A todo el mundo le parece normal que el dueño de una empresa abuse de sus trabajadores y hasta lo ven como un benefactor; para mí es un caníbal, así trato de mostrar su brutalidad. Una vez planteado esto, el lector se ve obligado a mirar de nuevo lo que hay a su alrededor y descubrir esa espectacular burbuja. No es fácil y, sin embargo, muchos lectores reconocen los personajes en su propio entorno.

El resurgimiento del realismo social ha coincidido históricamente con momentos críticos como postguerras, crisis económicas o, como en el caso del realismo socialista, para alejarse de la literatura burguesa y aristocrática y centrarse en el proletariado como materia digna de estudio. ¿Cuál ha sido el propósito de tu libro?

La literatura siempre habla de la sociedad, pero por lo general para confirmar, por omisión, la bondad de lo que se nos da; solo lo hace críticamente cuando toma distancia de “lo que hay” porque es capaz de introducir la cuchilla de “lo que podría/debería haber”, aunque no tanto como posibilidad o utopía definidas sino como negación o rechazo: el orden social “no debe-no puede ser así”. Yo he querido poner ante los ojos la vida de los que no cuentan socialmente: los trabajadores y desempleados (dos caras de la misma moneda o dos formas de la misma identidad continuamente intercambiadas). Pretendo hacer ver que no contamos: ni nuestra supervivencia digna está garantizada, ni nuestros derechos son condiciones, ni nuestra palabra es articulada, ni nuestra razón puede exponerse, ni nuestro proyecto vital libre ser desarrollado (¡y eso que estamos en el primer mundo!); en síntesis: hemos sido despojados de nuestra calidad de personas con capacidad de decidir libremente sus vidas.

En las reflexiones metaliterarias de tus cuentos hablas de escritores como Bohumil Hrabal y Knut Hamsun para señalar que la raíz de ese tipo de literatura está en «Embrutecerse desde la mañana, destilar a la noche la miel de ese barro… ». ¿Escribir es una suerte de indagación?

Yo creo que la alternativa es: una literatura de la indagación o una literatura de la conformidad. Una literatura que busca la verdad o una literatura que se atiene a la convención-el gusto establecido. Para la indagación y la verdad hay que poner a prueba la conformación de las convenciones hasta que se rompan. Pero esa indagación no puede partir sino de la experiencia propia de la vida –ese barro y su miel– o lo hará desde el “sentir común” que ya nos hace caer en la trampa desde el principio. Parece fácil y, sin embargo, no lo es porque la relación con la realidad, incluida la de uno mismo, está siempre mediada por las ideas y hábitos recibidos, lo que también afecta a las formas de la expresión literaria. Quizás también por eso, la creación literaria es apasionante.

Las subversiones lingüísticas y estructurales que utilizas en la elaboración de los cuentos, ¿complementan la crítica política de las historias?

Ojalá tuvieran la categoría de verdaderas “subversiones”. Yo diría más bien “diferencias” con respecto a las fórmulas más habituales en el cuento. Pero estas apuestas formales no son exhibiciones del experimentalismo; están al servicio de esa indagación, consisten en ello como vehículos del análisis. Son la forma que necesitaba la expresión y, al mismo tiempo, otra manera de quebrar algunas expectativas traídas por la inercia en el consumo de la literatura; de manera que se logre forzar la atención del lector a cambio de que este pueda descubrir mejor o con más alcance lo que se plantea.

El escritor Javier Sáez de Ibarra, autor de 'Fantasía Lumpen'. Fotografía de Lisbeth Salas.

El escritor Javier Sáez de Ibarra, autor de ‘Fantasía Lumpen’. Fotografía de Lisbeth Salas.

¿La poesía, el humor y la ironía son también formas de observar atentamente la vida?

Para mí, son tres palabras fundamentales: la poesía apela a una dimensión profunda y misteriosa de una verdad que se nos revela; el humor es la oportunidad de reconciliarnos con nuestra frágil condición de seres humanos y la ironía, que puede resultar prepotente o cínica, también es una forma de desautorizar poderes mostrando sus flancos sospechosos. Las tres son herramientas de trabajo y, a la vez, oportunidades de superar el orden en que vivimos. Lo bueno, además, es que cualquier lector conecta de forma inmediata con la pequeña revolución que provoca cada una de ellas en cuanto aparecen.

Submit a Comment