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¡Zas! Publicación de Periodismo Social y Cultural | May 26, 2017

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Jornadas para una crítica de las psicologías y psiquiatrías hegemónicas

Jornadas para una crítica de las psicologías y psiquiatrías hegemónicas
Redacción Zas Madrid

Las Jornadas para una crítica de las psicologías y psiquiatrías hegemónicas tendrán lugar en la librería Enclave, el jueves 30 de marzo, y en el Ateneo Cooperativo Nosaltres, el viernes 31 de marzo y el sábado 1 de abril

El jueves 30 de marzo, en la librería Enclave, a las 18:30 horas será la presentación del libro El manicomio químico de Piero Cipriano, a cargo de Fernando Colina.

El viernes 31 de marzo, en el Ateneo Cooperativo Nosaltres, a las 19 horas, habrá una introducción sobre el sentido de las jornadas a cargo de Giuliana Zeppegno, seguida de la presentación del libro Contrapsicología por su editor Roberto Rodríguez, y de los artículos: “Sistema jurídico penal y ciencias psi” de Mario Domínguez; “El control social en la historia de la psicología: algunos capítulos para olvidar (1900-1940)” por Óscar Daza; y “La psicología en el proyecto cultural neoliberal: literatura de autoayuda y gestión de subjetividades” a cargo de Roberto Rodríguez.

El último día de las Jornadas, sábado 1 de abril, en el Ateneo Cooperativo Nosaltres habrá diversos actos que comenzarán a las 12.00 horas con la ponencia “Imágenes y palabras de la otra parte: una aproximación afirmativa del «arte» de los locxs”, a cargo de Eugenio Castro; y a las 16,30 horas la Mesa redonda “Prácticas colectivas de resistencia: apoyo mutuo radical y activismo en salud mental”, por los colectivos Locomún, Flipas y Radio Nikosia.
Posteriormente, se proyectará la película El revés del tapiz de la locura de Adriana Leira, seguido de un debate y debate.

Para una crítica de las psicologías y psiquiatrías hegemónicas
Vivimos en un mundo cada vez más psicologizado: cada vez más filtrado por los discursos, los conceptos y los valores de una psicología y una psiquiatría que, en sus versiones hegemónicas, ya no son separables de los intereses y la miseria humana del capitalismo. Palabras y nociones clásicas como “depresión”, “esquizofrenia”, y otras muchas de cuño más reciente como “estrés”, “resiliencia”, “autoestima”, “inteligencia emocional”, “hiperactividad”, etc., desde hace algunos años forman parte del lenguaje común y del imaginario de una gran cantidad de personas y se convocan para explicar conductas y fenómenos que en otras coyunturas habrían generado lecturas sociales o políticas, o simplemente rabia, indignación, incluso rebeldía. Cada paso de la existencia, desde el embarazo hasta la educación de lxs hijxs, desde el enamoramiento, el desamor, el abandono, los conflictos laborales, el despido, hasta el duelo por la pérdida de un ser querido…, está siendo invadido y conquistado por lxs denominadxs “expertxs” de las disciplinas “psi”. Este auge espectacular de la psicología y psiquiatría —de esta psicología y esta psiquiatría— no supone una emancipación del sujeto sino, por el contrario, su reducción a un individuo atomizado, solo, dependiente de un saber que no le es propio, el cual acaba interiorizando las prescripciones implícitas en el sistema e identificándose con ellas. En este sentido, los dispositivos “psi” hegemónicos acaban funcionando como herramientas de control, normalización, pacificación social.
Si has perdido el trabajo, es culpa tuya, no has sido lo suficientemente competitivo, innovador, creativo; no has sabido reinventarte. Si no disfrutas como todxs lxs demás, en un momento en el que el mandato en el llamado primer mundo parece ser el de gozar, gozar, gozar, algo falla en ti, cúrate. Si el futuro te angustia, algo no va bien en tu visión del mundo, tienes que ser algo más positivo. Si te enfermas de gravedad y no “luchas”, con optimismo y energía, como sería de esperar, es que te has dejado vencer de entrada. Y un largo etcétera. Cuando ya hablamos de la locura, o del sufrimiento psíquico grave, no hay ni sujeto ni tan siquiera individuo: en la gran mayoría de los casos la persona se ve acallada, cosificada, clavada a una etiqueta (estigmatizante) por la asignación de un diagnóstico y convertida en un cuerpo receptor de medicación y de terapias. La psiquiatría biológica se sostiene hace décadas a partir de una estrepitosa mentira que ha conquistado el estatuto de verdad a fuerza de ser repetida (y financiada) por psiquiatras y empresas farmacéuticas: la enfermedad psíquica es un mal del cuerpo, no del alma: su causa estriba en el desequilibrio químico, en el “cerebro roto”. Para curarla es preciso tomar psicofármacos, incluso de por vida, exactamente como para curar la diabetes hay que tomar insulina. Que no se haya demostrado nunca que las cosas están así, y sí en cambio se haya demostrado que el uso continuado de neurolépticos (que no antipsicóticos), antidepresivos y benzodiacepinas, exactamente como el de otras drogas (ilegales), es iatrogénico, es decir, es una medicación que causa enfermedad, generando un trastorno ahí donde a lo mejor sólo había un momento transitorio de malestar, o cronificando un trastorno preexistente, todo esto no importa. Que cualquier “enfermx mental”, o persona que tenga una mínima familiaridad con esto entienda, sin necesidad de leer un libro de psicoanálisis, que el dolor psíquico y la locura tienen sus raíces y su posible curación en la biografía del sujeto, en el trauma, la soledad, la pobreza, la injusticia social, el abandono, la violencia… Todo esto no tiene ninguna importancia. Millones de personas en el mundo están tomando su medicación porque les han dicho que reparará su cerebro averiado, porque así se lo han mandado lxs expertxs.
Junto a la medicalización más o menos forzosa, se instauran las prácticas de “tutelarización” como parte de los dispositivos de normalización: al “enfermx” le cuidan otrxs, su salud está entregada a un saber ajeno y a la tutela por parte de instituciones y “expertxs”. La transformación del tratamiento moral coercitivo en la relación terapéutica, cada vez más sutil, por ejemplo a través de una psicoterapia prolongada donde se persigue incansablemente al sujeto para sacarlo de la vanidad de su delirio, y en suma, el reacondicionamiento del espacio vital en un espacio de continua vigilancia según ciertas fórmulas del sector, técnicas de examen y de la evaluación permanente.
Entre estas personas no hay sólo sufrientes psíquicxs con delirios, que escuchan voces o tienen alucinaciones. Entre ellas hay personas que hasta hace no mucho, antes de la publicación de los últimos DSMs (manuales diagnósticos y estadísticos de los trastornos mentales editados por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría), hubiéramos definido “niñxs traviesxs”, “personas tímidas”, “rebeldes”, “afligidas por un duelo” etc., mientras que ahora a estas personas se les considera, sobre la base de una contabilidad de síntomas de una pobreza y simpleza escalofriante,”niñxs con déficit de atención e hiperactividad”, personas con “fobia social”, sujetos “antisociales”, o que padecen un “trastorno por duelo prolongado”. Enfermedades inexistentes, inventadas, cuya única utilidad es la de justificar los psicofármacos correspondientes y garantizarles una salida al mercado. En otras palabras, según el DSM-5, la actual Biblia de la psiquiatría mundial, locxs estamos prácticamente todxs, con lo que se logra reinscribir la locura en el orden social como nuevo régimen contractual.
De este paso, la vida misma no tardará en convertirse en un trastorno mental, con su correspondiente sintomatología y medicación. Ante este panorama desolador, creemos que la crítica es, de por sí, un pequeño acto de resistencia. No sólo, sino que nos negamos a pensar que “no hay un afuera” de esta miserabilización de la mente humana, de la afectividad, de los deseos, en definitiva de lo que hace de la vida, vida. Desde las ciencias “psi” se levantan algunas voces disidentes. Cada vez más personas psiquiatrizadas se están organizando de forma colectiva para resistir ante la pervivencia de los manicomios (tantos los físicos, donde se sigue atando a las personas y practicando electroshocks y “psicocirugía”, como los “químicos”, más rentables e higiénicos), desde el apoyo mutuo, la reivindicación de la propia subjetividad, la creatividad, por ende el afecto y la lucha. Y es que este “afuera” de la psicología y la psiquiatría hegemónicas, este “afuera” del capitalismo, que ahora está en las grietas, no lo habrá hasta que no se lo haya construido.

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